Arte y Rituales en la Prehistoria de España: Altamira, Dólmenes y Chamanes

Paleolítico superior – Calcolítico

Antes de que hubiera escritura, templos de piedra o dioses con nombre, los habitantes prehistóricos de la península Ibérica llenaron cuevas, abrigos y menhires con un universo simbólico asombroso: bisontes polícromos, manos negativas, figuras danzantes, ídolos oculados, ajuares campaniformes, dólmenes orientados al solsticio. El arte paleolítico cantábrico —con Altamira a la cabeza— y el arte levantino mediterráneo convierten a España en el país con mayor densidad de arte rupestre de Europa: más de 140 cuevas con pinturas, 758 abrigos con arte levantino y miles de dólmenes. Son las primeras páginas de la historia peninsular, pintadas, grabadas y enterradas con los difuntos.

Roca con grabados y pinturas del Ídolo de Peña Tú, Calcolítico, Vidiago, Asturias
Ídolo de Peña Tú (Vidiago, Llanes, Asturias). Arte rupestre esquemático del Calcolítico, III milenio a.C.

Reconstruir el significado de estas imágenes es arriesgado —ningún texto lo aclara—, pero las hipótesis actuales combinan la etnografía comparada con los chamanismos del Cantábrico y las neurociencias de la visión alterada para proponer una lectura: el arte prehistórico servía para cazar simbólicamente, iniciar a los jóvenes, marcar el territorio, enterrar a los muertos y comunicar con los espíritus.

Arte paleolítico cantábrico: Altamira y sus hermanas

Entre el 35.000 y el 12.000 a.C., las cuevas de la Cornisa Cantábrica se convirtieron en santuarios subterráneos. Más de 40 sitios del Paleolítico superior conservan pinturas y grabados: Altamira (Cantabria), El Castillo, La Pasiega, Las Monedas y Las Chimeneas (Puente Viesgo), Tito Bustillo (Asturias), Ekain (País Vasco), La Garma… El conjunto recibió en 2008 la categoría UNESCO de Patrimonio de la Humanidad.

Bisontes, ciervos y caballos

La temática es claramente animal: bisontes, caballos, ciervas, cabras, uros y mamuts. Las pinturas no están en la entrada —al alcance de cualquiera— sino en el fondo oscuro, lo que presupone una visita ritualizada con lámparas de grasa. El pintor magdaleniense aprovechaba las protuberancias de la roca para dar volumen al animal (el célebre “techo de los polícromos” de Altamira) y usaba técnicas sofisticadas: esbozo con carbón, relleno con ocre rojo y manganeso negro aplicados con soplado o pincel de pelo animal.

Manos negativas y signos enigmáticos

Junto a los animales aparecen manos en negativo (la palma apoyada en la roca y pulverización de ocre alrededor), puntos, líneas, tectiformes, claviformes y otros signos no figurativos que algunos arqueólogos interpretan como marcas de identidad clánica, calendarios lunares o mapas simbólicos del territorio. En la cueva de El Castillo, una mano pintada ha sido datada en más de 40.800 años, lo que plantea la posibilidad —todavía discutida— de autoría neandertal.

Arte levantino: los cazadores y sus danzas

Entre el VIII y el IV milenio a.C., los abrigos rocosos del Levante y el prepirineo desarrollaron un arte completamente diferente: el arte levantino. A plena luz del día, pintados en abrigos abiertos, aparecen escenas narrativas —casi viñetas— con decenas de figuras humanas esquemáticas en acción: cazadores con arco persiguiendo ciervos, bailarines en círculo, escenas de guerra, recolectoras de miel. Por su excepcional contenido narrativo, este conjunto recibió en 1998 el estatus UNESCO.

Valltorta, Cogul y la Cueva de la Araña

En el Barranco de Valltorta (Castellón), el Abrigo de los Cavalls muestra una partida de caza colectiva: media docena de arqueros corren tras un grupo de ciervos, con flechas volando. En Cogul (Lleida), una escena famosa muestra a nueve mujeres bailando en corro alrededor de un hombre, probablemente una ceremonia ritual. En la Cueva de la Araña (Bicorp, Valencia), el ya citado “Hombre de Bicorp” recolecta miel del nido de abejas silvestres colgado de una cuerda.

Arte megalítico: dólmenes y sus grabados

A partir del V milenio a.C., la piedra sustituye al pigmento como soporte del arte sagrado. Los grandes dólmenes peninsulares —Menga, Viera, El Romeral, Soto, Alberite, Dombate— exhiben en sus ortostatos grabados de báculos, soles, signos serpentiformes, ídolos antropomorfos y espirales. En el Dolmen de Soto (Huelva), 29 de las 65 losas están decoradas con grabados y pinturas aún visibles. En el Romeral, el tholos culmina en un techo en falsa cúpula y la cámara funeraria se alinea con la salida del sol en determinadas fechas del calendario agrícola.

Los ídolos oculados

El Calcolítico peninsular produjo una iconografía característica: los ídolos oculados. Placas de esquisto, falanges de animales y cilindros de piedra decorados con dos grandes ojos concéntricos, tatuajes faciales y soles esquemáticos, que aparecen por centenares en los enterramientos de Los Millares, Vila Nova de São Pedro (Portugal), Valencina de la Concepción (Sevilla) o el tholos de Montelirio. La interpretación más aceptada los vincula a una divinidad femenina vinculada al ciclo agrícola, los muertos y la fertilidad.

Menhires, estelas y arte al aire libre

En Asturias, el Ídolo de Peña Tú (Vidiago, Llanes) —una roca de sandstone con grabados y pinturas del III milenio a.C.— reúne en un solo panel antropomorfos, puñales de bronce, signos esquemáticos y escenas superpuestas de distintas épocas. Es un caso paradigmático del arte esquemático peninsular, que se extiende por Extremadura, Andalucía y el Algarve con miles de abrigos decorados. En Galicia y el norte de Portugal, los petroglifos atlánticos cubren rocas al aire libre con espirales, combinaciones circulares, laberintos, armas y animales: el Monte Tetón, Campo Lameiro o Laxe das Rodas son algunos de los conjuntos más espectaculares.

Chamanes, rituales y estados alterados

Las interpretaciones actuales coinciden en que buena parte del arte prehistórico peninsular se produjo en contextos rituales con uso de plantas psicoactivas, música, danza y oscuridad. Los chamanes —figuras intermediarias entre el mundo humano y el espiritual— habrían accedido a las cuevas en trance para comunicarse con los animales-maestros y dejarlos inmortalizados en las paredes. El arte no era decorativo: era mágico. La acumulación de figuras en determinados puntos, las repeticiones durante milenios y la elección de cavidades con resonancia acústica refuerzan esta lectura.

Música, máscaras y danza

En el yacimiento de Isturitz (Pirineo Atlántico, continuación natural de la cornisa cantábrica) se han hallado las flautas de hueso más antiguas de Europa, fabricadas en húmero de buitre. En cuevas como El Pendo (Cantabria) aparecen objetos interpretados como máscaras o tocados rituales. Las escenas de danza colectiva del arte levantino sugieren ceremonias comunitarias con acompañamiento sonoro.

Los campaniformes y los banquetes funerarios

Durante el tercer milenio a.C., un tipo de cerámica muy característica —el vaso campaniforme, así llamado por su forma de campana invertida— se difunde por toda Europa occidental y llega a la península con fuerza. En la Meseta, en Extremadura, en la Iberia central (Ciempozuelos, Villena, Humanejos), aparecen en ajuares funerarios de élite acompañados de puñales de cobre, brazales de arquero, diademas y botones con perforación en V. Los análisis de residuos internos han detectado cerveza de cebada, hidromiel y productos lácteos fermentados, lo que confirma su uso como vaso de bebida ceremonial en banquetes funerarios o de alianza entre clanes. No era una cerámica doméstica: era el vaso de las élites y de los rituales.

Astronomía prehistórica

Muchos dólmenes peninsulares están orientados con precisión astronómica. El Dolmen de Menga, en Antequera, mira directamente a la montaña de la Peña de los Enamorados y se ilumina en ciertos solsticios. El Dolmen de Soto (Huelva) apunta al amanecer del equinoccio. El tholos de El Romeral se orienta a la cumbre de El Torcal y recibe el último rayo del ocaso del solsticio de invierno. Esta arquitectura orientada implica un conocimiento astronómico sofisticado y una voluntad de ligar la vivienda de los muertos al ciclo cósmico, un esquema que reaparecerá en los templos megalíticos de Malta, Stonehenge o Newgrange y, dos mil años después, en la propia catedral de Santiago. La relación sol-piedra-muerte se establece aquí.

Herencia: el alfabeto simbólico de los primeros ibéricos

La iconografía prehistórica peninsular no se perdió del todo: el toro —bisonte mediterráneo— reaparecerá como divinidad central de íberos, tartessios y romanos; los ídolos oculados resuenan en las estelas funerarias de la Edad del Hierro; los solsticios marcados por los dólmenes se proyectan en las iglesias románicas, orientadas igualmente al este. Lo más emocionante, sin embargo, es simplemente constatar que cualquier habitante peninsular actual es heredero directo de aquellas manos que pintaron bisontes en Altamira, danzaron alrededor de un fuego en Cogul y enterraron a sus muertos bajo una losa en Antequera. La primera identidad cultural de la península está escrita en ocre, sobre roca.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el arte rupestre más antiguo de España?

Las pinturas de la Cueva de La Pasiega (Cantabria), con una escala trazada hace al menos 64.800 años. Se atribuyen a los neandertales, lo que las convertiría en el arte más antiguo del mundo. Altamira (36.000 años) y El Castillo son los siguientes grandes yacimientos del Paleolítico Superior.

¿Qué son los dólmenes?

Sepulcros megalíticos colectivos de los milenios V-III a.C. Consisten en grandes piedras (ortostatos) cubiertas por una losa (cobija). Los más famosos en España son los de Antequera (Málaga, Patrimonio UNESCO): dólmenes de Menga, Viera y Tholos de El Romeral. Las cuevas de Menga es el monumento megalítico más grande de Europa.

¿Qué rituales hacían en Altamira?

Probablemente ceremonias chamánicas relacionadas con la caza: invocación espiritual antes de la cacería, ritos de paso, iniciaciones juveniles. La cueva no era residencia sino santuario: se entraba para rituales específicos, con antorchas y pinturas. El techo de los bisontes era el espacio sagrado central.

¿Qué son los ídolos oculados?

Figuras esquemáticas del Calcolítico (III milenio a.C.) con dos grandes ojos circulares. Están talladas en hueso, piedra y marfil. Aparecen en tumbas megalíticas de toda la Península, del valle del Tajo al Algarve portugués. Probablemente tenían función religiosa o protectora de los difuntos.

¿Se puede visitar Altamira?

La cueva original está cerrada al público desde 2002 por conservación. Se visita la Neocueva, réplica fiel en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, en Santillana del Mar (Cantabria). También se ofrecen visitas muy limitadas a la cueva original mediante sorteo semanal.

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