El Frente Popular fue la coalición electoral antifascista que ganó las elecciones del 16 de febrero de 1936 y devolvió a la izquierda republicana el gobierno de España tras dos años del llamado “bienio negro” (1934-1936) dominado por la derecha católica de la CEDA. Inspirado en el Front Populaire francés de Léon Blum, reunía a republicanos de izquierda, socialistas, comunistas y al pequeño POUM antiestalinista, con respaldo táctico de los anarquistas de la CNT. Su victoria electoral fue clara —263 escaños frente a 156 de la derecha— pero su gobierno duró sólo cinco meses: el 18 de julio de 1936, un sector del Ejército encabezado por los generales Mola, Franco y Sanjurjo se sublevó, iniciando la Guerra Civil española. Estos son los cinco meses más cruciales de la historia española del siglo XX.

El “bienio negro” y la necesidad de la coalición (1934-1935)
Para entender el Frente Popular hay que retroceder a las elecciones de noviembre de 1933, en las que la derecha católica de José María Gil-Robles —la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas)— obtuvo la mayoría parlamentaria. Durante dos años, conocidos como el “bienio negro” o “bienio rectificador”, los gobiernos del Partido Radical de Lerroux —con creciente influencia cedista— deshicieron buena parte de las reformas del primer bienio republicano: paralizaron la reforma agraria, restablecieron privilegios a la Iglesia y la nobleza, desarmaron las leyes laborales del primer gobierno de Azaña.
La entrada de tres ministros de la CEDA en el gobierno en octubre de 1934 desencadenó la Revolución de Octubre: una insurrección obrera generalizada (huelga general y proclamación efímera de la república socialista), especialmente intensa en Asturias —donde mineros armados controlaron varias ciudades durante dos semanas— y en Cataluña —donde el presidente Lluís Companys proclamó el “Estado Catalán dentro de la República Federal Española”—. La represión fue brutal: unas 1.500 muertes en Asturias, 30.000 detenidos en toda España, suspensión del Estatuto catalán, encarcelamiento de Companys y Azaña, persecución sistemática de líderes socialistas y comunistas.
Tras Octubre del 34, la izquierda española sacó tres conclusiones: que la división había facilitado la victoria derechista de 1933; que la unidad táctica era imprescindible; y que el modelo francés del Front Populaire —donde Léon Blum había logrado reunir a radicales, socialistas y comunistas— era el camino para volver al poder. Durante 1935, las negociaciones avanzaron lentamente. Azaña recorrió España con discursos masivos —el de Comillas en Madrid, en octubre de 1935, reunió a 400.000 personas—. La Internacional Comunista, que en su VII Congreso (julio-agosto 1935) había aprobado la nueva estrategia de “frente popular antifascista”, presionó al PCE español para integrarse en la coalición.
15 de enero de 1936: el pacto del Frente Popular
El acuerdo se firmó el 15 de enero de 1936. El programa electoral conjunto, redactado por Azaña y consensuado con los demás socios, era moderadamente reformista: amnistía inmediata para los presos políticos de Octubre del 34, restablecimiento del Estatuto catalán y revisión del gallego, reanudación de la reforma agraria con mayor radicalidad, restauración del estatuto de funcionarios despedidos, reforma educativa y restablecimiento de los derechos sindicales. Era el programa republicano-burgués del primer bienio, con algunos refuerzos en materia laboral. Los socialistas y comunistas firmaban sin incluir demandas estrictamente socialistas, en un compromiso típico de las estrategias “frente popular” de la época.
Los firmantes principales: Izquierda Republicana (Azaña), Unión Republicana (Diego Martínez Barrio), el PSOE (Indalecio Prieto, en representación del sector moderado; Largo Caballero del ala obrerista no firmaba personalmente pero aceptaba la coalición), el PCE (José Díaz), la UGT, el POUM (recién fundado por Maurín y Andreu Nin), las Juventudes Socialistas Unificadas, Esquerra Republicana de Catalunya, Acció Catalana, el Partido Galleguista, el Partido Sindicalista de Pestaña. La CNT anarquista —la otra gran central sindical, con varios millones de afiliados— no firmó pero pidió a sus militantes votar por los candidatos del Frente Popular en los distritos donde se presentaran.
La campaña electoral (enero-febrero 1936)
La campaña fue intensa, polarizada y, en algunos sitios, violenta. Las cifras de muertos durante la campaña (al menos 37 según los datos parlamentarios posteriores) reflejan la tensión política. El Frente Popular apeló a la unidad antifascista, a la amnistía para los presos del 34 y a la restauración de las libertades. El bloque derechista, encabezado por la CEDA de Gil-Robles, denunció el “peligro revolucionario” y movilizó masivamente a las clases medias urbanas y al campesinado católico. Su slogan más famoso —“Contra la revolución y sus cómplices”— resumía el planteamiento de la campaña como una elección existencial entre dos modelos de España.
En la jornada electoral del 16 de febrero, votaron unos 9,8 millones de ciudadanos (sobre un censo de 13,5 millones; participación del 72,3%). Los resultados, una vez computados los escaños, fueron:
- Frente Popular: 263 escaños (4.654.116 votos)
- Bloque de la derecha (CEDA + Agrarios + Renovación Española + Bloque Nacional): 156 escaños (4.503.524 votos)
- Centro (Partido Radical, Lliga Catalana, PNV): 47 escaños
La diferencia en votos populares era pequeña (poco más de 150.000), pero el sistema electoral mayoritario por circunscripciones provinciales amplificó la victoria parlamentaria. El Frente Popular tenía mayoría absoluta en el Congreso. Manuel Azaña asumió la jefatura del gobierno el 19 de febrero.
Los primeros meses de gobierno (febrero-mayo 1936)
Las primeras medidas del nuevo gobierno fueron espectaculares. El 21 de febrero, decreto de amnistía política: 30.000 presos de Octubre del 34 quedaron en libertad. Companys volvió de la cárcel y reasumió la presidencia de la Generalitat. Azaña reanudó la reforma agraria con instrucciones de acelerar las expropiaciones. Los funcionarios despedidos por motivos políticos durante el bienio negro fueron restablecidos en sus cargos. La Constitución republicana volvió a aplicarse plenamente.
En mayo, las Cortes destituyeron al presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora (acusado de irregularidad en la disolución de Cortes del año anterior). Azaña asumió la Presidencia de la República y el moderado Santiago Casares Quiroga, también de Izquierda Republicana, ocupó la jefatura del gobierno. La trayectoria política del nuevo gabinete era estrictamente republicano-burguesa: ningún socialista ni comunista entró en el gabinete, en línea con la estrategia “frente popular” de Stalin (los comunistas apoyaban gobiernos democrático-burgueses sin participar en ellos para no asustar a las clases medias).
La primavera caliente: huelgas, atentados, conspiración (mayo-julio 1936)
La primavera de 1936 fue, por todos los relatos contemporáneos, “caliente”. El sector más radical del PSOE encabezado por Largo Caballero —apodado el “Lenin español” por las masas socialistas— defendía abiertamente que el Frente Popular era una etapa transitoria hacia la revolución social. La CNT anarquista intensificó su agitación. El PCE, paradójicamente, defendía la moderación para no asustar a la pequeña burguesía. La conflictividad laboral se disparó: 113 huelgas generales entre febrero y julio, ocupaciones de fincas en Extremadura y Andalucía por jornaleros impacientes con la lentitud de la reforma agraria, quemas de iglesias en pueblos del sur, choques violentos entre milicias de Falange y de la Juventud Socialista Unificada.
Las cifras de violencia política, según la Comisión Parlamentaria designada después: 218 muertes en atentados políticos, 251 iglesias quemadas o atacadas, 269 enfrentamientos armados con víctimas mortales. Las dos partes amplificaron la violencia recíprocamente. La derecha denunciaba el “caos rojo” y exigía el cierre del PCE y la disolución de las milicias obreras. La izquierda denunciaba la conspiración militar y exigía la disolución de Falange y la depuración del Ejército.
Mientras tanto, el general Emilio Mola —jefe militar de Pamplona— coordinaba secretamente desde abril una conspiración militar generalizada que debía culminar en un levantamiento simultáneo en todas las guarniciones de España. Franco vacilaba pero finalmente se sumó. Sanjurjo (en el exilio en Portugal) era el jefe nominal. Goded, Queipo de Llano, Cabanellas eran piezas clave. El gobierno conocía la conspiración por sus servicios de información, pero subestimaba el alcance: Casares Quiroga creía que Mola estaba “loco” y que cualquier intento militar sería sofocado en 48 horas.
El asesinato de Calvo Sotelo (13 julio 1936)
El detonante final llegó el 13 de julio de 1936. La noche anterior, el teniente de la Guardia de Asalto José Castillo —líder socialista activo, instructor de las milicias del PSOE— había sido asesinado en Madrid por pistoleros falangistas en represalia por la muerte de varios falangistas semanas antes. La respuesta llegó horas después: un grupo de compañeros de Castillo, encabezado por el capitán Fernando Condés, secuestró en la madrugada del 13 de julio al diputado conservador y líder monárquico José Calvo Sotelo, lo llevó a un camión y lo asesinó de dos tiros en la nuca antes de abandonar el cuerpo en el cementerio del Este.
Calvo Sotelo era el principal líder de la derecha tradicional española, ex ministro de Hacienda con Primo de Rivera y figura central del Bloque Nacional. Que un diputado en activo fuera secuestrado y asesinado por agentes del Estado (los miembros de la Guardia de Asalto eran funcionarios públicos uniformados) fue interpretado por la derecha como prueba definitiva de que el Estado republicano había perdido el monopolio de la violencia legítima. Mola precipitó los preparativos del levantamiento. El día 17 de julio se sublevaron las guarniciones del Protectorado de Marruecos. El día 18 se generalizó la sublevación en la Península. El Frente Popular tenía cinco meses de gobierno. La Guerra Civil había empezado.
El Frente Popular en la guerra (1936-1939)
Durante la Guerra Civil, el Frente Popular continuó formalmente como base política del gobierno republicano. Los gobiernos sucesivos —José Giral (julio-septiembre 1936), Francisco Largo Caballero (septiembre 1936-mayo 1937), Juan Negrín (mayo 1937-marzo 1939)— se denominaron oficialmente “Gobiernos del Frente Popular”. Mantuvieron la composición plural de la coalición original, aunque con un peso creciente del PCE conforme avanzaba la guerra y la ayuda soviética se hacía indispensable.
Internamente, sin embargo, la coalición se desgarró por las tensiones entre las distintas facciones de la izquierda. La represión interna del PCE contra el POUM (marzo-junio 1937) —especialmente el asesinato de Andreu Nin en las cárceles secretas comunistas— rompió la unidad teórica del Frente Popular. La tensión entre Negrín (PSOE, alineado con el PCE) y Largo Caballero (PSOE obrerista) deshizo el equilibrio interno socialista. Las grandes derrotas militares del bando republicano (Brunete 1937, Teruel 1937-1938, batalla del Ebro 1938) socavaron la moral. El final llegó el 1 de abril de 1939 con la victoria definitiva del bando nacional encabezado por Franco. El Frente Popular —como gobierno y como coalición política— dejó de existir.
El legado historiográfico
El Frente Popular es uno de los temas más debatidos de la historiografía española contemporánea. Para la historiografía franquista, fue una “trampa comunista” diseñada por Moscú para soviezitar España: la coalición era teóricamente burguesa pero efectivamente dominada por agentes del Komintern, y su programa moderado disimulaba un plan revolucionario. Para la historiografía republicana de exilio (Madariaga, Pérez Galdós, Carr británico), fue una opción democrática legítima obstaculizada por la conspiración militar y por la violencia política recíproca de los meses anteriores a julio del 36. La historiografía actual —Stanley Payne, Julián Casanova, Santos Juliá, Paul Preston— suele encontrar un punto intermedio: el Frente Popular fue una coalición democrática legítima, pero la conflictividad social del primer semestre de 1936 erosionó gravemente su capacidad de mantener el orden público, y los conspiradores militares aprovecharon esa conflictividad como justificación legitimadora del golpe.
Lo que es indudable es que el Frente Popular ganó las elecciones del 16 de febrero de 1936 limpiamente, formó un gobierno constitucional, no había declarado ningún estado de excepción ni había desbordado los marcos jurídicos cuando fue derrocado por el levantamiento militar de julio. Y que ese levantamiento militar inició una guerra civil que costó la vida a unas 500.000 personas y privó a España de su segunda experiencia democrática hasta cuatro décadas después. La Constitución de 1978 —la siguiente Constitución democrática de España— vendría 42 años después de la Constitución republicana de 1931 que el Frente Popular había defendido en su última manifestación electoral.
Preguntas frecuentes
El Frente Popular fue la coalición electoral antifascista formada en enero de 1936 en España, integrada por los partidos de izquierda republicana (Izquierda Republicana de Azaña, Unión Republicana de Martínez Barrio), el PSOE, el PCE, el POUM, las grandes centrales sindicales (UGT) y los partidos catalanes y gallegos de izquierda. Su objetivo era frenar el ascenso de la derecha (CEDA) en las elecciones de febrero de 1936 y recuperar las políticas reformistas del primer bienio de la Segunda República.
Los principales componentes fueron: Izquierda Republicana (Manuel Azaña), Unión Republicana (Diego Martínez Barrio), PSOE (con Indalecio Prieto y la facción negrinista; Largo Caballero representaba el ala obrerista), PCE (José Díaz, La Pasionaria), UGT, POUM (Joaquín Maurín y Andreu Nin), Juventudes Socialistas Unificadas, Esquerra Republicana de Catalunya (Lluís Companys) y varios partidos menores. La CNT anarquista no se integró formalmente pero respaldó la coalición tácitamente.
Ganó el Frente Popular con 263 escaños del Congreso (mayoría absoluta) frente a los 156 escaños del bloque de la derecha (CEDA, Partido Agrario, Renovación Española, Bloque Nacional) y 47 escaños del centro (Partido Radical, Lliga Catalana). En votos populares la diferencia fue estrecha (4.654.116 frente a 4.503.524), pero el sistema electoral mayoritario amplificó la mayoría parlamentaria de la coalición ganadora.
No fracasó como coalición electoral —ganó claramente las elecciones y formó gobierno—, pero su periodo gubernamental se vio truncado por el levantamiento militar del 17-18 de julio de 1936, que daría lugar a la Guerra Civil. La intensa conflictividad social de la primavera de 1936 (huelgas, asesinatos políticos, quema de iglesias, ocupación de tierras) sirvió como justificación para los conspiradores militares. El asesinato del diputado José Calvo Sotelo el 13 de julio precipitó la sublevación. Durante la guerra, los gobiernos del Frente Popular continuaron en el bando republicano hasta abril de 1939.
El Frente Popular español estuvo inspirado directamente en el Front Populaire francés de Léon Blum, formado meses antes por los radicales, socialistas y comunistas franceses como respuesta al ascenso del fascismo en Europa. Ambos frentes obtuvieron victorias electorales casi simultáneas en 1936 (España en febrero, Francia en mayo). El modelo era una estrategia europea de la Internacional Comunista bajo la dirección de Stalin, que en 1935 había decretado el cambio de táctica del "clase contra clase" al "frente popular antifascista". Italia y Alemania, donde el fascismo ya estaba consolidado, fueron las excepciones.