Corrales de Comedias: Cómo Iba el Pueblo al Teatro en el Siglo de Oro

Siglo de Oro (1579–1700)

En el Madrid, Sevilla, Valencia o Almagro del Siglo de Oro, ir al teatro era ir al corral. No había todavía teatros techados al estilo italiano: las comedias se representaban en corrales de comedias, patios interiores de casas vecinas adaptados, con un tablado en un extremo, gradas de madera, aposentos con celosías para las mujeres y plateas de pie para el público popular. En esos espacios rectangulares, al aire libre, con cielo abierto sobre las cabezas y el sol de la tarde incidiendo sobre el tablado, nacieron Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Rojas Zorrilla, Ruiz de Alarcón y las comedias que hicieron del teatro español el más fecundo de la Europa del siglo XVII.

Patio interior del Corral de Comedias de Almagro, 1628, único corral del Siglo de Oro conservado íntegro
Corral de Comedias de Almagro (1628), único conservado íntegramente del Siglo de Oro. Foto: Carlos Delgado (CC BY-SA 3.0).

Ir al corral no era una experiencia contemplativa silenciosa: era un acto social multitudinario, con piques entre mosqueteros y cazoleras, mosquetes de pepinos lanzados contra el mal actor, comedia entre la gente, vendedores ambulantes con aguamiel, bizcochos, naranjas, frutos secos. Y, arriba, en los aposentos alquilados por caballeros y damas, flirteos, intrigas, contraseñas.

Qué era un corral de comedias

Los corrales se montaban en patios traseros de casas, cerrados con muros altos, adaptados con elementos móviles:

  • Tablado: escenario de madera elevado 2 metros en el extremo opuesto a la entrada, con vestuario detrás (la trastienda) y dos niveles: el suelo, donde ocurría la mayor parte de la acción, y el nivel alto, para escenas de balcón o muralla.
  • Patio: espacio central para el público de pie, los llamados mosqueteros. Podían caber 400–500 hombres.
  • Gradas laterales: bancos de madera pegados a los muros, lugar de artesanos y gente acomodada.
  • Cazuela: gradería alta en frente del tablado reservada exclusivamente a las mujeres, protegida por una celosía.
  • Aposentos: ventanas y balcones de las casas vecinas alquilados por semana por caballeros y damas de la nobleza, con servicio propio.
  • Desván: nivel superior con palcos del clero y los concejales.

El corral de Almagro: el único conservado íntegro

Construido en 1628 por Leonardo de Oviedo en el patio de una posada de Almagro (Ciudad Real), el Corral de Comedias de Almagro es el único corral del Siglo de Oro que conserva integra su estructura original. Descubierto casualmente en 1953 por unos obreros que restauraban la posada, fue restaurado y convertido en sede del Festival Internacional de Teatro Clásico (fundado en 1978). Hoy sigue representando comedias cada verano en las mismas condiciones del siglo XVII: al aire libre, con tablado, cazuela, aposentos y patio.

Los corrales de Madrid: el Príncipe y la Cruz

En Madrid los dos grandes corrales eran el Corral del Príncipe (fundado en 1583, en el actual solar del Teatro Español) y el Corral de la Cruz (1579, Calle de la Cruz). Ambos pertenecían a las Cofradías de la Pasión y de la Soledad, que los gestionaban como obra benéfica: los beneficios iban a hospitales. Los dos corrales se alternaban en las representaciones para que siempre hubiera obra en cartel. La guerra entre sus partidarios —mosqueteros de uno contra otro— era una constante del Madrid teatral.

Mosqueteros y cazoleras: el público popular

Los mosqueteros, nombre que recibían los espectadores de pie del patio, eran un crítico temible. Con su voz colectiva podían hundir un estreno —lanzando pepinos, naranjas podridas o monedas— o ensalzarlo con aplausos y silbidos de aprobación. Cada compañía tenía un apoyo comprado entre los mosqueteros para arrancar el aplauso inicial. La cazuela, donde solo entraban mujeres, era no menos ruidosa: las cazoleras gritaban, lanzaban agua, insultaban a los actores que se ponían pesados, y respondían con chanzas a los galanes de los aposentos.

La jornada del corral: cómo se veía una comedia

La función empezaba a las tres o cuatro de la tarde, para aprovechar la luz natural. Se abrían las puertas a las dos; el público pagaba entrada (4 cuartos para el patio, más para grada o aposento) y más si deseaba mosquete (gritar en el patio) o limosnas para las cofradías. La representación seguía un orden fijo:

  1. Loa: discurso introductorio en verso pidiendo benevolencia al público.
  2. Primer acto de la comedia.
  3. Entremés: pieza cómica corta con tipos populares (graciosos, bobos, celestinas, alcaldes de pueblo).
  4. Segundo acto.
  5. Baile: danza con letra cantada, a veces picante.
  6. Tercer acto (resolución de la comedia).
  7. Mojiganga o jácara: pieza cómica final con personajes de hampa.

En total, unas tres horas de espectáculo ininterrumpido. Entre medias, los vendedores ambulantes ofrecían aguamiel, limonada, bollos, bizcochos, naranjas, castañas asadas. La comedia era un acontecimiento que ocupaba la tarde entera.

Lope, Calderón y la fábrica de comedias

Lope de Vega (1562–1635) escribió, según él mismo confesaba, más de 1.800 comedias (se conservan unas 400); Calderón de la Barca (1600–1681), más de 120; Tirso de Molina, Ruiz de Alarcón, Rojas Zorrilla, Moreto, Matos Fragoso rellenaban el cartel. Las compañías estables —la de Roque de Figueroa, Pedro de Valdés, Pinedo— compraban comedias en folio a los autores y las estrenaban, a veces el mismo día que se terminaban de escribir. Una comedia triunfal se reponía durante semanas; una fracasada, se retiraba al día siguiente. La oferta teatral era en volumen comparable a la del cine del siglo XX.

El autor de comedias

El autor de comedias era, paradójicamente, no el dramaturgo sino el director y empresario de la compañía, que gestionaba dinero, contratos, actores y logística. Los poetas —Lope, Calderón— escribían las comedias por encargo, cobraban por texto y tenían que ver cómo el autor recortaba y adaptaba sus versos a las necesidades del tablado.

Actores y actrices: profesión infamada

El oficio de actor era infamante según la Iglesia y el Consejo de Castilla. Los actores y actrices estaban excluidos de sacramentos, del entierro en sagrado y del derecho a declarar en juicio. Pero a la vez eran figuras aclamadas por el pueblo, mantenidas por caballeros y objeto de chismorreos. María Calderón (la Calderona), amante de Felipe IV, dio al rey un hijo reconocido —don Juan José de Austria—, el único hijo bastardo reconocido oficialmente por un Austria español. La doble moral era omnipresente.

Autos sacramentales: el teatro religioso

Paralelos a las comedias profanas, los autos sacramentales —representaciones religiosas alegóricas para la fiesta del Corpus Christi— eran teatro de calle patrocinado por los concejos. Calderón escribió más de 70. Se representaban en carros móviles por las plazas de la ciudad, con efectos escenográficos espectaculares. Eran propaganda contrarreformista, pero también grandes fiestas populares urbanas.

Cierres, epidemias y el fin del modelo

El Consejo de Castilla cerraba los corrales por lutos reales, por epidemias o por escándalos morales. Durante la peste de 1649, los corrales de Madrid y Sevilla permanecieron clausurados casi dos años. Después de 1700, con la llegada de los Borbones y la influencia italiana, los corrales empezaron a transformarse en teatros techados con palcos y patio de butacas. El modelo del corral se agota con el siglo XVIII.

Herencia: del corral al Festival de Almagro

La influencia de los corrales del Siglo de Oro sobre el teatro posterior fue decisiva: las convenciones de la comedia nueva de Lope —tres actos, polimetría, mezcla de lo cómico y lo trágico, unidad dinámica de trama— definieron la dramaturgia hispana durante siglos. El teatro moderno en español sigue dialogando con aquellos textos. Y el Corral de Comedias de Almagro, redescubierto en 1953, sigue levantando todos los veranos su telón de madera sobre el patio al aire libre, demostrando que aquella forma teatral —popular, ruidosa, iluminada por el sol de julio— no ha dejado nunca de estar viva.

Preguntas frecuentes

¿Qué eran los corrales de comedias?

Patios adaptados para representaciones teatrales al aire libre en España durante los siglos XVI y XVII. Las casas vecinas miraban hacia el patio y sus ventanas servían de palcos. En Madrid los principales fueron el Corral de la Cruz y el Corral del Príncipe. En Almagro se conserva el único original intacto.

¿Dónde está el Corral de Comedias de Almagro?

En la Plaza Mayor de Almagro (Ciudad Real). Construido en 1628, es el único corral de comedias del Siglo de Oro conservado tal cual. Fue redescubierto en 1953 tras décadas sirviendo como taberna. Desde 1978 alberga el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro cada julio.

¿Cómo eran las funciones en los corrales?

Comenzaban por la tarde (hacia las 14:00). Empezaban con una loa (elogio), seguía la comedia en tres actos con intermedios, y terminaban con mojigangas o bailes. El público era ruidoso, interactuaba con los actores, tiraba hortalizas si la obra no gustaba y aplaudía frenéticamente las escenas memorables.

¿Las mujeres actuaban en el teatro del Siglo de Oro?

Sí, desde 1587. España fue una de las primeras sociedades europeas en permitirlo, mientras Inglaterra mantuvo hombres en papeles femeninos hasta 1660. Las actrices famosas (María Calderón «la Calderona», Jusepa Vaca) gozaban de enorme fama y de las atenciones amorosas de la aristocracia madrileña.

¿Dónde se sentaba el público en un corral?

En jerarquía social: los hombres de pie en el patio (mosqueteros), las mujeres en una zona apartada (cazuela), la nobleza en aposentos y palcos balconados alrededor del patio. El rey y la reina, cuando asistían, tenían palco propio elevado. La gradería barroca reproducía la estructura social.

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