Carlos II (1661-1700), conocido en la historia como «el Hechizado», fue el último rey de la Casa de Austria en España y una de las figuras más trágicas de toda la monarquía hispánica. Hijo de Felipe IV y de su sobrina Mariana de Austria —el matrimonio entre tío y sobrina llevó al extremo la endogamia secular de los Habsburgo—, Carlos II fue un niño raquítico y enfermizo que apenas pudo aprender a hablar a los cuatro años, no caminó hasta los seis, padeció toda su vida de epilepsia, deformidades en la mandíbula prognata, debilidad muscular y posiblemente esterilidad. Reinó 35 años (1665-1700), pero pasó la mayor parte de ellos enfermo, manipulado por las facciones cortesanas y considerado en toda Europa como un monarca «hechizado». Su muerte sin descendencia abrió la Guerra de Sucesión Española y trajo a los Borbones al trono. Este artículo cuenta la vida de Carlos II, los problemas genéticos de los Habsburgo, los intentos de exorcismo, el testamento de 1700 y el final de una dinastía.

Hijo de la endogamia: el coste genético de los Habsburgo
La Casa de Austria española mantuvo durante 200 años una política sistemática de matrimonios endogámicos: tíos con sobrinas, primos hermanos con primas, dobles y triples enlaces entre las ramas española y austríaca. La razón era política: mantener el patrimonio territorial dentro de la familia y evitar las consecuencias dinásticas de las uniones con otras casas reales europeas. El precio fue genético. Estudios recientes (publicados en PLOS One, 2009) cifran el coeficiente de consanguinidad de Carlos II en 0,254: tan alto como el de un hijo de hermanos. Para comparar: la ley genética sitúa el riesgo de enfermedades hereditarias graves a partir de un coeficiente de 0,0625 (primos hermanos).
Las consecuencias para Carlos II fueron devastadoras. Padeció raquitismo, epilepsia, prognatismo extremo (la famosa «mandíbula de los Austrias» llegó a su grado máximo), macroglosia (lengua desproporcionada que le impedía hablar con claridad), cojera, debilidad muscular, episodios psicóticos, hematuria, alucinaciones, posibles déficits cognitivos y, casi con seguridad, esterilidad. Los médicos modernos han propuesto que sufría una combinación de déficit hormonal hipofisario combinado (que explicaría el retraso del crecimiento y la esterilidad) y acidosis tubular renal distal, ambos provocados por mutaciones recesivas que la endogamia hizo emerger.
La regencia de Mariana de Austria (1665-1675)
Carlos II tenía cuatro años cuando murió su padre Felipe IV (17 de septiembre de 1665) y heredó el trono. La regencia recayó en su madre, Mariana de Austria, hija del emperador Fernando III. Mariana, de personalidad débil pero rodeada de ambiciones, se apoyó en su confesor, el jesuita alemán Juan Everardo Nithard, que se convirtió en favorito durante varios años. La regencia coincidió con la guerra contra Portugal (que reconoció oficialmente la independencia portuguesa en 1668) y con el declive militar y financiero del imperio: los Tercios habían sido derrotados en Rocroi (1643) y la decadencia se aceleraba.
El gran rival de Mariana fue su hijo bastardo del rey Felipe IV, don Juan José de Austria, hijo natural del rey y de la actriz María Calderón «la Calderona». Don Juan José se enfrentó políticamente a Mariana y a Nithard durante una década: en 1669 organizó un «golpe blando» que expulsó al confesor jesuita; en 1677, ya con Carlos II declarado mayor de edad (a los 14 años), tomó el poder en Madrid en otro golpe palaciego. Murió en 1679, dejando un rey adolescente, frágil y manipulable.
El reinado personal: cortes en decadencia y dos reinas
Carlos II asumió el gobierno personal hacia los 15 años, pero su incapacidad física e intelectual hizo que el poder real estuviera siempre en manos de sus validos, ministros y, sobre todo, de sus dos esposas sucesivas. La primera, María Luisa de Orleans (1662-1689), sobrina de Luis XIV, llegó a Madrid en 1679 con la misión política de orientar a España hacia Francia. Era joven, alegre, montaba a caballo y bailaba. La corte la adoraba; el rey, que la quería sinceramente, no consiguió tener hijos con ella. Murió a los 26 años, en 1689, en circunstancias sospechosas (probable apendicitis o envenenamiento). Su muerte sigue siendo objeto de debate historiográfico.
La segunda esposa fue Mariana de Neoburgo (1667-1740), princesa palatina elegida con la esperanza explícita de su fertilidad familiar (sus hermanas habían tenido muchos hijos). Carlos II tampoco logró descendencia con ella. Mariana de Neoburgo, ambiciosa y dominante, llegó a Madrid en 1690 y orientó la corte hacia Austria, oponiéndose al partido francés. La rivalidad entre la facción francesa (encabezada por el cardenal Portocarrero) y la facción austríaca (Mariana y el conde de Oropesa) marcó toda la última década del reinado.
El Hechizado: exorcismos y diagnósticos
Convencidos de que la imposibilidad del rey de tener descendencia y sus problemas físicos y mentales eran obra del demonio, los confesores y políticos de la corte organizaron a partir de 1696 una serie de exorcismos en los aposentos reales. El más célebre fue el practicado por fray Mauro Tenda, exorcista famoso traído desde Italia, que dictaminó que el rey había sido hechizado a los 14 años con una poción de chocolate y veneno suministrada por orden de su hermanastro don Juan José y de la dama Valenzuela. Otros confesores hablaron de imágenes envueltas en pelo del rey escondidas en estatuas de los conventos de Madrid. Los exorcismos se prolongaron casi hasta la muerte del rey y dieron lugar al apodo «el Hechizado», que la tradición ha conservado.
La medicina moderna ha desmontado esa interpretación: los problemas de Carlos II eran genéticos, no demoníacos. Pero la creencia en el hechizo tuvo consecuencias políticas reales: convirtió la corte en un nido de paranoia, validos enfrentados, exorcistas en los pasillos, intrigas familiares y decisiones de gobierno tomadas en función de visiones y sueños. La España de Carlos II fue un imperio sin rumbo, técnicamente todavía el más extenso del mundo (incluía la península Ibérica, los Países Bajos del Sur, el Milanesado, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Filipinas, las Indias Occidentales y Florida) pero gobernado por una corte enfermiza y por administraciones provinciales que actuaban cada vez con mayor autonomía.
El testamento de 1700 y el final de los Austrias
A medida que la salud de Carlos II se deterioraba a lo largo de la década de 1690, las potencias europeas (Francia, Austria, Inglaterra, Holanda) iniciaron negociaciones secretas para repartirse el imperio español. Hubo dos tratados de partición (1698 y 1699) en los que las potencias ya se distribuían los reinos de un rey aún vivo. Carlos II, indignado por estos repartos sin su consentimiento, decidió hacer testamento a favor de un único heredero que mantuviera unido el imperio. Tras meses de duda y de presión política de los partidos francés y austríaco, firmó el 2 de octubre de 1700 un testamento dejando todos sus reinos a Felipe de Anjou, nieto del rey de Francia Luis XIV, segundo en la línea de sucesión francesa.
El 1 de noviembre de 1700, Carlos II murió a los 38 años. Sus últimas palabras fueron: «Ya no me siento yo». Su autopsia, transcrita en el Acta de la autopsia del rey Carlos II, describe un cuerpo destrozado: el corazón «como un grano de pimienta», los pulmones «podridos», los testículos «negros como tinta», la cabeza «llena de agua». Felipe de Anjou aceptó el trono y se convirtió en Felipe V, primer Borbón en España. Pero Austria no aceptó el testamento y declaró la guerra. La Guerra de Sucesión Española (1700-1714), librada en territorio español pero con participación de toda Europa, fue uno de los conflictos más sangrientos del siglo XVIII y reconfiguró el mapa de Europa.
El legado: el ocaso de un imperio
Carlos II suele ser presentado como el símbolo personal del declive de la España de los Austrias. Es una imagen parcialmente injusta: el declive era estructural —pérdida de Portugal, derrota de Rocroi, crisis financiera secular, despoblación interior, decadencia de la Mesta— y empezó mucho antes. El reinado de Carlos II también tuvo aspectos positivos: recuperación demográfica tras la peste de 1681, comienzos del cambio cultural con figuras como Calderón de la Barca, los pintores Claudio Coello y Carreño de Miranda, y los inicios del pensamiento «novator» que prefigura la Ilustración. Pero la incapacidad personal del rey, la rivalidad entre facciones cortesanas y la ausencia de heredero hicieron inevitable la ruptura dinástica con la llegada de los Borbones, que abriría una nueva era en la historia de España.
Preguntas frecuentes sobre Carlos II el Hechizado
¿Por qué se llama Carlos II «el Hechizado»?
Carlos II recibió el sobrenombre de «el Hechizado» en sus últimos años. Sus confesores y la corte, convencidos de que su incapacidad física, su esterilidad y sus episodios mentales eran obra del demonio, organizaron desde 1696 una serie de exorcismos en los aposentos reales. El exorcista italiano fray Mauro Tenda dictaminó que el rey había sido hechizado a los 14 años con una poción de chocolate envenenado. La medicina moderna ha demostrado que sus problemas eran genéticos, no demoníacos: consecuencia de los 200 años de matrimonios endogámicos de los Habsburgo (su coeficiente de consanguinidad era equivalente al de un hijo de hermanos).
¿Por qué tenía Carlos II tantos problemas físicos?
Carlos II era hijo del matrimonio entre Felipe IV y su sobrina Mariana de Austria, lo que llevaba al extremo la endogamia secular de los Habsburgo. Su coeficiente de consanguinidad era de 0,254, tan alto como el de un hijo de hermanos. Como consecuencia padeció raquitismo, epilepsia, prognatismo extremo, macroglosia, cojera, debilidad muscular, episodios psicóticos y casi con seguridad esterilidad. Los médicos modernos creen que sufría una combinación de déficit hormonal hipofisario y acidosis tubular renal distal, ambos por mutaciones recesivas emergidas por la endogamia.
¿Quién dejó como heredero Carlos II?
Carlos II firmó testamento el 2 de octubre de 1700 dejando todos sus reinos a Felipe de Anjou, nieto del rey francés Luis XIV. La decisión, tomada bajo la influencia del partido pro-francés en la corte, buscaba mantener unido el imperio español frente a los planes de partición de las potencias europeas. Felipe de Anjou se convirtió en Felipe V, primer Borbón en España, pero Austria no aceptó el testamento y declaró la guerra: la Guerra de Sucesión Española (1700-1714).
¿Cuántas esposas tuvo Carlos II?
Carlos II tuvo dos esposas. La primera fue María Luisa de Orleans (1662-1689), sobrina de Luis XIV, que llegó a Madrid en 1679 y murió a los 26 años en circunstancias sospechosas (apendicitis o envenenamiento, debate historiográfico abierto). Carlos II la quería sinceramente. La segunda fue Mariana de Neoburgo (1667-1740), elegida en 1690 por la fertilidad familiar de su casa. Ambicioso y dominante, no logró tampoco tener descendencia con el rey. Sobrevivió 40 años a su marido en distintos exilios.
¿Cómo murió Carlos II?
Carlos II murió en Madrid el 1 de noviembre de 1700 a los 38 años, tras una larga agonía. Sus últimas palabras fueron «Ya no me siento yo». La autopsia oficial, transcrita en el Acta del rey Carlos II, describió un cuerpo destrozado: el corazón «como un grano de pimienta», los pulmones «podridos», la cabeza «llena de agua». Su muerte sin descendencia abrió la Guerra de Sucesión Española y trajo a los Borbones al trono español, poniendo fin a casi 200 años de dinastía Austria en España.