Francisco José de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 30 de marzo de 1746 – Burdeos, Francia, 16 de abril de 1828) es, junto a Velázquez y Picasso, uno de los tres gigantes de la pintura española y uno de los artistas más revolucionarios de la historia universal. Su trayectoria recorre un arco vital de 82 años que abarca cuatro reinados (Carlos III, Carlos IV, José Bonaparte, Fernando VII), dos guerras, una revolución política y un cambio de época entero: nació en la España del Antiguo Régimen y murió en la del primer liberalismo. Su obra es un registro visual incomparable de ese tránsito, desde los cartones alegres para la Real Fábrica de Tapices hasta las Pinturas Negras de la Quinta del Sordo, pasando por los retratos de la familia real, Los fusilamientos del 3 de mayo, los Caprichos, los Desastres de la guerra y la Maja desnuda. No hubo otro pintor antes de Picasso que cruzara tantas fronteras estéticas en una sola vida.

Fuendetodos, Zaragoza y Roma (1746-1775)
Los primeros años en Aragón
Goya nació el 30 de marzo de 1746 en Fuendetodos, un pequeño pueblo de la estepa zaragozana, hijo de un dorador de retablos, José Goya, y de Gracia Lucientes, de familia hidalga venida a menos. La casa natal, restaurada y visitable, es una modesta vivienda rural de dos plantas que da idea de la humildad de sus orígenes. Con 14 años entró como aprendiz en el taller del pintor zaragozano José Luzán, donde aprendió los rudimentos del dibujo y la pintura barroca tardía.
En 1763 y 1766 se presentó al concurso de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y fue rechazado en ambas ocasiones. Los académicos no vieron en el joven aragonés nada excepcional. Despechado, Goya viajó a Italia por su cuenta en 1769, probablemente con fondos prestados. Pasó dos años en Roma y Parma, donde participó en un concurso de la Academia de Parma y obtuvo una mención. Más importante que el premio fue lo que vio: estudió a Tiepolo, a los venecianos, al Correggio, y absorbió una paleta luminosa y un sentido del color que traería consigo a España.
Los frescos del Pilar y la llamada de Madrid
A su vuelta de Italia, Goya recibió el encargo que lo lanzó: la decoración al fresco del coreto de la Basílica del Pilar de Zaragoza (1771-1772), con una Adoración del Nombre de Dios que demostró su dominio del gran formato. Impresionado, su cuñado el pintor Francisco Bayeu (uno de los artistas oficiales de la corte) lo llamó a Madrid y lo recomendó para trabajar en la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, donde los pintores de la corte diseñaban los cartones (modelos a escala) de los tapices que decorarían los palacios reales.
Los cartones para tapices (1775-1792)
Los cartones para tapices —63 en total, realizados entre 1775 y 1792— son las primeras obras maestras de Goya y las más accesibles al gran público. Son escenas costumbristas de la vida madrileña: verbenas, meriendas, juegos populares, la caza, el paseo, las lavanderas, el columpio. Los más célebres son El quitasol (1777), La vendimia (1786), La pradera de San Isidro (1788), El pelele (1791-92) y La gallina ciega (1789). Los originales se conservan en el Museo del Prado.
En estos cartones, Goya ya muestra una capacidad única para combinar la gracia decorativa con la observación social aguda. Lo que a primera vista parece una escena alegre revela, al mirar con atención, tensiones de clase, miradas ambiguas, gestos de violencia contenida. El pelele, por ejemplo, muestra a cuatro mujeres lanzando a un muñeco de trapo al aire: la escena es festiva, pero el “pelele” es un hombre, y las mujeres ríen mientras lo vapulean. La crítica social está ya presente bajo la superficie decorativa.
Pintor del rey y la enfermedad (1789-1793)
En 1786, Goya fue nombrado pintor del rey Carlos III, y en 1789, con la llegada de Carlos IV, ascendió a pintor de cámara, el cargo más prestigioso de la jerarquía artística española. Pintó los retratos oficiales de la nueva familia real: Carlos IV (que admiraba a Goya personalmente), la reina María Luisa de Parma y el futuro Fernando VII. Su posición era envidiable: era el primer artista del reino, con sueldo fijo, encargos asegurados y acceso directo a la corte.
Pero en el invierno de 1792-1793, durante un viaje a Cádiz, Goya sufrió una enfermedad gravísima que estuvo a punto de matarlo y que lo dejó completamente sordo para el resto de su vida. La naturaleza exacta de la enfermedad ha sido objeto de debate médico durante dos siglos: se han propuesto saturnismo (envenenamiento por plomo de los pigmentos), sífilis, meningitis, síndrome de Ménière o vasculitis. Sea cual fuera la causa, la sordera total cambió a Goya radicalmente: lo aisló del mundo, lo encerró en sí mismo, oscureció su visión de la humanidad y abrió la puerta a la fase más profunda y perturbadora de su arte.
Los Caprichos y la sátira (1797-1799)
Ya sordo y encerrado en su mundo interior, Goya emprendió en 1797 una serie de 80 grabados al aguafuerte y aguatinta titulados Los Caprichos, publicados en febrero de 1799. Son una de las series de grabados más influyentes de la historia del arte: una sátira mordaz, a veces críptica, de la sociedad española del Antiguo Régimen. Brujas, frailes lascivos, nobles grotescos, burros vestidos de catedráticos, ahorcados, lechuzas y monstruos desfilan en un catálogo de la superstición, la hipocresía, la injusticia y la estupidez humanas.
El grabado más célebre de la serie es el nº 43: El sueño de la razón produce monstruos, en el que un hombre dormido sobre su escritorio es rodeado por murciélagos, búhos y gatos enloquecidos. Es una de las imágenes más icónicas del pensamiento ilustrado: la razón, cuando se adormece, abre la puerta a los demonios de la irracionalidad. La Inquisición presionó a Goya para que retirara los grabados de la venta. Goya, prudentemente, ofreció las planchas de cobre al rey como “regalo” y las retiró del mercado. Hoy se conservan en la Calcografía Nacional de Madrid.
Los grandes retratos (1800-1808)
En la primera década del XIX, Goya pintó sus retratos más célebres: La familia de Carlos IV (1800-1801), un lienzo colectivo que muestra a toda la familia real con un realismo tan impiadoso que muchos lo han interpretado como una sátira encubierta (la reina María Luisa aparece dominante y vulgar, el rey torpe, los infantos inexpresivos); La maja vestida y La maja desnuda (c. 1797-1805), dos versiones de la misma mujer tumbada que constituyen el primer desnudo femenino no mitológico de la pintura española (la modelo se ha identificado tradicionalmente con la duquesa de Alba, aunque nunca se ha probado); y el retrato de Godoy, de Wellington, de Jovellanos y de decenas de aristócratas, intelectuales y burgueses de la época.
La Guerra de Independencia: Los fusilamientos y los Desastres
El 2 y el 3 de mayo de 1808
La invasión francesa de 1808 y la Guerra de Independencia (1808-1814) marcaron para siempre a Goya. Aunque inicialmente colaboró con el gobierno de José Bonaparte —como tantos otros “afrancesados”— el horror de la guerra lo transformó en su cronista más despiadado. En 1814, con Fernando VII de vuelta en el trono, Goya propuso a la Regencia pintar «las más notables y heroicas acciones de nuestra gloriosa insurrección». El resultado fueron dos de los cuadros más importantes de la historia del arte universal:
El 2 de mayo de 1808 en Madrid (o La carga de los mamelucos): un remolino de jinetes mamelucos, caballos encabritados y madrileños que apuñalan a los soldados napoleónicos con navajas, en una violencia animal, ciega, sin épica.
El 3 de mayo de 1808 en Madrid (o Los fusilamientos): un grupo de civiles iluminado por un gran farol cuadrado espera el disparo del pelotón francés anónimo. En el centro, un hombre de camisa blanca con los brazos abiertos en gesto cristológico se enfrenta a la muerte. Es, probablemente, la obra antibelicista más poderosa jamás pintada. Elimina toda épica: no hay bandera, no hay héroe individual, solo el horror de la ejecución masiva de inocentes. Influyó directamente en Manet (La ejecución de Maximiliano), en Picasso (Guernica, Masacre en Corea) y en toda la fotografía bélica del siglo XX. Ambos cuadros se conservan en la Sala 64 del Museo del Prado.
Los Desastres de la guerra (1810-1820)
Paralelamente, Goya ejecutó entre 1810 y 1820 una serie de 82 grabados titulados Los Desastres de la guerra, que son, junto a las fotografías de Mathew Brady de la Guerra Civil americana, el primer documento visual antibelicista de la historia. La serie muestra con un realismo brutal y sin ningún filtro heroico las atrocidades cometidas por ambos bandos: fusilamientos, empalamientos, violaciones, saqueos, cadáveres desmembrados, hambre, enfermedad. No hay héroes ni villanos: solo víctimas y verdugos que a menudo son intercambiables. Los títulos de los grabados son más elocuentes que cualquier explicación: «Yo lo vi», «¡Grande hazaña! ¡Con muertos!», «No se puede mirar», «Por qué», «¿Para eso habéis nacido?».
Los Desastres no se publicaron hasta 1863, 35 años después de la muerte de Goya: eran demasiado crudos, demasiado críticos tanto con los franceses como con los españoles, para el régimen absolutista de Fernando VII. Son la primera obra maestra del periodismo gráfico de guerra y el precedente directo de la fotografía bélica moderna.
Las Pinturas Negras (1819-1823)
En 1819, Goya —viejo, sordo, enfermo, desencantado del régimen absolutista de Fernando VII— se retiró a una finca a las afueras de Madrid conocida como la Quinta del Sordo (por un propietario anterior, no por Goya). Allí, entre 1819 y 1823, pintó directamente sobre los muros de las paredes las 14 Pinturas Negras, la serie pictórica más perturbadora, más radical y más moderna de toda la historia del arte anterior al siglo XX.
Las Pinturas Negras no fueron encargadas por nadie, no estaban destinadas a ningún público y no tenían función decorativa ni comercial: eran una expresión puramente personal, pintada en la soledad de su casa para sí mismo, sin intención de ser vistas por otros. Incluyen:
- Saturno devorando a su hijo: un gigante enloquecido, con los ojos desorbitados, devora el cuerpo ensangrentado de su hijo. Es probablemente la imagen más terrorífica de la historia del arte y se ha interpretado como una metáfora del poder que destruye a sus propios creadores (España devorando a sus hijos, el tiempo devorando a la humanidad, el padre que mata a su hijo como eco de Hermenegildo, Edipo, Abraham, la Guerra Civil).
- El aquelarre o El gran cabrón: una masa de brujas y brujos se apiña en torno a un macho cabrío demoníaco, que preside la reunión con una dignidad siniestra. Es una sátira devastadora de la superstición, la religión corrupta y la masa que sigue a un líder ciegamente.
- Dos viejos comiendo sopa: dos figuras esqueléticas, cadavéricas, sorben una sopa oscura con expresiones de horror. Es la vejez como pesadilla.
- Duelo a garrotazos: dos hombres enterrados hasta las rodillas en el fango se golpean mutuamente con garrotes, incapaces de moverse, condenados a destruirse. Es la imagen más célebre de la España dividida.
- Perro semihundido: un perro asoma la cabeza desde un fondo de ocre abstracto, mirando hacia arriba con una expresión de angustia existencial. Es la pintura más minimalista y más moderna de toda la serie, y muchos la consideran la primera obra abstracta de la historia.
Las Pinturas Negras fueron arrancadas de las paredes de la Quinta del Sordo en 1873-1874 por el banquero belga Émile d’Erlanger, que las transfirió a lienzo y las donó al Museo del Prado en 1881. El proceso de arrancado causó deterioro en algunas de ellas, pero siguen siendo las pinturas más visitadas y más impactantes del Prado, expuestas en una sala exclusiva dedicada a ellas.
El exilio y la muerte en Burdeos (1824-1828)
En 1824, tras la restauración del absolutismo más brutal por Fernando VII (la “Década Ominosa”), Goya pidió permiso para viajar a Francia alegando motivos de salud. Estableció su residencia en Burdeos, donde vivió los últimos cuatro años de su vida en compañía de la joven Leocadia Weiss y de su hija Rosarito. En Burdeos siguió trabajando: pintó retratos, realizó la serie de litografías Los toros de Burdeos (escenas taurinas de una vitalidad asombrosa para un anciano de 79 años) y, sobre todo, su último gran cuadro: La lechera de Burdeos (c. 1825-1827), un retrato femenino de una luminosidad delicada y un tratamiento del color que anticipa directamente el Impresionismo de Monet y Renoir, que no llegaría hasta medio siglo después.
Goya murió en Burdeos el 16 de abril de 1828, a los 82 años. Fue enterrado en el cementerio de la Chartreuse de Burdeos junto a su amigo y consuegro Martín Miguel de Goicoechea. Sus restos fueron exhumados y trasladados a Madrid en 1901 y depositados en la ermita de San Antonio de la Florida, cuya cúpula él mismo había pintado al fresco en 1798. Allí reposan hoy, bajo los frescos que él creó. Una curiosidad macabra: cuando se exhumó el cadáver en 1901, se descubrió que el cráneo había desaparecido. Nunca fue encontrado.
El legado: precursor de todo lo moderno
La influencia de Goya en el arte posterior es probablemente más profunda que la de cualquier otro pintor anterior al siglo XX. Los impresionistas admiraron su uso de la luz y el color (Manet lo llamó “el más grande pintor de su siglo”). Los expresionistas alemanes (Beckmann, Dix, Grosz) se reconocieron en la ferocidad de los Caprichos y los Desastres. El surrealismo (Dalí, Ernst, Buñuel) bebió de las Pinturas Negras. Picasso —que admiraba a Goya por encima de casi todos— le dedicó su Guernica como descendiente directo del 3 de mayo. Francis Bacon, los Chapman Brothers y el neoexpresionismo contemporáneo siguen alimentándose de su obra.
Con más de 700 cuadros, 280 grabados y centenares de dibujos, la obra de Goya se conserva principalmente en el Museo del Prado (que tiene más de 130 obras suyas, la mayor colección del mundo), la Real Academia de San Fernando (con el célebre autorretrato), el Museo Lázaro Galdiano, la ermita de San Antonio de la Florida (con los frescos) y la National Gallery de Londres (con el retrato de Wellington). Fuendetodos, su pueblo natal, tiene un museo dedicado y un centro de grabado. Y cada 30 de marzo, aniversario de su nacimiento, Aragón rinde homenaje al pintor más genial y más atormentado de toda la historia de España.
Preguntas frecuentes
Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos, 1828) fue uno de los tres grandes pintores de la historia de España (junto a Velázquez y Picasso) y uno de los artistas más revolucionarios de la historia universal. Pintor de cámara de Carlos III y Carlos IV, su obra abarca desde los alegres cartones para tapices hasta las terroríficas Pinturas Negras, pasando por Los fusilamientos del 3 de mayo, los Caprichos, los Desastres de la guerra, la Maja desnuda y los retratos de la familia real. Su vida de 82 años atravesó cuatro reinados y dos guerras.
Son 14 pinturas que Goya realizó entre 1819 y 1823 directamente sobre las paredes de su casa, la Quinta del Sordo, a las afueras de Madrid. No fueron encargadas ni destinadas a público alguno: eran expresión puramente personal. Incluyen obras como Saturno devorando a su hijo, El aquelarre, Duelo a garrotazos, Perro semihundido y Dos viejos comiendo sopa. Son la serie pictórica más perturbadora y radical anterior al siglo XX. Fueron arrancadas de los muros en 1873-74 y donadas al Museo del Prado en 1881, donde se exponen en una sala exclusiva.
En el invierno de 1792-1793, durante un viaje a Cádiz, Goya sufrió una enfermedad gravísima que estuvo a punto de matarlo y lo dejó completamente sordo para el resto de su vida (35 años). La causa exacta ha sido debatida durante dos siglos: se han propuesto saturnismo (envenenamiento por plomo de los pigmentos), sífilis, meningitis, síndrome de Ménière o vasculitis. La sordera total lo aisló del mundo, oscureció su visión y abrió la puerta a la fase más profunda de su arte: los Caprichos, los Desastres y las Pinturas Negras.
Las obras más célebres incluyen: El 3 de mayo de 1808 en Madrid (Los fusilamientos), considerada la obra antibelicista más poderosa de la historia; El 2 de mayo (La carga de los mamelucos); La familia de Carlos IV; La maja desnuda y La maja vestida; la serie de grabados Los Caprichos (80 estampas, con El sueño de la razón produce monstruos); Los Desastres de la guerra (82 grabados); las 14 Pinturas Negras (Saturno, Duelo a garrotazos, Perro semihundido); los cartones para tapices (El quitasol, La pradera de San Isidro); y La lechera de Burdeos, su último gran cuadro. Se conservan principalmente en el Museo del Prado.
Los restos de Goya reposan en la ermita de San Antonio de la Florida, en Madrid, bajo los frescos que él mismo pintó al fresco en 1798. Murió en Burdeos (Francia) el 16 de abril de 1828, exiliado del régimen absolutista de Fernando VII. Sus restos fueron exhumados y trasladados a Madrid en 1901. Cuando se abrió la tumba en Burdeos, se descubrió que el cráneo había desaparecido; nunca fue encontrado. Es uno de los misterios más famosos de la historia del arte español.
Son una serie de 80 grabados al aguafuerte y aguatinta publicados en 1799, que constituyen una sátira mordaz de la sociedad española del Antiguo Régimen: superstición, hipocresía clerical, injusticia, ignorancia y estupidez humana desfilan en imágenes de brujas, frailes lascivos, burros vestidos de catedráticos y monstruos. El grabado más famoso es el nº 43, "El sueño de la razón produce monstruos", en el que un hombre dormido es rodeado por murciélagos y búhos: es una de las imágenes más icónicas de la Ilustración. La Inquisición presionó a Goya para retirarlos de la venta.