Bandos de la Guerra Civil Española: Republicanos vs Nacionales

Guerra Civil Española (1936-1939)

Los bandos de la Guerra Civil Española (1936-1939) no fueron dos bloques homogéneos enfrentados, sino dos coaliciones internamente complejas formadas por partidos, sindicatos, facciones militares y grupos sociales con intereses propios y a menudo contradictorios. Por un lado estaba el bando republicano —oficialmente «leal», pero también llamado «rojo» por sus enemigos—, que defendía al gobierno legítimo del Frente Popular elegido en febrero de 1936 y que reunía a socialistas, comunistas, anarquistas, republicanos burgueses y nacionalistas vasco-catalanes. Por otro lado estaba el bando sublevado —que sus integrantes llamaban «nacional» y sus adversarios «fascista»—, encabezado por la mayoría del Ejército y respaldado por la Falange, los carlistas, los monárquicos alfonsinos, la jerarquía católica y los grandes propietarios. Comprender quién estaba en cada bando, qué pensaba y por qué luchaba es esencial para entender la guerra y, sobre todo, su desenlace.

Tropas del bando nacionalista y del bando republicano durante la Guerra Civil Española (1936-1939)
Tropas de los bandos nacionalista y leal/republicano durante la Guerra Civil Española. Imagen vía Wikimedia Commons (CC BY 2.0).

El bando republicano: la coalición del Frente Popular

El bando republicano defendía la continuidad del régimen democrático de la Segunda República, instaurado en 1931. Su núcleo político era el Frente Popular, la coalición electoral que había ganado las elecciones de febrero de 1936 con el apoyo conjunto de los partidos de izquierda y centro-izquierda. El presidente de la República era Manuel Azaña, intelectual republicano de talante moderado; el primer ministro durante el estallido de la guerra fue José Giral, sustituido en septiembre de 1936 por el socialista Francisco Largo Caballero y, en mayo de 1937, por el doctor Juan Negrín, que dirigió la guerra hasta la rendición.

La composición política del bando republicano era extremadamente diversa. Los principales grupos eran:

  • PSOE (Partido Socialista Obrero Español): el partido de Largo Caballero, Indalecio Prieto y Juan Negrín. La fuerza política más numerosa, con dos almas: la moderada (Prieto) y la revolucionaria (Largo Caballero, llamado «el Lenin español»).
  • UGT (Unión General de Trabajadores): el sindicato socialista, con cerca de un millón de afiliados al inicio de la guerra. Aportó masas de milicianos.
  • PCE (Partido Comunista de España): pequeño antes de 1936, creció enormemente durante la guerra gracias al apoyo soviético. Su líder más visible fue Dolores Ibárruri «La Pasionaria».
  • CNT-FAI (Confederación Nacional del Trabajo – Federación Anarquista Ibérica): el movimiento anarcosindicalista, hegemónico en Cataluña y Aragón. Líderes: Buenaventura Durruti, Joan García Oliver, Federica Montseny.
  • POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista): un partido marxista no estalinista, perseguido por el PCE en mayo de 1937. Su líder, Andreu Nin, fue secuestrado y asesinado por el SIM/NKVD soviético.
  • Republicanos burgueses: Izquierda Republicana (partido de Azaña) y Unión Republicana (Diego Martínez Barrio), de tradición liberal-laica.
  • ERC (Esquerra Republicana de Catalunya): el partido catalanista de izquierdas, dominante en la Generalitat, presidida por Lluís Companys.
  • PNV (Partido Nacionalista Vasco): catolicismo y nacionalismo vasco. Apoyó a la República a cambio del Estatuto de Autonomía vasco (octubre 1936). Presidente del primer Gobierno Vasco: José Antonio Aguirre.

Las divisiones internas del bando republicano

La gran debilidad del bando republicano fue su fragmentación interna. Las diferencias estratégicas eran profundas: los anarquistas y el POUM querían una «revolución social inmediata» (colectivización de tierras y fábricas, abolición del Estado), mientras que los comunistas y los republicanos defendían «primero ganar la guerra, después hacer la revolución» y reconstruir un Estado fuerte con un ejército regular. Estas diferencias estallaron en los Hechos de Mayo de Barcelona (3-7 de mayo de 1937), una pequeña guerra civil dentro de la guerra civil entre fuerzas leales al gobierno y militantes anarquistas y poumistas que acabó con cientos de muertos y la disolución del POUM. George Orwell, que combatió en las milicias del POUM, narró el episodio en Homenaje a Cataluña.

El bando sublevado o «nacional»

El bando sublevado agrupaba a las fuerzas que se habían levantado contra el gobierno republicano el 17-18 de julio de 1936. A diferencia del bando republicano, su composición era más sencilla y, sobre todo, su unidad de mando se consolidó rápidamente. Tras la muerte de Sanjurjo (20 de julio de 1936) y el asesinato de Calvo Sotelo (13 de julio, que fue el detonante inmediato del golpe), el liderazgo recayó en los generales africanistas. Mola dirigía el Norte; Franco, el Sur. El 1 de octubre de 1936, en Burgos, Franco fue nombrado Generalísimo y Jefe del Gobierno del Estado; meses después se proclamó Caudillo. La muerte de Mola en accidente aéreo (3 de junio de 1937) eliminó al único rival potencial.

Componentes políticos del bando nacional

  • El Ejército sublevado: los generales africanistas (Franco, Mola, Yagüe, Queipo de Llano, Varela), oficiales monárquicos y los cuerpos de élite del Ejército de África (Legión, Regulares marroquíes), las mejores tropas profesionales del país.
  • Falange Española y de las JONS: el partido fascista español, fundado por José Antonio Primo de Rivera (fusilado en Alicante el 20 de noviembre de 1936). Tras su muerte, José Antonio se convirtió en el «Ausente» mítico del franquismo. La Falange aportó milicias civiles armadas.
  • Carlistas o Requetés: el movimiento tradicionalista, fuerte en Navarra y el País Vasco rural, defensor del catolicismo, la monarquía tradicional y los fueros. Sus milicias —los Requetés, con boina roja— combatieron como infantería de élite.
  • Monárquicos alfonsinos: partidarios del rey Alfonso XIII, exiliado en 1931. Liderados por el coronel Antonio Aranda y el monárquico José Calvo Sotelo (asesinado el 13 de julio de 1936).
  • CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas): el partido católico de masas de Gil-Robles. Aunque su líder no participó directamente en el golpe, gran parte de sus militantes pasaron al bando sublevado.
  • Iglesia católica: la jerarquía bendijo abiertamente la «Cruzada» (Carta Colectiva del Episcopado, julio 1937). Solo el clero vasco y catalán se mantuvo en gran parte fiel a la República.
  • Grandes propietarios y banca: hacendados rurales, oligarquía industrial y financiera, que apoyaron económicamente la sublevación.

El Decreto de Unificación de 1937

El 19 de abril de 1937, Franco unificó por decreto a la Falange y a los carlistas en un único partido oficial: la Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET y de las JONS). Fue una operación política maestra: eliminó cualquier rivalidad entre las dos fuerzas civiles del bando, le dio a Franco el control único del partido y simbólicamente fundió las camisas azules falangistas con las boinas rojas carlistas. Esa misma combinación —camisa azul, boina roja, brazo en alto— sería la imagen del régimen franquista durante cuatro décadas. El «cuñado» Ramón Serrano Súñer fue el arquitecto político de la unificación.

El apoyo internacional: la guerra fría que precedió a la mundial

Quién apoyó a los sublevados

El bando sublevado contó con el apoyo militar masivo y continuo de la Alemania nazi y la Italia fascista. Hitler envió a la Legión Cóndor (cerca de 19.000 hombres rotando, con cazas Messerschmitt Bf 109, bombarderos Junkers Ju 87 Stuka y Heinkel He 111), que ensayó en España las tácticas de guerra aérea que aplicaría en la Segunda Guerra Mundial. Mussolini envió el Corpo Truppe Volontarie (CTV), unos 78.000 hombres en total, además de aviones, tanques, submarinos y artillería. Portugal de Salazar apoyó con voluntarios (los Viriatos) y permitió el tránsito de armas. El Vaticano reconoció al gobierno de Burgos en 1937.

Quién apoyó a la República

La República recibió ayuda principalmente de la Unión Soviética: tanques T-26 y BT-5, cazas Polikarpov I-15 e I-16 («chatos» y «moscas»), asesores militares y oficiales del NKVD. A cambio, la URSS recibió la mayor parte de las reservas de oro del Banco de España (el llamado «oro de Moscú», unas 510 toneladas, valoradas hoy en miles de millones). México, gobernado por Lázaro Cárdenas, apoyó políticamente a la República y acogió a miles de exiliados tras la guerra. Las democracias occidentales —Reino Unido y Francia, principalmente— firmaron en agosto de 1936 el Pacto de No Intervención, una farsa diplomática que en la práctica perjudicó a la República al cortarle el suministro legal de armas mientras Italia y Alemania ignoraban el pacto.

Las Brigadas Internacionales

La principal forma de solidaridad democrática con la República fueron las Brigadas Internacionales: unos 40.000 voluntarios de 53 países (estadounidenses, británicos, franceses, alemanes antinazis, italianos antifascistas, polacos, irlandeses, latinoamericanos) que combatieron en el bando republicano organizados por la Internacional Comunista. Llegaron a Madrid en noviembre de 1936 y combatieron en todas las grandes batallas (Madrid, Jarama, Guadalajara, Brunete, Teruel, Ebro). Negrín las disolvió en septiembre de 1938 como gesto unilateral hacia la Sociedad de Naciones, en un fallido intento de convencer a Italia y Alemania de que retiraran a sus tropas. La despedida de las Brigadas en Barcelona el 28 de octubre de 1938 incluyó el famoso discurso de «Volveréis» de la Pasionaria.

La represión en ambos bandos

Una de las características más sombrías de la Guerra Civil Española fue la represión masiva contra civiles en ambas retaguardias. En la zona republicana, los primeros meses de guerra (julio-noviembre de 1936) fueron de violencia revolucionaria descontrolada: militantes anarquistas, comunistas y socialistas asesinaron a unos 50.000 civiles considerados enemigos de clase, sacerdotes (cerca de 7.000 religiosos murieron, en su mayoría en julio-septiembre de 1936), militares conservadores y derechistas. Episodios particularmente sangrientos: Paracuellos del Jarama (noviembre-diciembre 1936, unos 2.000-5.000 muertos), las matanzas de la Modelo de Madrid y la quema de iglesias del verano de 1936.

En la zona sublevada, la represión fue sistemática, planificada y duradera. Mola había ordenado en sus instrucciones reservadas (mayo 1936) «eliminar sin contemplaciones a todos los que no piensen como nosotros». Solo durante la guerra, las cifras se sitúan en torno a los 100.000-150.000 muertos en la represión franquista, con episodios particularmente brutales: la matanza de Badajoz (14 de agosto de 1936, 1.800-4.000 fusilados en la plaza de toros), la represión en Sevilla bajo Queipo de Llano, el asesinato de Federico García Lorca en Granada (18 de agosto de 1936), las «sacas» de presos en Granada, Córdoba o Málaga. La represión continuó tras la guerra: unos 50.000 fusilamientos entre 1939 y 1945 y cerca de 270.000 presos hacinados en cárceles y campos de concentración.

Por qué ganaron los nacionales y perdieron los republicanos

La victoria del bando sublevado se explica por una combinación de factores estructurales y contingentes. Estructurales: el control del Ejército profesional (especialmente del Ejército de África), la unidad de mando bajo Franco desde octubre de 1936, el apoyo continuo y abundante de Hitler y Mussolini, y el control desde el inicio de zonas con superávit alimentario (Castilla, Andalucía occidental, Extremadura cerealistas). Contingentes: el Pacto de No Intervención que aisló diplomáticamente a la República, el cierre de la frontera francesa a partir de junio de 1938, la pérdida del Norte industrial en 1937 (siderurgia, carbón, fábricas de armas), las divisiones internas republicanas (Hechos de Mayo de 1937, golpe de Casado de 1939) y, finalmente, el desgaste militar tras la batalla del Ebro de 1938.

Para profundizar en el desarrollo militar del conflicto, ver el artículo sobre las fases de la Guerra Civil Española y la cronología completa de las grandes batallas.

Preguntas frecuentes sobre los bandos de la Guerra Civil

¿Cuáles fueron los dos bandos de la Guerra Civil Española?

Los dos bandos enfrentados fueron el bando republicano (también llamado «leal» o «rojo» por sus enemigos) y el bando sublevado (que sus integrantes llamaban «nacional» y sus adversarios «fascista»). El bando republicano defendía al gobierno legítimo del Frente Popular, electo en febrero de 1936, y agrupaba a socialistas, comunistas, anarquistas, republicanos y nacionalistas vasco-catalanes. El bando sublevado lo formaban los militares golpistas encabezados por Franco junto a falangistas, carlistas, monárquicos, la jerarquía católica y los grandes propietarios.

¿Quién apoyó a cada bando en la Guerra Civil?

El bando sublevado contó con el apoyo militar masivo de la Alemania nazi (Legión Cóndor, 19.000 hombres) y la Italia fascista (Corpo Truppe Volontarie, 78.000 hombres), además del apoyo del Portugal de Salazar y el reconocimiento del Vaticano. El bando republicano recibió ayuda principalmente de la Unión Soviética (tanques T-26, cazas Polikarpov, asesores) y de México. Las democracias occidentales firmaron el Pacto de No Intervención (agosto 1936) que en la práctica perjudicó a la República. La solidaridad civil con la República llegó vía las Brigadas Internacionales: 40.000 voluntarios de 53 países.

¿Por qué se llamaban «nacionales» los sublevados?

Los sublevados se autodenominaron «nacionales» o «nacionalistas» como término propagandístico para identificarse con la nación frente al «anti-España» que decían encarnar sus enemigos. La terminología se consolidó tras el nombramiento de Franco como Generalísimo y Jefe del Estado el 1 de octubre de 1936 en Burgos. Sus enemigos los llamaban «fascistas» o «sublevados» (más correcto históricamente, ya que se levantaron contra un gobierno legítimo). En la documentación neutral del s. XX se usa preferentemente «sublevados» o «franquistas».

¿Cuáles eran las divisiones internas del bando republicano?

El bando republicano estaba profundamente dividido entre dos estrategias: los anarquistas (CNT-FAI) y el POUM defendían la «revolución social inmediata» (colectivización de tierras y fábricas), mientras que los comunistas (PCE) y los republicanos burgueses defendían «primero ganar la guerra, después hacer la revolución» y reconstruir un Estado fuerte. La tensión estalló en los Hechos de Mayo de Barcelona (3-7 de mayo de 1937), una pequeña guerra civil dentro de la guerra civil que acabó con cientos de muertos, la disolución del POUM y el asesinato de su líder Andreu Nin por agentes del NKVD soviético.

¿Qué fue el Decreto de Unificación de 1937?

El Decreto de Unificación, firmado por Franco el 19 de abril de 1937, fusionó por decreto a la Falange Española y a los carlistas (tradicionalistas) en un único partido oficial: la Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET y de las JONS). Fue una operación política diseñada por Ramón Serrano Súñer, cuñado de Franco, para eliminar la rivalidad entre las dos fuerzas civiles del bando y dar a Franco el control único del partido. Simbólicamente fundió la camisa azul falangista con la boina roja carlista, que serían la imagen del franquismo durante 40 años.

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