La Inquisición Española: Historia, Procedimientos y Leyenda Negra

Inquisición Española (1478–1834)

La Inquisición Española o Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición fue una institución judicial-religiosa creada en 1478 por los Reyes Católicos Isabel y Fernando, con autorización papal, para vigilar la ortodoxia católica en sus reinos. Actuó de manera continuada durante casi 356 años, hasta su abolición definitiva en 1834, convirtiéndose en una de las instituciones más longevas y polémicas de la historia española. Su figura ha alimentado durante siglos la llamada “leyenda negra” antiespañola, pero la investigación historiográfica de las últimas décadas ha matizado profundamente la imagen tradicional.

Auto de fe, por Pedro Berruguete (1495). Museo del Prado, Madrid.
Auto de fe, por Pedro Berruguete (1495). Museo del Prado, Madrid.

Origen: la creación por los Reyes Católicos (1478)

La Inquisición Española no fue la primera inquisición europea. Existía ya una Inquisición medieval desde el siglo XIII, creada por el papa Gregorio IX en 1231 para combatir la herejía cátara, que había actuado en Francia y en la Corona de Aragón con escaso protagonismo. La novedad de la Inquisición Española fue su dependencia de la Corona en lugar del papa: mientras el nombramiento del Inquisidor General requería bula pontificia, el control efectivo de la institución (nombramientos, presupuesto, jurisdicción) estaba en manos de los reyes.

El contexto que motivó su creación fue el llamado “problema converso”. Tras las matanzas antisemitas de 1391, que destruyeron las grandes aljamas (juderías) de Sevilla, Córdoba, Toledo o Barcelona, decenas de miles de judíos se convirtieron forzadamente al cristianismo para salvar la vida. A lo largo del siglo XV, estos judeoconversos o cristianos nuevos fueron escalando posiciones en la sociedad castellana —como cortesanos, funcionarios, médicos, comerciantes— y se formó en torno a ellos una creciente sospecha de que mantenían en secreto las prácticas judías. Los cronistas de la época hablaban de “criptojudaísmo”. La Inquisición fue creada específicamente para investigar estas prácticas.

El papa Sixto IV autorizó su creación mediante la bula Exigit sincerae devotionis affectus del 1 de noviembre de 1478. Los primeros inquisidores fueron nombrados en Sevilla en 1480, y el primer auto de fe se celebró en esa misma ciudad el 6 de febrero de 1481, con seis ejecutados.

Estructura y funcionamiento

El Consejo de la Suprema

En 1483 se creó el Consejo de la Suprema y General Inquisición (la “Suprema”), con sede primero en Sevilla y luego en Madrid, como órgano central de la institución. Era uno de los Consejos de la Monarquía, al mismo nivel que los de Castilla o Indias. Lo presidía el Inquisidor General, nombrado por el rey y confirmado por el papa. El primero y más famoso fue Tomás de Torquemada (1420-1498), dominico y confesor de Isabel la Católica, cuya figura ha quedado asociada para siempre al estereotipo sombrío de la Inquisición.

Los tribunales de distrito

La Inquisición organizó tribunales regionales en las principales ciudades de los reinos hispánicos: Sevilla, Toledo, Valladolid, Córdoba, Zaragoza, Valencia, Barcelona, Granada, Mallorca, Cuenca, Logroño, Murcia, Santiago, Sicilia, Cerdeña, Cartagena de Indias, Lima, México. Cada tribunal tenía dos inquisidores, un fiscal, un alguacil, notarios, calificadores (teólogos que evaluaban la ortodoxia de las proposiciones), familiares (colaboradores laicos) y consultores. El conjunto movilizaba a unas 2.000 personas en toda su red.

El procedimiento

Un proceso inquisitorial seguía habitualmente estas fases: denuncia (espontánea o tras un “Edicto de Fe” leído en misa pidiendo delaciones), testificación, calificación de los hechos por teólogos, detención y encarcelamiento en las “cárceles secretas”, interrogatorios (inicialmente sin informar al reo de los cargos), defensa mediante un abogado designado, sentencia y auto de fe público. El tormento era utilizado, como en toda la justicia europea de la época, pero con regulación estricta: no más de media hora, no podía causar derramamiento de sangre ni mutilación, debía estar presente un médico y solo podía aplicarse una vez. Contra la leyenda, los historiadores calculan que menos del 10% de los procesados sufrieron tortura inquisitorial, un porcentaje inferior al de los tribunales civiles europeos de la época.

Los delitos perseguidos

Aunque la imagen popular asocia la Inquisición con la caza de brujas o la represión del protestantismo, la mayor parte de sus procesos tuvieron por objeto otras categorías de “delitos contra la fe”:

  • Criptojudaísmo (mantenimiento secreto de prácticas judías por parte de cristianos nuevos): dominante en el siglo XV-XVI y repunte en el XVII con los conversos portugueses.
  • Mahometismo (prácticas islámicas por parte de moriscos): especialmente tras las conversiones forzadas de 1502 en Castilla y 1525 en Aragón, hasta la expulsión de los moriscos en 1609.
  • Luteranismo o protestantismo: en los siglos XVI y XVII, los “luteranos” (todos los protestantes eran llamados así) eran perseguidos sobre todo entre comerciantes extranjeros y literatos humanistas.
  • Proposiciones heréticas: afirmaciones contrarias al dogma hechas por cristianos viejos, a menudo como blasfemias o bromas en tabernas.
  • Alumbradismo, quietismo, iluminismo: corrientes místicas consideradas desviadas.
  • Delitos sexuales considerados heréticos: bigamia, solicitación de confesores, sodomía (en la Corona de Aragón), bestialismo.
  • Brujería: mucho menos intensa que en el norte de Europa. El auto de fe de Logroño de 1610 sobre las brujas de Zugarramurdi fue el mayor, con 6 ejecuciones. Tras ese proceso, el inquisidor Alonso de Salazar y Frías concluyó que «no hubo brujas ni embrujados en el lugar hasta que se comenzó a tratar y escribir dellos». La Suprema prohibió desde entonces nuevas persecuciones.
  • Censura de libros: mediante los Índices de libros prohibidos (el primero español de 1551, luego el de Valdés de 1559), que restringieron el acceso a la Biblia en lengua vulgar, a Erasmo y a numerosos autores humanistas.

Los autos de fe

El auto de fe (literalmente “acto de fe”) era la ceremonia pública en la que se proclamaban las sentencias contra los reos. No eran ejecuciones en sí —la pena capital se ejecutaba después, por el brazo secular— sino ceremonias litúrgicas solemnes en las que los condenados salían en procesión vestidos con el sambenito (hábito amarillo con cruz roja de San Andrés para los penitentes, pintado con llamas para los “relajados” al brazo secular), escuchaban su sentencia en una plaza pública y pronunciaban su retractación ante los inquisidores y la autoridad real o municipal.

Los mayores autos de fe se celebraron en Madrid (Plaza Mayor), Toledo, Sevilla o Valladolid, y a veces contaban con la presencia del propio rey. El más famoso fue el de Madrid el 30 de junio de 1680, presidido por Carlos II y su esposa María Luisa de Orleans, con 118 procesados y 21 ejecutados, inmortalizado en un cuadro de Francisco Rizi que cuelga en el Prado. Los autos de fe eran espectáculos masivos que combinaban rito, castigo público, entretenimiento popular y reafirmación de la ortodoxia.

Cifras: mitos y realidad

Las cifras de víctimas de la Inquisición han sido uno de los terrenos más politizados de su historia. La “leyenda negra” difundida desde el siglo XVI por panfletistas protestantes como Reginaldo González Montano habló de «millones de víctimas», cifras absolutamente fantásticas. Los historiadores contemporáneos con acceso a los archivos inquisitoriales —Henry Kamen, Ricardo García Cárcel, Jaime Contreras, Gustav Henningsen— han producido estimaciones mucho más moderadas basadas en las series documentales originales.

Entre 1480 y 1820, la Inquisición Española procesó aproximadamente 150.000 personas en la Península y los virreinatos americanos. De estos, fueron ejecutados en la hoguera o “relajados al brazo secular” entre 3.000 y 5.000, una media de unas 15 ejecuciones anuales en todo el territorio imperial. La mayoría de las sentencias no fueron capitales sino penas menores: multa, cárcel perpetua (raramente ejecutada), reclusión en conventos, azotes, destierro, galeras, sambenito de exhibición pública, confiscación de bienes o simple penitencia. La cifra total de ejecuciones es, de lejos, inferior a la de la caza de brujas europea contemporánea (50.000-60.000 víctimas entre los siglos XV y XVII, concentradas sobre todo en Alemania, Suiza y Escocia).

El fin de la Inquisición (1808-1834)

La Inquisición fue suprimida por primera vez por Napoleón en diciembre de 1808 durante la ocupación francesa, y abolida por las Cortes de Cádiz en 1813. Fernando VII la restauró al recuperar el trono en 1814, pero su funcionamiento en el siglo XIX fue cada vez más residual y simbólico. Tras la muerte del rey en 1833, la regente María Cristina abolió definitivamente la institución por el Real Decreto del 15 de julio de 1834. Las sentencias de la Inquisición durante sus últimos años habían sido escasísimas, y entre 1780 y 1820 apenas se contaba ya ninguna ejecución capital. La última víctima documentada —el maestro valenciano Cayetano Ripoll, acusado de deísmo y ahorcado en Valencia el 26 de julio de 1826— fue ejecutada por un tribunal civil diocesano, no por la Inquisición propiamente dicha, aunque popularmente se le recuerda como “la última víctima de la Inquisición”.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se creó la Inquisición Española?

El 1 de noviembre de 1478, mediante la bula papal Exigit sinceras devotionis affectus de Sixto IV a petición de los Reyes Católicos. Empezó a operar en Sevilla en 1480 con el primer auto de fe. Dependía directamente del monarca español, no del Vaticano.

¿Para qué servía la Inquisición Española?

Oficialmente, para garantizar la ortodoxia católica entre los conversos. Perseguía a judaizantes (conversos que supuestamente seguían el judaísmo), moriscos, protestantes, alumbrados, brujería y bigamia. De facto también ejerció control político-social y censura ideológica durante más de tres siglos.

¿Cuándo se abolió la Inquisición Española?

Definitivamente el 15 de julio de 1834, por real decreto de la reina regente María Cristina de Borbón, madre de Isabel II. Había sido abolida previamente por las Cortes de Cádiz en 1813 y por el Trienio Liberal en 1820, pero restaurada en ambas ocasiones por Fernando VII.

¿A cuántas personas ejecutó la Inquisición Española?

Las estimaciones modernas hablan de 3.000-5.000 condenados a muerte en sus 356 años de actividad, una cifra muy inferior a la «leyenda negra» tradicional. La mayoría de los procesados (entre 125.000 y 150.000) recibieron penas menores: confiscación, prisión, destierro o abjuración pública.

¿Qué era un auto de fe?

Un acto público y solemne en el que se leían las sentencias inquisitoriales y se ejecutaban las penas. Los condenados desfilaban con el sambenito ante autoridades civiles y eclesiásticas. Las ejecuciones por brazo secular (la hoguera) se realizaban después, fuera del recinto sagrado.

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