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Vida Cotidiana en el Siglo de Oro

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El Siglo de Oro español (finales del XVI y todo el XVII) fue al mismo tiempo la cumbre cultural de la Monarquía Hispánica y el escenario de una decadencia económica larvada. Mientras los galeones traían plata de Potosí y los tercios combatían en Flandes e Italia, en Madrid, Sevilla o Valladolid una sociedad de pícaros, nobles empobrecidos y aguadores vivía entre los corrales de comedias y las tabernas humeantes.

Cervantes, Lope, Calderón, Quevedo, Velázquez, Zurbarán y Sor Juana Inés retrataron esa España contradictoria en la que el honor nobiliario convivía con el hambre, y el ascetismo contrarreformista con un gusto desenfrenado por los chocolates, los tapiados y los duelos a medianoche.

Cuadro El aguador de Sevilla de Diego Velázquez, óleo de 1620, Apsley House Londres
El aguador de Sevilla, Diego Velázquez, c. 1620. Wellington Museum, Apsley House, Londres.

Alimentación y gastronomía

El cocido madrileño se consolidó como plato nacional, con garbanzos, tocino, gallina, chorizo y verduras. Los productos americanos empezaron a normalizarse: el chocolate caliente con azúcar y especias arrasó en conventos y palacios, y el tomate, la patata y el pimiento entraron en cocinas humildes. Las tabernas de Madrid servían pan, vino, jamón, queso y la célebre olla podrida; los mesones del Camino Real ofrecían perdices escabechadas y conejo en cazuela. El pescado —bacalao salado, sardinas, besugo— llenaba los puestos de la Plaza Mayor en días de vigilia. Los aguadores, inmortalizados por Velázquez, surtían de agua fresca a vecinos que no tenían ni pozo ni fuente cercana.

Vivienda y vida doméstica

Madrid, capital desde 1561, creció desordenadamente con casas «a la malicia» (proyectadas sin habitaciones visibles desde la calle para eludir el aposentamiento regio), corralas con patio central donde convivían decenas de familias humildes y palacetes nobiliarios con estrado femenino y cuartos oscuros. Sevilla, puerto de Indias, era la ciudad más poblada de España con sus casi 150.000 habitantes. Los corrales de comedias (Príncipe, Cruz en Madrid) se construyeron aprovechando patios de vecinos. El mobiliario añadió bargueños, sillas fraileras de cuero repujado, arcas flamencas y cuadros religiosos como los de Zurbarán o Murillo en cualquier hogar con posibles.

Trabajo y oficios

Se multiplicaron los oficios marginales: picaros, bravos, rufianes, alcahuetas, covachuelistas. Aguadores gallegos y asturianos, mozos de cuerda, lavanderas del Manzanares, mesoneras, aguadores, buñoleros, cobradores de rentas. La nobleza vivía de rentas mermadas por la inflación; los hidalgos, del «vivir de las apariencias» descrito en el Lazarillo. Los tercios y la Armada daban salida militar a miles. La Casa de Contratación sevillana controlaba el monopolio americano, y los arrieros cruzaban la Península con recuas cargadas de aceite, vino, sal y lana hacia los puertos. Los conventos (Reformadas de Santa Teresa) eran importantes focos productivos de dulces, textiles y bordados.

Ocio, fiestas y costumbres

Los corrales de comedias eran el gran entretenimiento popular: Lope estrenaba casi un día sí y otro también, con mosqueteros de pie, mujeres en la «cazuela» y nobles en los aposentos. Los autos sacramentales de Calderón llenaban plazas por Corpus. La tauromaquia nobiliaria se practicaba a caballo; el pueblo vivía carnavales, gigantones y comedias de capa y espada. Madrid rezaba en Atocha, ejecutaba en la Plaza Mayor y paseaba por el Prado. El chocolate transformó las mañanas conventuales y se convirtió en excusa social femenina. Las tertulias literarias de la Academia Selvaje o la de los Humildes reunían a ingenios, y los corrillos de San Felipe («mentidero») eran el punto donde circulaban noticias, chismes y sátiras políticas.

¿Qué eran los corrales de comedias?

Teatros al aire libre instalados en patios de vecindad. Los de Madrid (Príncipe y Cruz) estrenaban obras de Lope, Calderón o Tirso casi a diario. Los mosqueteros veían de pie, las mujeres en la cazuela aparte y los nobles en palcos alquilados.

¿Qué eran los pícaros?

Protagonistas de la novela picaresca (Lazarillo, Guzmán de Alfarache, Buscón): mozos de origen humilde que sobreviven de engaños, servicios cortos y trampas. Reflejan la sociedad de pobres que generaron la inflación y la guerra permanente en el XVII.

¿Por qué se famoso el chocolate en el Siglo de Oro?

Llegó de México tras la conquista y, mezclado con azúcar y canela, triunfó primero en conventos y después en palacios. Se servía espeso, en jícara, acompañado de bizcochos, y dio lugar al rito social del chocolate matinal, sobre todo entre mujeres.

¿Qué era el mentidero de San Felipe?

Las gradas de la iglesia de San Felipe el Real, en la calle Mayor de Madrid, donde se reunían soldados, poetas, funcionarios y curiosos para intercambiar noticias, rumores y sátiras. Era el «twitter» del Siglo de Oro.