Pocas veces un régimen ha caído de forma tan insólita: no por una guerra ni por un golpe, sino por unas elecciones municipales. En abril de 1931, los españoles votaban concejales y, cuarenta y ocho horas después, el rey estaba camino del exilio y la Segunda República se proclamaba entre multitudes que cantaban en las plazas. Este es el año en que España cambió de régimen en paz — y sembró, también, buena parte de los conflictos de la década siguiente.

El punto de partida: una monarquía desgastada
Alfonso XIII llegó a 1931 quemado por su respaldo a la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), cuyo fracaso arrastró a la propia corona. Los gobiernos-puente de Berenguer y Aznar no lograron restaurar la normalidad constitucional, y la oposición entera —republicanos, socialistas, catalanistas— se había conjurado en el Pacto de San Sebastián (agosto de 1930) para traer la República. La sublevación militar republicana de Jaca (diciembre de 1930) fracasó y sus capitanes, Galán y García Hernández, fueron fusilados: la República ya tenía mártires antes de nacer.
12 de abril: unas municipales que eran un plebiscito
El gobierno convocó elecciones municipales como primer paso “controlado” de vuelta a la normalidad. Se convirtieron en un plebiscito sobre la monarquía. Aunque en el cómputo total de concejales el peso rural favoreció a los monárquicos, las candidaturas republicano-socialistas arrasaron en 41 de las 50 capitales de provincia — donde el voto era libre del control caciquil. El mensaje fue inapelable: las ciudades habían despedido al rey. Hasta el general Sanjurjo, jefe de la Guardia Civil, hizo saber que no respondería de mantener el orden a favor de la corona.
14 de abril: la proclamación
El día 14, la República se proclamó en cascada: primero en Éibar, de madrugada; por la tarde en Barcelona y, al anochecer, en la Puerta del Sol de Madrid, donde el comité revolucionario se convirtió en Gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora. Alfonso XIII, aceptando que “no tenía el amor de su pueblo”, suspendió el ejercicio del poder real y salió esa noche hacia Cartagena y el exilio — sin abdicar formalmente. Ni un tiro: el cambio de régimen más pacífico de la historia contemporánea española.
Mayo: la primera grieta
La luna de miel duró un mes. El 10 y 11 de mayo, tras un incidente monárquico en Madrid, la quema de conventos se extendió por Madrid, Andalucía y Levante ante la pasividad inicial del gobierno (“todos los conventos de España no valen la vida de un republicano”, habría dicho Azaña). Un centenar de edificios religiosos ardieron. Para la España católica fue una señal de alarma que nunca olvidó; para la República, el primer aviso de que la cuestión religiosa sería su herida más profunda.
Junio-diciembre: las Cortes Constituyentes y la Constitución
En junio, las elecciones a Cortes Constituyentes —las más limpias hasta entonces— dieron una mayoría aplastante a la coalición republicano-socialista. De aquellas Cortes salió en diciembre la Constitución de 1931: sufragio universal, autonomías regionales, laicidad del Estado, matrimonio civil y divorcio, y una declaración de derechos avanzadísima para su época. El 1 de octubre, además, las Cortes aprobaron el voto femenino tras el memorable duelo parlamentario en que Clara Campoamor defendió el sufragio de las mujeres incluso contra su propio partido. En diciembre, Alcalá-Zamora fue elegido presidente de la República y Manuel Azaña quedó al frente del gobierno.
El precio quedó también escrito: los artículos religiosos de la Constitución (disolución de los jesuitas, fin del presupuesto de culto, límites a la enseñanza religiosa) rompieron el consenso fundacional, provocaron la dimisión del propio Alcalá-Zamora en octubre y regalaron a la derecha católica su bandera de movilización.
El balance de 1931
1931 demostró que España podía cambiar de régimen sin sangre — y a la vez definió las trincheras de la década: la cuestión religiosa, la reforma agraria pendiente, las autonomías, un ejército receloso. La República nació con una legitimidad enorme y una agenda imposible de satisfacer a todos. Cinco años después, aquellas grietas se convertirían en el abismo que contamos en ¿Qué pasó en 1936?.
- La República se proclamó primero en Éibar (Guipúzcoa), de madrugada, horas antes que en Madrid.
- Alfonso XIII se marchó al exilio sin abdicar formalmente: solo "suspendió" el ejercicio del poder real.
- Unas elecciones municipales tumbaron una monarquía: los republicanos ganaron en 41 de las 50 capitales.
- El general Sanjurjo, jefe de la Guardia Civil, avisó de que no defendería a la corona: fue la puntilla.
- El voto femenino se aprobó el 1 de octubre de 1931 gracias a Clara Campoamor... contra la opinión de buena parte de su propio bando.
- Las mujeres pudieron ser elegidas diputadas antes de poder votar: en las Constituyentes de 1931 hubo tres.
- La Constitución de 1931 introdujo el divorcio por primera vez en la historia de España.
- La quema de conventos de mayo destruyó un centenar de edificios religiosos y marcó la primera gran crisis del nuevo régimen.
Preguntas frecuentes
Tras la victoria republicana en las ciudades en las municipales del día 12, se proclamó la Segunda República — primero en Éibar, luego en Barcelona y Madrid — y el rey Alfonso XIII salió esa misma noche hacia el exilio, sin abdicar.
Por el desgaste acumulado del apoyo de Alfonso XIII a la dictadura de Primo de Rivera y por el resultado de las municipales del 12 de abril, que los republicanos ganaron en 41 de las 50 capitales de provincia: un plebiscito de facto que la corona ya no podía ignorar.
El derecho se aprobó el 1 de octubre de 1931, con Clara Campoamor como gran defensora, y se ejerció por primera vez en las elecciones generales de 1933.
Una república democrática laica con sufragio universal, autonomías regionales, matrimonio civil y divorcio, y una amplia declaración de derechos. Sus artículos religiosos rompieron el consenso y movilizaron a la derecha católica.
Sí, excepcionalmente: la monarquía cayó y la República se proclamó sin derramamiento de sangre. Las primeras crisis violentas (la quema de conventos) llegaron semanas después.
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Fuentes
- Julián Casanova, República y Guerra Civil, Historia de España vol. 8 (Crítica/Marcial Pons).
- Gabriel Jackson, La República española y la guerra civil (Crítica).
- Constitución de la República Española de 9 de diciembre de 1931 (fuente primaria).