¿Cómo era llegar a casa en la Hispania del siglo II d.C.? La respuesta dependía radicalmente de tu posición social. Un senador de Corduba abría la puerta de una domus con mosaicos, frescos, agua corriente y calefacción bajo el suelo. Un trabajador portuario de Tarraco subía a su insula, un bloque de pisos hacinado y ruidoso. Un terrateniente de la Bética se retiraba a su villa rural, una hacienda que combinaba el lujo residencial con la producción agrícola.

Los restos arqueológicos repartidos por España nos permiten reconstruir estas viviendas con un detalle asombroso. Mosaicos, frescos, objetos domésticos e incluso restos de comida carbonizada nos cuentan cómo era la vida dentro de los muros de una casa hispanorromana.
La domus: la casa señorial urbana
Estructura y distribución
La domus era la vivienda urbana de las familias acomodadas, una casa unifamiliar que ocupaba toda una manzana o buena parte de ella. Su característica principal era la introversión: el exterior presentaba muros ciegos con apenas ventanas (las calles romanas eran ruidosas y sucias), mientras que toda la vida se organizaba hacia el interior, alrededor de patios que proporcionaban luz, ventilación y un espacio de representación.
Una domus hispanorromana típica incluía:
- Vestibulum y fauces: entrada y pasillo de acceso, a menudo decorados con mosaicos de bienvenida (los famosos «SALVE» o «CAVE CANEM»)
- Atrium: patio cubierto parcialmente, con una abertura cenital (compluvium) que recogía agua de lluvia en una piscina central (impluvium)
- Tablinum: despacho del paterfamilias, donde recibía a clientes y gestionaba los negocios familiares
- Triclinium: comedor con tres lechos inclinados donde se celebraban las cenas y banquetes
- Peristylium: jardín interior rodeado de columnas, el corazón de la casa. Fuentes, esculturas, plantas aromáticas y a veces un pequeño huerto
- Cubicula: dormitorios, generalmente pequeños y sin ventanas al exterior
- Culina: cocina, habitualmente pequeña y oscura, con un hogar elevado de obra
- Latrina: letrina doméstica, a veces conectada al alcantarillado público
Domus extraordinarias de Hispania
La Casa del Mitreo (Mérida): una de las domus más lujosas de toda Hispania, famosa por su «mosaico cosmogónico», una representación alegórica del universo con personificaciones de ríos, vientos, estaciones y fenómenos naturales. La casa tenía más de 20 habitaciones, termas privadas, jardines y una sofisticada red de tuberías de plomo.
La Casa de la Fortuna (Cartagena): excavada bajo el centro de la ciudad, conserva espléndidos frescos de estilo pompeyano con colores rojos, ocres y negros, además de mosaicos geométricos. Su nombre viene de un altar doméstico dedicado a Fortuna, la diosa de la suerte.
Las casas de Itálica (Sevilla): la nova urbs (ciudad nueva) de Itálica, patria de los emperadores Trajano y Adriano, contiene algunas de las domus más grandes del Imperio, con mosaicos de hasta 30 metros cuadrados que representan escenas mitológicas, animales y complejos diseños geométricos.
La insula: el bloque de pisos popular
La mayoría de la población urbana no vivía en domus, sino en insulae: bloques de pisos de varios niveles (entre 3 y 5 plantas) construidos en madera y ladrillo. Las insulae eran la solución romana al problema de la vivienda en ciudades densamente pobladas.
La planta baja solía ocuparse con tabernae (tiendas, talleres, tabernas). Los pisos superiores se dividían en cenacula (apartamentos) que se alquilaban. Cuanto más alto, más barato y peor: los pisos superiores carecían de agua corriente, calefacción y retretes, y el riesgo de incendio era constante. Las escaleras eran de madera, estrechas y empinadas.
Las condiciones podían ser duras: ruido constante de la calle (las entregas comerciales con carros se hacían de noche por decreto), falta de intimidad, olores de las cocinas y talleres de la planta baja, y el peligro permanente de incendios y derrumbes. Juvenal, en sus sátiras, describe con horror la vida en las insulae de Roma, y no hay razón para pensar que las de Tarraco o Caesaraugusta fueran mucho mejores.
La villa: la hacienda rural
Producción y lujo en el campo
La villa era la unidad básica de la economía rural romana: una explotación agrícola que combinaba zona residencial (pars urbana), zona productiva (pars rustica) y zona de almacenamiento (pars fructuaria). Las villas hispanas producían aceite, vino, cereales, ganado y, en la costa, garum.
Las villas de la aristocracia provincial podían alcanzar dimensiones palatinas. La pars urbana incluía salones de recepción, comedores de verano e invierno, termas privadas, bibliotecas y jardines. Todo ello decorado con mosaicos que rivalizaban con los mejores de Roma e Italia.
Villas hispanas imprescindibles
Villa de La Olmeda (Palencia): considerada una de las villas romanas más importantes del mundo. Su mosaico principal, de 175 metros cuadrados, representa la escena de Aquiles en Esciro y una serie de retratos que podrían ser los propios dueños. Tiene 4.400 metros cuadrados de superficie y termas privadas con hypocaustum. Hoy es un museo de referencia.
Villa de Carranque (Toledo): posiblemente la villa del emperador Teodosio I o de un familiar cercano. Conserva mosaicos de tema mitológico de una calidad excepcional: escenas de Diana cazadora, Océano y las estaciones. El edificio basilical adjunto podría haber sido uno de los primeros templos cristianos de Hispania.
Villa de Almenara-Puras (Valladolid): villa bajoimperial con un complejo termal privado muy bien conservado, un peristilo con jardín y mosaicos que muestran la transición del arte romano al tardoantiguo. Hoy alberga el Museo de las Villas Romanas.
Villa de Els Munts (Tarragona): una villa marítima de recreo con vistas al Mediterráneo. Pertenecía a un alto funcionario de Tarraco y contaba con termas, jardines escalonados, esculturas importadas de Grecia y un sistema de abastecimiento de agua propio.
La vida dentro de casa
Mobiliario y objetos cotidianos
El mobiliario romano era escaso comparado con el actual. Los elementos básicos eran: el lectus (cama o lecho, que servía tanto para dormir como para comer reclinado), sillas de distintos tipos (sella sin respaldo, cathedra con respaldo, solium o trono para el paterfamilias), mesas de distintos tamaños, arcones para guardar ropa y objetos de valor, y lámparas de aceite (lucernae) de bronce o cerámica.
La cocina doméstica giraba en torno a un hogar elevado de obra (focus) donde se cocinaba con carbón o leña. Las ollas, cazuelas y sartenes de cerámica y bronce se complementaban con morteros (mortarium) para triturar especias, coladores y moldes para pasteles. Los cuchillos eran de hierro, las cucharas de bronce o hueso, y los tenedores no existían — se comía con las manos y con cuchara.
Agua corriente y saneamiento
Las ciudades hispanorromanas contaban con infraestructura hidráulica impresionante. Los acueductos (como el de Segovia, Los Milagros en Mérida o el de Tarragona) llevaban agua desde manantiales lejanos hasta depósitos urbanos (castellum aquae), desde donde se distribuía por tuberías de plomo a fuentes públicas, termas y domus privadas. Tener agua corriente en casa era un privilegio por el que se pagaba un canon municipal.
El alcantarillado (cloaca) recogía las aguas residuales y las conducía fuera de la ciudad. Las letrinas públicas (foricae) eran espacios comunitarios sin tabiques de separación donde los usuarios se sentaban en bancos de piedra perforados sobre un canal de agua corriente — la intimidad no era una prioridad romana.
Iluminación y calefacción
Sin electricidad, la vida doméstica estaba condicionada por la luz natural. Las lucernas de aceite proporcionaban una iluminación tenue y humeante. Las casas ricas usaban candelabros de bronce con múltiples brazos. La calefacción se resolvía con braseros portátiles (foculi) en las casas modestas, y con hypocaustum en las domus más lujosas. Las ventanas usaban láminas de mica translúcida, vidrio soplado (caro) o simplemente celosías de madera.
La casa hispanorromana hoy: qué queda y dónde verlo
España conserva un patrimonio doméstico romano excepcional. Además de las villas y domus mencionadas, son visitables las casas romanas de Ampurias (Girona), la domus del Sectile de Mérida, las casas de Clunia (Burgos) y los restos bajo la catedral de Barcelona. Los museos de Mérida (MNAR), Cartagena y Tarragona exhiben reconstrucciones detalladas y objetos originales que permiten imaginar cómo era cruzar el umbral de una casa hispanorromana.
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Preguntas frecuentes
La ínsula era el bloque de pisos de alquiler donde vivía la mayoría de la población romana urbana. Solía tener entre tres y seis plantas, con tiendas (tabernae) en el bajo y viviendas modestas en los pisos superiores. Cuanto más alto, más barato y más peligroso: los últimos pisos carecían de agua, letrinas y cocina, y eran vulnerables a incendios y derrumbes. En Hispania se han documentado ínsulas en ciudades como Emerita Augusta (Mérida) y Tarraco (Tarragona).
La domus era la casa unifamiliar urbana de las familias acomodadas, con atrio, peristilo y habitaciones decoradas con mosaicos. La ínsula era un edificio colectivo de pisos de alquiler en el que vivía el pueblo llano. La villa, por su parte, estaba en el campo: podía ser una explotación agrícola (villa rustica) o una residencia de recreo (villa urbana). Las tres convivieron en Hispania durante todo el periodo imperial.
Las más espectaculares son la Villa Romana de La Olmeda (Pedrosa de la Vega, Palencia), con mosaicos de más de 1.450 m²; Carranque (Toledo), con un mosaico de las Metamorfosis de Ovidio; La Dehesa de Cuevas de Soria; Veranes (Asturias); y Els Munts (Altafulla, Tarragona). Todas conservan termas, mosaicos y sistemas de calefacción por suelo radiante.
Sí, pero solo las domus y villas de las familias ricas. El agua llegaba desde los acueductos a fuentes públicas y, mediante tuberías de plomo (fistulae), a las casas que pagaban el servicio. Estas viviendas tenían fuentes en el peristilo, letrinas con desagüe a la cloaca y a veces termas privadas. Los habitantes de las ínsulas, en cambio, dependían de las fuentes públicas y las letrinas comunitarias.
Mediante el hypocaustum, un sistema de calefacción por suelo radiante. El suelo se elevaba sobre pequeñas columnas de ladrillo (pilae) y por debajo circulaba el aire caliente procedente de un horno (praefurnium). El humo subía por tubos cerámicos (tubuli) embutidos en las paredes, calentándolas también. Era un sistema caro que solo aparecía en villas, termas y grandes domus.
En los pisos altos de las ínsulas, en habitaciones diminutas sin cocina ni retrete, o en cuartos traseros de las tabernae. Muchos esclavos y libertos vivían en dependencias serviles de las domus y villas de sus patronos. En el campo, los trabajadores agrícolas ocupaban cabañas anexas a la villa rustica. La vivienda era uno de los marcadores más visibles de la enorme desigualdad social romana.