Las Calzadas Romanas de Hispania: la Vía Augusta y la Vía de la Plata

Hispania romana

Las calzadas romanas fueron mucho más que caminos: constituyeron el sistema nervioso del Imperio. En Hispania, una densa red de vías unió puertos, ciudades, minas y campamentos militares, permitiendo el movimiento de legiones, mercancías, correos y viajeros a lo largo de miles de kilómetros. Algunas de aquellas rutas siguen vivas hoy bajo carreteras, cañadas y senderos.

Calzada romana empedrada conservada en el Capsacosta
Tramo empedrado de calzada romana, como las que vertebraron Hispania.

La Vía Augusta y la Vía de la Plata fueron las dos grandes arterias de la Península. La primera recorría todo el litoral mediterráneo desde los Pirineos hasta Cádiz; la segunda atravesaba el oeste de norte a sur. Juntas vertebraron la Hispania romana y fueron uno de los grandes instrumentos de su romanización.

Cómo se construía una calzada

Las calzadas romanas eran auténticas obras de ingeniería pensadas para durar siglos. Los agrimensores trazaban primero el recorrido buscando el camino más recto y firme posible. Después se excavaba una zanja que se rellenaba por capas: una base de piedras grandes (statumen), una capa de grava y cal (rudus), otra de arena y cascotes (nucleus) y, en los tramos más cuidados, un pavimento de losas (summa crusta).

El firme se peraltaba ligeramente hacia los lados para evacuar el agua de lluvia, y a menudo se acompañaba de cunetas y de puentes de sillería para salvar ríos y barrancos. Todo este saber técnico formaba parte del mismo programa de grandes obras públicas romanas que dotó a Hispania de acueductos, puentes y murallas.

A lo largo de la vía, los miliarios —columnas de piedra colocadas cada milla romana (unos 1.480 metros)— indicaban las distancias y, con frecuencia, el nombre del emperador que había mandado construir o reparar el tramo. Eran, a la vez, señalización viaria y propaganda imperial.

La Vía Augusta: la espina dorsal del Mediterráneo

La Vía Augusta era la calzada más larga de Hispania: con sus aproximadamente 1.500 kilómetros, unía los Pirineos con Gades (Cádiz) recorriendo todo el levante peninsular. Reorganizada y monumentalizada en época de Augusto sobre rutas anteriores, conectaba ciudades clave como Tarraco, Saguntum, Valentia, Corduba e Hispalis.

Su trazado facilitó el comercio del aceite, el vino y el garum de la Bética y enlazaba con la red viaria de la Galia y de Italia, integrando la Península en los grandes circuitos económicos del Imperio. Aún hoy buena parte de su recorrido coincide con corredores de comunicación del Mediterráneo español.

La Vía de la Plata: del Cantábrico a la Bética

La Vía de la Plata recorría el oeste peninsular uniendo Emerita Augusta (Mérida) con Asturica Augusta (Astorga), y se prolongaba hacia el sur hasta Hispalis (Sevilla). A pesar de su nombre, no debe su denominación a la plata, sino probablemente a una deformación del término árabe balata (“camino empedrado”) o al-balat.

Esta vía fue fundamental para el control militar del oeste tras las Guerras Cántabras y para el transporte de ganado, cereal y, sobre todo, de los metales del noroeste. Conserva uno de los mejores repertorios de miliarios de Hispania y, siglos después, sirvió de base a la Ruta de la Plata y a una de las variantes del Camino de Santiago.

Viajar por las vías romanas

La red viaria contaba con una completa infraestructura de servicios. Las mansiones eran posadas oficiales donde pernoctar, situadas a una jornada de distancia entre sí; las mutationes, estaciones menores donde cambiar las caballerías. Por estas vías circulaba también el cursus publicus, el servicio postal del Estado que llevaba órdenes y correspondencia oficial a velocidades asombrosas para la época.

Documentos como el Itinerario de Antonino recogían las rutas, las estaciones y las distancias, funcionando como auténticas guías de viaje. Gracias a esta red, una mercancía o un mensaje podían cruzar Hispania en pocos días, una integración que no se volvería a alcanzar hasta época contemporánea. Las calzadas fueron, en suma, la gran obra que hizo posible que Hispania fuera verdaderamente romana.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles eran las principales calzadas romanas de Hispania?

Las dos grandes arterias eran la Vía Augusta, que recorría el litoral mediterráneo desde los Pirineos hasta Cádiz, y la Vía de la Plata, que cruzaba el oeste peninsular de norte a sur.

¿Cómo se construían las calzadas romanas?

Se excavaba una zanja que se rellenaba por capas (statumen, rudus, nucleus) y, en los mejores tramos, se cubría con un pavimento de losas. El firme se peraltaba para evacuar el agua y se acompañaba de puentes y cunetas.

¿Qué eran los miliarios?

Eran columnas de piedra colocadas cada milla romana (unos 1.480 m) que indicaban las distancias y, a menudo, el nombre del emperador que había ordenado construir o reparar la vía.

¿Por qué se llama Vía de la Plata?

No por el metal: su nombre deriva probablemente del término árabe al-balat o balata, que significa "camino empedrado o enlosado".

¿Para qué servían las calzadas romanas?

Permitían mover legiones, mercancías y correo por todo el Imperio. Fueron clave para el control militar, el comercio del aceite y el garum, y la romanización de Hispania.

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