Cristóbal Colón (Cristoforo Colombo en italiano, Cristoforo Colón en español antiguo) es el navegante más célebre de la historia y uno de los personajes más controvertidos. Su llegada al continente americano el 12 de octubre de 1492 cambió para siempre la historia del mundo, abriendo el camino a la conquista española de América y al contacto sostenido entre dos mundos que habían evolucionado por separado durante milenios. Colón murió en 1506 creyendo que había alcanzado las costas de Asia, sin saber que había llegado a un continente desconocido.

Los orígenes: la incógnita del nacimiento
¿Genovés, gallego, catalán, portugués?
La nacionalidad y origen de Colón son uno de los grandes enigmas de la historia. La versión ortodoxa —respaldada por la documentación notarial genovesa— afirma que nació en Génova en 1451, hijo de Doménico Colombo, tejedor de lanas, y Susanna Fontanarossa. Esta tesis se apoya en actos notariales de los años 1470–1473 que identifican a un Cristóforo Colombo, hijo de Doménico, como vecino de Génova y Savona.
Sin embargo, varias teorías alternativas han sugerido otros orígenes: gallego (Pedro Madruga, señor de Sotomayor), catalán (un noble de la casa Colom al servicio de Renato de Anjou), portugués (un tal Colonna de Cuba en Alentejo), incluso judío converso mallorquín. Estas hipótesis se apoyan en el hecho de que Colón escribía en castellano (no en italiano), jamás escribió en genovés, tenía conocimientos náuticos muy específicos del Atlántico ibérico y mostraba una reserva extrema sobre su origen. La mayoría de historiadores actuales mantiene la tesis genovesa, pero el debate sigue abierto.
La formación marinera en Portugal
Sea cual fuera su origen, lo indiscutible es que Colón se formó como marino en Lisboa, entonces la capital mundial de la navegación atlántica. Llegó a Portugal hacia 1476, tras sobrevivir al naufragio de una nave genovesa frente al cabo de San Vicente. En Lisboa se casó con Filipa Moniz Perestrello, hija del gobernador de Porto Santo (Madeira), con la que tuvo a su hijo mayor, Diego Colón. Durante su estancia portuguesa, Colón navegó por todo el Atlántico conocido: las costas de Guinea, Islandia, Irlanda y las Azores. Fue allí donde concibió su proyecto.
El proyecto: llegar a las Indias por el oeste
Los cálculos y los errores
La idea de Colón no era descubrir un continente nuevo —eso ni se lo imaginó— sino llegar a Asia navegando hacia el oeste. La esfericidad de la Tierra era conocida desde la Antigüedad; lo que se discutía era su tamaño. Colón, basándose en los cálculos del astrónomo florentino Paolo dal Pozzo Toscanelli, en el Imago Mundi de Pierre d’Ailly y en una lectura optimista de las distancias de Marco Polo, subestimó enormemente la circunferencia terrestre: creía que de las Canarias a Cipango (Japón) había unas 2.400 millas náuticas, cuando en realidad hay más de 10.000. Paradójicamente, fue ese error lo que le permitió embarcarse: si hubiera conocido la distancia real, jamás habría intentado la travesía.
Los rechazos: Portugal, Inglaterra, Francia
Colón presentó su proyecto primero al rey Juan II de Portugal en 1485. Los cosmógrafos portugueses, que sí conocían los tamaños reales, lo consideraron un iluminado y lo rechazaron. Tampoco tuvo éxito con Enrique VII de Inglaterra ni con los duques de Medina Sidonia y Medina Celi en España. En 1486 llegó a la corte de los Reyes Católicos, que estaban inmersos en la Guerra de Granada y no podían atenderlo. Durante seis años, Colón siguió a la corte itinerante, mantenido a medio sueldo por los reyes, mientras una Junta de expertos —presidida por Hernando de Talavera— estudiaba su propuesta y la rechazaba por inviable.
Las Capitulaciones de Santa Fe
Tras la toma de Granada el 2 de enero de 1492, los Reyes Católicos se decidieron finalmente a apoyar el proyecto, en buena parte gracias a la insistencia del tesorero Luis de Santángel, que llegó a adelantar el dinero de su propio bolsillo. El 17 de abril de 1492 se firmaron en Santa Fe (el campamento real junto a Granada) las célebres Capitulaciones de Santa Fe, que concedían a Colón el título de Almirante de la Mar Océana, Virrey y Gobernador General de las tierras que descubriera, y el 10% de todas las riquezas obtenidas. Eran condiciones extraordinariamente generosas, probablemente porque nadie en la corte creía que fuera a tener éxito.
El primer viaje (1492): el descubrimiento
La salida de Palos
El 3 de agosto de 1492, Colón zarpó del puerto onubense de Palos de la Frontera al mando de tres naves: la nao Santa María (su buque insignia, propiedad de Juan de la Cosa), y las carabelas Pinta (capitaneada por Martín Alonso Pinzón) y Niña (capitaneada por Vicente Yáñez Pinzón). Sumaban unas 90 personas de tripulación. Los hermanos Pinzón, armadores palermos, fueron imprescindibles para reclutar marineros experimentados —la mayor parte de los campesinos de la zona no quería embarcarse con un visionario extranjero— y aportaron parte de la financiación.
Canarias y la travesía
Las naves hicieron una primera escala en La Gomera (Canarias), donde reprovisionaron. Colón tenía un romance con la gobernadora de la isla, Beatriz de Bobadilla, lo que retrasó la partida. El 6 de septiembre iniciaron por fin la travesía atlántica con rumbo oeste, aprovechando los vientos alisios que Colón había observado en sus viajes anteriores. Durante más de un mes navegaron sin avistar tierra; la tripulación, al borde del motín, exigía volver. Colón, según su diario, llevaba dos cuadernos de ruta: uno real y otro falsificado con distancias menores, para no alarmar a los marineros.
“¡Tierra!”: Guanahaní, 12 de octubre
La madrugada del 12 de octubre de 1492, a las dos de la mañana, el marinero Rodrigo de Triana, desde el castillo de proa de la Pinta, gritó «¡Tierra!». Al amanecer desembarcaron en una pequeña isla de los actuales Bahamas, que los nativos taínos llamaban Guanahaní y que Colón bautizó como San Salvador (su ubicación exacta sigue discutida: probablemente Watling Island). Colón tomó posesión de la tierra en nombre de los Reyes Católicos y escribió en su diario la primera descripción de los indígenas americanos que llegaría a Europa, comentando su desnudez, mansedumbre y potencial como convertidos al cristianismo.
Durante las semanas siguientes, las naves exploraron las costas de Cuba (que Colón creyó parte del continente asiático) y La Española (Haití y República Dominicana). En Nochebuena, la Santa María encalló y Colón tuvo que abandonarla, utilizando sus maderas para construir el fuerte de la Navidad, donde dejó a 39 hombres. El 16 de enero de 1493 emprendió el regreso con la Niña y la Pinta, llegando a Lisboa el 4 de marzo tras una terrible tormenta en las Azores. El 15 de marzo entraba de nuevo en Palos, donde fue recibido como un héroe.
Los tres viajes siguientes
Segundo viaje (1493–1496): colonización
El segundo viaje fue muy distinto. Colón partió de Cádiz el 25 de septiembre de 1493 al mando de 17 naves y 1.500 hombres, con el objetivo de colonizar La Española. Al llegar, encontró el fuerte de la Navidad destruido y a sus hombres muertos, en represalia por sus abusos contra los taínos. Fundó la primera ciudad europea en América, La Isabela, y exploró Puerto Rico, Jamaica y Cuba (recorriendo la costa sur sin llegar a circunnavegarla, lo que reforzó su convicción de estar en Asia). Los problemas internos —motines, epidemias, escasez de oro— empañaron su gestión como gobernador.
Tercer viaje (1498–1500): el continente
En el tercer viaje, Colón tomó una ruta más meridional y el 1 de agosto de 1498 avistó la desembocadura del Orinoco, en la actual Venezuela, tocando por primera vez el continente sudamericano. La enorme masa de agua dulce que el río vertía en el océano le hizo sospechar que había un gran continente detrás, aunque en sus cartas lo interpretó como el “Paraíso Terrenal” bíblico. A su regreso a La Española, los colonos, descontentos con su gobierno, se habían rebelado. El juez Francisco de Bobadilla, enviado por la Corona para investigar, lo destituyó y lo envió a España encadenado en 1500. Fue la caída en desgracia.
Cuarto viaje (1502–1504): el “alto viaje”
Tras ser absuelto de los cargos pero despojado del cargo de gobernador, Colón obtuvo de los reyes autorización para un cuarto viaje. Partió en 1502 al mando de cuatro naves con el objetivo de encontrar el paso hacia el océano Índico entre América y Asia. Exploró las costas de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, buscando en vano el estrecho. Una tormenta destrozó su flota y pasó un año varado en Jamaica en condiciones desesperadas, logrando sobrevivir al intimidar a los nativos con su conocimiento astronómico para predecir un eclipse lunar (truco aprendido del Almanach Perpetuum de Zacuto). Regresó a España enfermo y desengañado en 1504.
Muerte, legado y polémica
Los últimos años y la muerte (1506)
Colón pasó sus últimos años intentando que la Corona le restituyera los derechos y rentas que le había concedido en las Capitulaciones de Santa Fe. La muerte de la reina Isabel en 1504 lo dejó sin su principal valedora; Fernando el Católico se mostró menos receptivo. El 20 de mayo de 1506, Cristóbal Colón murió en Valladolid, enfermo, amargado y todavía convencido de haber llegado a las Indias orientales. Sus últimas palabras, según la tradición, fueron «In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum».
Los restos viajeros: Valladolid, Sevilla, Santo Domingo, La Habana
Pocos personajes han tenido un periplo póstumo tan enrevesado como Colón. Enterrado primero en Valladolid, sus restos fueron trasladados a la Cartuja de Sevilla (1509), luego a la Catedral de Santo Domingo (1542, por deseo testamentario), después a La Habana cuando España cedió Santo Domingo a Francia (1795), y finalmente a la Catedral de Sevilla tras la independencia de Cuba (1898), donde reposan hoy en un monumental sepulcro sostenido por cuatro reyes heraldos. Sin embargo, en 1877 se descubrió en Santo Domingo una caja con inscripción que también reclama contener los restos del Almirante. Un análisis de ADN de 2006 confirmó que en Sevilla hay al menos parte de los restos, pero no descartó que otra parte esté en Santo Domingo.
Héroe o villano: la polémica actual
La figura de Colón ha pasado de ser héroe indiscutible del descubrimiento a personaje fuertemente cuestionado, sobre todo en el siglo XXI. Los abusos hacia los taínos (esclavitud, trabajos forzados, matanzas que provocaron el colapso demográfico de la población indígena de La Española en pocas décadas), la introducción del sistema de encomiendas y su papel en el inicio de la trata atlántica son innegables. En las últimas décadas, estatuas de Colón han sido retiradas o vandalizadas en Estados Unidos, Canadá y Latinoamérica, y el tradicional Día de la Raza (12 de octubre) se ha renombrado como Día de los Pueblos Indígenas en varios países. En España, el 12 de octubre sigue siendo la Fiesta Nacional, y Colón continúa siendo una figura central, aunque cada vez más matizada, de la historiografía.
Preguntas frecuentes
El 12 de octubre de 1492 desembarcó en la isla de Guanahaní (actual San Salvador, en las Bahamas), tras 70 días de navegación desde Palos de la Frontera. Regresó a España en marzo de 1493 y realizó tres viajes más hasta 1504.
La tesis mayoritaria lo hace natural de Génova (Italia), hacia 1451, hijo de tejedores. Existen otras propuestas (gallego, catalán, portugués, judeoconverso mallorquín) sin pruebas concluyentes. Él mismo cultivó la ambigüedad sobre su origen, quizá por motivos comerciales o religiosos.
A Guanahaní, en las Bahamas, a la que Colón bautizó como San Salvador. No llegó al continente americano en su primer viaje: exploró varias islas del Caribe (Cuba, La Española) creyendo estar cerca de Cipango (Japón) y de las Indias orientales.
Cuatro entre 1492 y 1504. En el primero descubrió las Bahamas y el Caribe; en el segundo colonizó La Española; en el tercero tocó tierra firme en el actual Venezuela; en el cuarto exploró Centroamérica. Murió en Valladolid en 1506 convencido de haber llegado a Asia.
Dos tumbas reclaman custodiar sus huesos: la Catedral de Sevilla y la Catedral Primada de Santo Domingo. Sus restos viajaron en sucesivos traslados entre Valladolid, Sevilla, Santo Domingo, La Habana y Sevilla de nuevo. Pruebas de ADN confirman restos genéticamente suyos en Sevilla.