Agustina de Aragón: La Mujer del Cañón que Defendió Zaragoza (1808)

Agustina de Aragón (1786–1857)

María de los Ángeles Agustina Raimunda Saragossa Doménech (Reus, 1786 – Ceuta, 1857), conocida universalmente como Agustina de Aragón, es una de las figuras más icónicas de la Guerra de la Independencia y la heroína civil que mejor ha sintetizado, en el imaginario español, el coraje popular frente a Napoleón. Su acto —disparar un cañón abandonado junto a la puerta del Portillo de Zaragoza el 2 de julio de 1808, frenando durante unos minutos cruciales un asalto francés imparable— ha sido contado por Galdós, grabado por Goya, pintado por David Wilkie y cantado por Lord Byron en Childe Harold’s Pilgrimage. Pero detrás del mito hay una mujer real, catalana de nacimiento, hija de un pastelero, con una biografía compleja que sobrevivió al sitio, luchó después en otras campañas, fue apresada por los franceses, condenada a muerte, se fugó, tuvo hijos en campaña, se reinventó en varias identidades militares y terminó sus días viviendo modestamente en Ceuta. El icono existió: pero era más interesante aún que la estampa.

Retrato de Agustina de Aragón por Juan Gálvez
Agustina de Aragón, óleo de Juan Gálvez (hacia 1815)

Una catalana en Zaragoza

Agustina nació en Fulleda (Lleida) el 4 de marzo de 1786, aunque su partida de bautismo se registró en Reus, donde la familia vivió los primeros años. Era hija de un modesto pastelero y de una labradora, emigrados a Barcelona cuando Agustina era niña. A los 17 años, en 1803, se casó con Juan Roca Vilaseca, artillero del Regimiento de Barcelona. Siguiendo a su marido, se trasladó a Zaragoza al comienzo de la guerra en 1808. Tenía 22 años, un hijo pequeño y otro embarazo reciente.

El 2 de julio de 1808: el cañón del Portillo

Desde el 15 de junio, Zaragoza estaba sitiada por el general francés Lefebvre. El día 2 de julio, una columna francesa lanzó un asalto general contra la puerta del Portillo —uno de los puntos más débiles de la defensa, protegido por un parapeto de barricadas precarias—. La artillería española, mal equipada y peor defendida, cedió bajo el fuego francés y los defensores del Portillo fueron rechazados. Los artilleros cayeron muertos o heridos en torno a un cañón del calibre 24 libras abandonado a boca de los franceses.

Agustina, según las crónicas —las del general Palafox, las del escritor militar José Sebastián y Pagola y las de los testigos de la Junta Suprema de Defensa— apareció entonces en el parapeto. Había acudido a llevar comida y agua a los combatientes, práctica habitual de las mujeres zaragozanas durante los sitios. Viendo el cañón abandonado, tomó el botafuego de manos de un artillero moribundo, lo aplicó a la mecha y disparó una descarga de metralla a bocajarro contra la columna asaltante, que avanzaba a menos de treinta metros. La metralla abrió un vacío en la primera línea francesa, causó numerosas bajas y cundió el pánico por pocos minutos: justo los que los refuerzos españoles necesitaron para llegar al Portillo y consolidar la defensa. El asalto del 2 de julio fracasó.

La escena en Goya

El grabado número 7 de Los Desastres de la Guerra de Goya, titulado ¡Qué valor!, muestra a una mujer joven sobre una pila de cadáveres, aplicando fuego a un cañón enorme. Goya, natural de Fuendetodos (a pocos kilómetros de Zaragoza), conocía el episodio de primera mano —vivió algunos meses del segundo sitio en la ciudad— y dedicó a Agustina una de las estampas más célebres de la serie. La imagen fijó el icono visual: la pastelera catalana reconvertida en diosa zaragozana de la artillería.

Reconocimiento y nombramientos

Por orden del general José de Palafox, Capitán General de Aragón, Agustina recibió pensión, el sobrenombre oficial de «la artillera» y el cargo de subteniente de infantería —una rareza absoluta en el ejército español, que reservaba los despachos militares solo a varones nobles o militares de carrera—. A partir de entonces vistió uniforme y portó charreteras; existen retratos de época en los que aparece con casaca militar, fusil y banda.

El segundo sitio y la captura

En el segundo sitio de Zaragoza (diciembre de 1808 – febrero de 1809), Agustina volvió a combatir. La ciudad cayó tras el asalto de los franceses, que la tomaron calle por calle; ella fue capturada mientras intentaba evacuar a heridos. Fue trasladada prisionera a la cárcel de la Seo, donde las tropas napoleónicas la condenaron a muerte por guerrillera. Pocos días antes de la ejecución prevista, se fugó aprovechando un traslado, saltando por una ventana; huyó a Tarragona disfrazada y desde allí se unió al ejército del Duque del Infantado y después al de Blake.

La guerra continúa: Tortosa, Tarragona, Vitoria

Agustina siguió en campaña los años siguientes. Participó en los asedios de Tortosa y Tarragona (1811), donde contrajo un segundo matrimonio con el médico militar Juan Cobo Belluga tras quedar viuda del artillero Roca. Estuvo presente en la batalla de Vitoria (1813) bajo Wellington, que la condecoró personalmente con una medalla británica. En 1814, tras la guerra, volvió a la vida civil con grado de capitán y pensión vitalicia.

Los años posteriores: Ceuta y el olvido relativo

La vida posguerra fue modesta. Cobo Belluga fue trasladado a Ceuta como médico militar y Agustina lo acompañó. Tuvieron una hija —Carlota— que nació en Ceuta y que sería su único descendiente vivo. Allí pasó las últimas cuatro décadas, muriendo el 29 de mayo de 1857 a los 71 años. Fue enterrada en Ceuta con honores militares. En 1870 sus restos fueron exhumados y trasladados a Zaragoza, donde hoy reposan en la iglesia de Nuestra Señora del Portillo —la misma del cañón histórico—, en una urna con el epitafio: «Aquí yace Agustina de Aragón, defensora de Zaragoza. Murió en Ceuta en 1857».

Un icono internacional

La fama de Agustina rebasó pronto las fronteras españolas. Lord Byron, que visitó Sevilla y Cádiz en 1809, inmortalizó su figura en Childe Harold’s Pilgrimage, canto I, con versos que glorifican a «the maid of Saragoza». El pintor escocés David Wilkie la retrató en un óleo famoso, hoy en el Palacio de Buckingham, fruto de un encargo de Fernando VII al rey de Gran Bretaña. Galdós la convirtió en personaje central de su Episodio Nacional Zaragoza. Durante la Primera Guerra Mundial, la propaganda aliada la utilizó como imagen del coraje civil frente a la invasión. Y en 1950 el director Juan de Orduña la llevó al cine con Aurora Bautista en una de las películas más taquilleras del franquismo.

Qué representa

La figura de Agustina de Aragón sigue siendo importante por varias razones que el mito no oculta, sino que hace visibles. Primero, el protagonismo de las mujeres zaragozanas en los sitios —no solo Agustina: Casta Álvarez y Manuela Sancho disparan cañones en episodios paralelos; María Agustín, Florentina Calvete y María Rocafort mueren combatiendo—. Segundo, la guerra popular como fenómeno colectivo, en el que combatientes irregulares, civiles armados y militares profesionales se mezclan sin jerarquía rígida. Y tercero, el papel simbólico de la mujer como alegoría de la nación sitiada y, a la vez, como sujeto real de la defensa.

Agustina murió en Ceuta pobre, lejos de Zaragoza. Pero su nombre permanece en el imaginario español y europeo como el de la primera ciudadana que disparó un cañón contra un ejército imperial y venció —por unos minutos— al mayor estratega militar de la historia europea moderna. En la Zaragoza del Portillo todavía es, dos siglos después, literalmente la heroína de la casa.

Preguntas frecuentes

¿Quién fue Agustina de Aragón?

María de los Ángeles Agustina Saragossa (Reus, 1786 – Ceuta, 1857), catalana conocida como Agustina de Aragón. Se hizo célebre el 2 de julio de 1808 al disparar un cañón abandonado contra los franceses durante el primer sitio de Zaragoza, frenando un asalto crítico de Napoleón.

¿Qué hizo Agustina de Aragón en Zaragoza?

El 2 de julio de 1808, durante el primer sitio, los artilleros del Portillo cayeron bajo el fuego francés. Agustina tomó el botafuego del cañón abandonado y disparó a bocajarro contra la columna asaltante. La metralla abrió un vacío en la primera línea francesa y permitió la llegada de refuerzos españoles.

¿Era realmente aragonesa Agustina de Aragón?

No. Nació en Fulleda (Lleida) en 1786 y se crió en Reus. Era catalana. El apodo «de Aragón» le vino de los sitios de Zaragoza, donde se hizo famosa, y porque se casó con un artillero zaragozano. Las fuentes modernas (Herrero Fernández-Quesada) han documentado la confusión histórica.

¿Qué pasó con Agustina tras la Guerra de la Independencia?

Fue capturada por los franceses y condenada a muerte; se fugó de la cárcel saltando por una ventana. Combatió en Tortosa, Tarragona y la batalla de Vitoria (1813), donde Wellington le concedió una medalla británica. Tras la guerra vivió modestamente y murió en Ceuta en 1857, a los 71 años.

¿Por qué Lord Byron escribió sobre Agustina?

Byron visitó Sevilla y Cádiz en 1809 y quedó impresionado con la noticia reciente de Zaragoza. En Childe Harold's Pilgrimage (canto I) la inmortalizó como «the maid of Saragoza», convirtiéndola en icono internacional del coraje civil frente a Napoleón. El escocés David Wilkie también la retrató al óleo.

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