La Guerra de Sucesión Española (1701-1714) fue uno de los conflictos más decisivos del siglo XVIII y el primer gran enfrentamiento europeo de la Edad Moderna. Lo que empezó como una disputa dinástica por quién debía heredar el trono de España tras la muerte sin descendencia de Carlos II “el Hechizado” (último rey Habsburgo español) se convirtió en una guerra europea generalizada que enfrentó a Francia y los Borbones con Inglaterra, Holanda, Austria y el resto de potencias europeas, y al mismo tiempo en una guerra civil española entre los partidarios del candidato Borbón (Felipe V, apoyado por Castilla) y los del candidato Habsburgo (el archiduque Carlos, apoyado por la Corona de Aragón). Su desenlace —la victoria borbónica consolidada con el Tratado de Utrecht de 1713 y los Decretos de Nueva Planta de 1707-1716— transformó para siempre la monarquía española: abolió los fueros de Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca, unificó jurídicamente el país al estilo francés centralista, y marcó el paso definitivo del Siglo de Oro al siglo ilustrado.

Carlos II el Hechizado y el problema sucesorio
Carlos II (1661-1700), último rey de la Casa de Austria en España, había heredado el trono con apenas 4 años y había reinado durante 35 en condiciones penosas. Era producto de generaciones de matrimonios consanguíneos de la dinastía Habsburgo (su madre Mariana de Austria era sobrina de su padre Felipe IV): los análisis genéticos modernos han calculado que su coeficiente de endogamia era equivalente al de un hijo de hermanos, y sufría múltiples problemas físicos y cognitivos. Casado dos veces sin poder tener descendencia, Carlos II se debatió durante años con la angustia sucesoria. Al final de su vida, cada vez más enfermo y manipulado por facciones rivales en su propia corte, tuvo que decidir a quién dejaba la herencia.
Había tres candidatos principales:
- El archiduque Carlos de Austria, hijo del emperador Leopoldo I y de María Antonia (hija de Felipe IV). Por parte Habsburgo, era el candidato natural para conservar la monarquía en manos de la misma dinastía que había gobernado España durante 200 años.
- El duque Felipe de Anjou, nieto del rey francés Luis XIV y de María Teresa (hija de Felipe IV y hermana de Carlos II). Por parte francesa, tenía derechos dinásticos similares a través de su abuela materna.
- El príncipe José Fernando de Baviera, candidato de compromiso, bisnieto de Felipe IV por vía materna, favorecido inicialmente por las potencias europeas porque evitaba dar el trono español a una de las dos grandes dinastías rivales.
En 1699, el príncipe José Fernando —la solución de compromiso— murió repentinamente con 7 años, eliminando al candidato neutral. Carlos II quedó frente a la elección imposible entre Francia y Austria. En su lecho de muerte, presionado por el entorno francófilo del cardenal Portocarrero, firmó un testamento en el que dejaba íntegra la herencia española al duque de Anjou. Carlos II murió el 1 de noviembre de 1700.
Felipe V y la reacción europea
Felipe, duque de Anjou, fue proclamado rey como Felipe V de España el 16 de noviembre de 1700 con apenas 16 años y llegó a Madrid en febrero de 1701. La llegada de un Borbón al trono español rompía el equilibrio europeo: si Francia y España quedaban unidas por una misma dinastía (aunque no por una misma corona), Luis XIV se convertía en el soberano más poderoso de Europa con mucha diferencia, controlando además buena parte del comercio atlántico y los vastos dominios americanos españoles.
Inglaterra, Holanda, Austria, Portugal, Saboya, Prusia y numerosos estados alemanes formaron la Gran Alianza de La Haya en septiembre de 1701 para oponerse al ascenso francés e imponer al archiduque Carlos como rey alternativo de España. La guerra estalló formalmente en mayo de 1702. En España, el archiduque Carlos fue reconocido como “Carlos III” por la Corona de Aragón (Aragón, Cataluña, Valencia, Mallorca), mientras que Castilla permaneció fiel al Borbón. Se convirtió en una guerra civil doble: entre España y Europa, y dentro de España entre los dos bandos peninsulares.
Las grandes campañas europeas
La guerra se libró en varios frentes simultáneos: Países Bajos, Alemania, Italia, España y las colonias americanas. Dos generales aliados destacaron: el duque de Marlborough (antepasado de Winston Churchill), al mando de las fuerzas inglesas y holandesas, y el príncipe Eugenio de Saboya, al mando de las imperiales. Juntos lograron victorias decisivas contra Francia en Blenheim (1704), Ramillies (1706), Oudenaarde (1708) y Malplaquet (1709). La Francia de Luis XIV, agotada militar y económicamente, parecía cerca de la derrota.
En España, el archiduque Carlos llegó a ocupar Madrid dos veces (1706 y 1710), pero en ambas ocasiones la población castellana le fue abiertamente hostil. Felipe V, apoyado por las tropas francesas y por la mayor parte de la nobleza castellana, recuperó la capital en ambas ocasiones. La batalla decisiva en el frente peninsular fue Almansa (25 de abril de 1707), en la que el general franco-borbónico James Fitz-James (duque de Berwick, hijo natural del rey inglés Jaime II) derrotó aplastantemente a las fuerzas austracistas del general inglés Galway. La victoria de Almansa puso en manos de Felipe V los reinos de Valencia y Aragón.
El sitio de Barcelona (1713-1714)
El punto de inflexión estratégico llegó en 1711, cuando el emperador austriaco José I murió sin descendencia y su hermano, el archiduque Carlos —candidato austracista al trono de España—, se convirtió automáticamente en emperador Carlos VI del Sacro Imperio. Las potencias aliadas (Inglaterra, Holanda) se horrorizaron: si Carlos VI acumulaba el Imperio Romano Germánico y España y sus colonias, se reconstituiría el imperio de Carlos V del siglo XVI, exactamente lo que habían querido evitar al oponerse a Luis XIV. Inglaterra dio un giro brusco: inició negociaciones secretas con Francia y firmó la paz con Felipe V (la Paz de Utrecht de abril de 1713), abandonando al archiduque y a sus aliados catalanes.
Abandonada por los aliados, Cataluña quedó sola frente a las fuerzas de Felipe V. La generalidad y el Consejo de Ciento de Barcelona decidieron heroicamente resistir, proclamando que «primero moriríamos nosotros que rendirnos». El ejército franco-español al mando del duque de Berwick puso cerco a Barcelona a partir del 25 de julio de 1713. El asedio duró 13 meses, durante los cuales los defensores —comandados por el consejero Rafael de Casanova— resistieron con una determinación extraordinaria a pesar del hambre, las enfermedades y los bombardeos. La ciudad, con apenas 6.000 defensores, rechazó varios asaltos y envió embajadas desesperadas a Londres y Viena pidiendo socorro que nunca llegaría.
En la madrugada del 11 de septiembre de 1714, el ejército borbónico lanzó el asalto final sobre las murallas de la Ciudadela. Tras una jornada de combate feroz en las calles de Barcelona, Rafael de Casanova cayó gravemente herido llevando el estandarte de Santa Eulàlia. La ciudad capituló al anochecer. La fecha —11 de septiembre de 1714— se ha convertido desde 1980 en la Diada Nacional de Catalunya, fiesta oficial de la comunidad autónoma que conmemora el fin de las libertades catalanas en la Guerra de Sucesión.
Los Tratados de Utrecht, Rastatt y Baden (1713-1714)
La paz se firmó en dos momentos: el Tratado de Utrecht (abril de 1713) entre Francia/España por un lado y Inglaterra, Holanda, Portugal, Saboya y Prusia por otro; el Tratado de Rastatt-Baden (1714) entre Francia y el Imperio Austriaco, que había quedado fuera del primer tratado. Los principales resultados para España fueron:
- Reconocimiento de Felipe V como rey de España y sus Indias, a cambio de su renuncia formal a heredar también la corona de Francia (para evitar la unión dinástica).
- Pérdida de los territorios europeos de la monarquía hispánica: los Países Bajos españoles y Milán pasaron a Austria, Cerdeña a Saboya (luego cambiada por Sicilia), Nápoles al Imperio y el Principado de Orange a Francia.
- Cesión a Inglaterra de Gibraltar (tomada en 1704 por los ingleses durante la guerra) y Menorca, con concesiones comerciales sobre América: el “Navío de Permiso” (derecho a enviar un navío anual al comercio americano) y el “Asiento de Negros” (monopolio de la trata de esclavos africanos en América hispana durante 30 años). Gibraltar sigue siendo territorio británico hoy.
Los Decretos de Nueva Planta (1707-1716)
Una vez consolidada su victoria, Felipe V promulgó una serie de decretos conocidos como Decretos de Nueva Planta que transformaron radicalmente la estructura de la monarquía española:
- Valencia y Aragón (1707): tras la batalla de Almansa, el decreto abolió los Fueros valencianos y aragoneses, imponiendo la legislación castellana, suprimiendo las Cortes propias, y justificando la medida con el argumento del “derecho de conquista” porque ambos reinos se habían rebelado contra su legítimo rey.
- Mallorca (1715): tras la caída de la isla, se abolió su régimen foral.
- Cataluña (1716): tras la caída de Barcelona, se promulgó el decreto más importante, que abolía la Generalitat, las Cortes catalanas, el sistema jurídico propio y las instituciones municipales independientes. El catalán fue oficialmente sustituido por el castellano en la administración.
Los Decretos de Nueva Planta establecieron el modelo centralista francés en España: unificación jurídica, fiscal y administrativa al estilo de Luis XIV. Terminaron con el sistema pluralista medieval de Coronas, fueros y autonomías que había caracterizado a la monarquía española durante tres siglos. Navarra y las provincias vascas conservaron sus fueros por haber apoyado al bando borbónico. El resultado fue una España nueva, más homogénea y moderna en términos administrativos, pero al precio de abolir unas libertades que en los territorios afectados serían reivindicadas sistemáticamente desde el siglo XIX hasta hoy.
Consecuencias de largo plazo
La Guerra de Sucesión Española cambió la historia de España y la de Europa:
- Cambio de dinastía: España pasó de los Habsburgo a los Borbones, dinastía que reina hoy todavía con Felipe VI, el sexto Borbón en el trono español desde 1700.
- Fin del imperio europeo de la monarquía hispánica: la pérdida de los Países Bajos, Italia y Gibraltar redujo a España a la Península, los archipiélagos y el Imperio americano.
- Centralismo: la abolición de los fueros de la Corona de Aragón marcó el nacimiento del modelo centralista español, vigente en lo fundamental hasta 1978.
- Catalanismo contemporáneo: la memoria del 11 de septiembre de 1714 y de la abolición de las libertades catalanas por los Decretos de Nueva Planta constituye uno de los pilares del nacionalismo catalán contemporáneo.
- Gibraltar: la pérdida del peñón, ratificada en Utrecht, sigue siendo uno de los contenciosos internacionales más antiguos del mundo, 310 años después.
Preguntas frecuentes
Fue el conflicto bélico que se libró entre 1701 y 1714 por la sucesión al trono de España tras la muerte sin descendencia de Carlos II "el Hechizado", último Habsburgo español. Enfrentó al candidato borbón, Felipe de Anjou (nieto de Luis XIV, proclamado Felipe V), contra el candidato Habsburgo, el archiduque Carlos de Austria. Se convirtió en una guerra europea generalizada (Francia y España contra Inglaterra, Holanda, Austria y el resto de potencias) y al mismo tiempo en una guerra civil española, con Castilla apoyando al Borbón y la Corona de Aragón (Cataluña, Valencia, Aragón, Mallorca) apoyando al Habsburgo.
Ganó el bando borbónico: Felipe V fue reconocido como rey de España, iniciando la dinastía borbónica que reina hoy todavía con Felipe VI. Pero la victoria tuvo un coste elevado para España: en los Tratados de Utrecht (1713) y Rastatt-Baden (1714) tuvo que ceder sus territorios europeos (Países Bajos españoles y Milán a Austria, Nápoles al Imperio, Cerdeña/Sicilia a Saboya) y además Gibraltar y Menorca a Inglaterra. El imperio europeo de España se acabó y el país quedó reducido a la Península, los archipiélagos y las colonias americanas.
El 11 de septiembre de 1714, tras 13 meses de asedio, el ejército franco-español al mando del duque de Berwick tomó Barcelona, último reducto austracista en España. Los defensores, encabezados por el consejero Rafael de Casanova (gravemente herido ese día), habían resistido heroicamente pese a haber sido abandonados por los aliados ingleses y holandeses tras el Tratado de Utrecht. La caída de Barcelona puso fin a la Guerra de Sucesión en España y supuso la abolición de las instituciones catalanas. Desde 1980 esta fecha se celebra como la Diada Nacional de Catalunya.
Son una serie de decretos promulgados por Felipe V entre 1707 y 1716 que transformaron radicalmente la estructura de la monarquía española. Abolieron los fueros, las Cortes propias, el sistema jurídico y las instituciones municipales de Valencia y Aragón (1707), Mallorca (1715) y Cataluña (1716), imponiendo la legislación y administración castellanas. El catalán fue oficialmente sustituido por el castellano en la administración pública. Justificaron la medida con el argumento del "derecho de conquista" porque estos territorios habían apoyado al archiduque Carlos. Navarra y las provincias vascas conservaron sus fueros por haber apoyado al bando borbónico. Los decretos establecieron el modelo centralista español al estilo francés.
Gibraltar fue tomada por una flota anglo-holandesa el 4 de agosto de 1704 durante la Guerra de Sucesión, oficialmente en nombre del archiduque Carlos. Tras el Tratado de Utrecht de 1713, Inglaterra exigió conservar la plaza como compensación por su apoyo al bando borbónico en la fase final de la guerra. El Tratado de Utrecht cedió oficialmente Gibraltar a la Corona Británica "a perpetuidad" junto con la isla de Menorca (esta última fue recuperada por España en 1782). Gibraltar sigue siendo territorio británico en el siglo XXI, 310 años después, y es uno de los contenciosos internacionales más antiguos del mundo.
Carlos II de España (1661-1700) era producto de varias generaciones de matrimonios consanguíneos en la Casa de Austria: su madre Mariana era sobrina de su padre Felipe IV. Los estudios genéticos modernos calculan que su coeficiente de endogamia era equivalente al de un hijo de hermanos. Sufría múltiples problemas físicos y cognitivos: era débil, enfermizo, con la mandíbula prognata típica de los Habsburgo, e incapaz de tener descendencia con sus dos esposas. Los contemporáneos atribuyeron sus problemas a una supuesta brujería ("hechizo") y le dieron el apodo de "el Hechizado". En realidad, su drama era puramente genético, pero no lo sabían.