El Tratado de Tordesillas (1494): el Día que Castilla y Portugal se Repartieron el Mundo

Tratado de Tordesillas

El 7 de junio de 1494, en una sala del palacio del concejo de la villa vallisoletana de Tordesillas, los embajadores de los Reyes Católicos firmaron con los del rey Juan II de Portugal el tratado que dividió el planeta en dos hemisferios. Era el primer acuerdo diplomático global de la historia europea: una línea imaginaria a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde determinaría a qué corona pertenecía cada tierra “descubierta y por descubrir”. Todo lo que estuviese al este sería portugués; todo lo que estuviese al oeste, castellano. Las consecuencias del acuerdo se prolongan hasta hoy: Brasil habla portugués y el resto de Sudamérica habla español, las antiguas colonias africanas portuguesas se diferencian de las españolas, las Filipinas terminaron incorporadas a la corona castellana, y el modelo de “reparto del mundo” entre potencias europeas inauguró cinco siglos de colonialismo. El Tratado de Tordesillas es, junto al descubrimiento del propio Colón, el acto fundacional del mundo moderno globalizado.

Casa del Tratado de Tordesillas, Valladolid
La Casa del Tratado de Tordesillas, donde Castilla y Portugal se repartieron el mundo.

1492-1493: el descubrimiento y la bula papal

Cuando Cristóbal Colón regresó a Lisboa en marzo de 1493 con la noticia de haber encontrado tierras al otro lado del Atlántico, los castellanos comprendieron inmediatamente que aquel descubrimiento iba a provocar un grave conflicto con Portugal. Los portugueses llevaban casi un siglo explorando sistemáticamente la costa atlántica de África y consideraban suyos —por derecho de conquista, por bulas papales anteriores y por experiencia náutica— todos los descubrimientos atlánticos. Las islas Azores, Madeira y Cabo Verde estaban firmemente bajo su control. Cuando Colón hizo escala en Lisboa al regreso de su primer viaje, el propio Juan II le interrogó largamente y, según testimonios contemporáneos, llegó a contemplar la posibilidad de asesinarlo para evitar que las nuevas tierras quedaran en poder de Castilla.

Los Reyes Católicos reaccionaron con velocidad diplomática extraordinaria. Acudieron al papa Alejandro VI —el valenciano Rodrigo Borgia, elegido pontífice en 1492 y amigo personal de Isabel y Fernando— para conseguir el respaldo jurídico-religioso de las nuevas tierras. Alejandro VI emitió cuatro bulas sucesivas en 1493: la Inter Caetera de mayo de 1493 fue la decisiva. Concedía a los reyes de Castilla las tierras descubiertas al oeste de una línea imaginaria situada “cien leguas al oeste de las islas Azores y Cabo Verde“. Todo lo descubierto al este de esa línea sería portugués, todo lo descubierto al oeste sería castellano. El planeta quedaba dividido por una raya papal.

La bula favorecía abrumadoramente a Castilla. Cien leguas al oeste de Cabo Verde dejaba prácticamente todo el Atlántico oriental (incluida la parte de océano por donde los portugueses bajaban hacia África) dentro del hemisferio castellano. Juan II de Portugal protestó airadamente. Amenazó con una guerra. Movilizó embajadas, escribió cartas a las cortes europeas, denunció el favoritismo de Alejandro VI hacia los soberanos hispanos. Los Reyes Católicos comprendieron que no podían sostener la posición de la bula sin entrar en conflicto armado con Portugal —algo que en 1494 no podían permitirse, con la Granada recién conquistada, la Inquisición en marcha y los problemas con Francia en Italia.

La negociación de Tordesillas (mayo-junio 1494)

A principios de 1494, las dos coronas acordaron negociar bilateralmente, sin intervención papal directa, una modificación del reparto. La sede elegida fue la villa de Tordesillas, en la actual provincia de Valladolid, a medio camino entre la corte castellana de Medina del Campo y Lisboa. La delegación castellana estuvo formada por Enrique Enríquez de Quiñones, Gutierre de Cárdenas y Rodrigo Maldonado. La portuguesa por Ruy de Sousa, su hijo Juan de Sousa y el jurista Aires de Almada. Las negociaciones se prolongaron durante casi dos meses, en sesiones celebradas en una sala del palacio del concejo de la villa que aún hoy se conserva como “Casas del Tratado”.

El punto central era la posición de la línea de demarcación. Los castellanos defendían las 100 leguas de la bula Inter Caetera. Los portugueses pedían trasladar la línea mucho más al oeste, hasta 370 leguas de Cabo Verde, argumentando que necesitaban espacio náutico para bajar hacia África sin riesgo de invadir aguas castellanas. La discusión era técnicamente compleja: las “leguas” náuticas de la época no tenían un valor estandarizado, y nadie sabía exactamente qué había al oeste de esa línea. Los Reyes Católicos finalmente cedieron a las 370 leguas, probablemente convencidos de que al oeste de esa franja sólo había océano abierto y de que las verdaderas riquezas —las Indias Orientales— quedaban claramente en el hemisferio castellano.

El error de cálculo fue colosal. Aquellas 270 leguas adicionales hacia el oeste incluían, sin que ninguno de los negociadores lo supiera, toda la costa oriental del actual Brasil. El 7 de junio de 1494, cuando los embajadores estamparon sus firmas en el documento, regalaron involuntariamente a Portugal el séptimo país más grande del mundo. La consecuencia se materializaría seis años después.

1500: el descubrimiento “accidental” de Brasil

El 9 de marzo de 1500, una flota portuguesa de 13 navíos al mando de Pedro Álvares Cabral zarpó de Lisboa rumbo a las Indias Orientales, siguiendo la ruta abierta por Vasco da Gama dos años antes. Para evitar las calmas ecuatoriales atlánticas, Cabral siguió un trayecto inusualmente desviado hacia el oeste —técnica conocida como “volta do mar”. El 22 de abril, la flota avistó tierra: era la actual costa brasileña, cerca de la actual Porto Seguro. Cabral creyó al principio haber encontrado una isla y la bautizó como Ilha de Vera Cruz. Tras una semana de exploración comprendió que se trataba de un continente y envió un navío de regreso a Lisboa con la noticia.

Cuando Juan II recibió la información en Lisboa —en julio de 1500—, comprendió inmediatamente la magnitud diplomática del “descubrimiento”. Las nuevas tierras estaban claramente al este de la línea de Tordesillas. Pertenecían, por tanto, a Portugal sin necesidad de renegociar nada. La corona portuguesa adquiría así, sin esperarlo, un continente entero como complemento a su red de factorías africanas e indias. En 1532, el monarca Juan III ordenó la colonización efectiva del territorio. Salvador de Bahía, fundada en 1549, se convertiría en la primera capital del Brasil portugués. El idioma castellano, que era el de todos los descubridores ibéricos en América, se detuvo en la frontera invisible que aquellos juristas habían trazado en Tordesillas cincuenta y cinco años antes.

El problema del antimeridiano (1519-1529)

Tordesillas dividía el mundo, en teoría, por dos meridianos opuestos: uno a 370 leguas al oeste de Cabo Verde —que dejaba Brasil portugués—, y otro a 180° de distancia que pasaba al oeste de las islas Molucas, en el Pacífico. Ese segundo meridiano —el llamado antimeridiano— se convirtió en problemático cuando los descubrimientos llegaron al océano Pacífico. La expedición de Magallanes y Elcano (1519-1522), al circunnavegar el globo y llegar a las Molucas por el oeste, planteó un litigio diplomático grave: las islas productoras de las especias más caras del comercio mundial —clavo, nuez moscada, canela— ¿pertenecían al hemisferio castellano o al portugués?

El conflicto se resolvió en el Tratado de Zaragoza, firmado el 22 de abril de 1529, en el reinado de Carlos V. Castilla, que necesitaba urgentemente liquidez para financiar las guerras europeas del emperador, vendió a Portugal sus derechos sobre las Molucas por 350.000 ducados de oro. La línea del antimeridiano quedó fijada en torno a los 142° Este, 297,5 leguas al este de las Molucas. Las Filipinas, descubiertas también por Magallanes pero claramente al oeste de esa línea, quedaron oficialmente en el hemisferio portugués —aunque España las ocupó de facto a partir de 1565 y Portugal nunca reclamó seriamente la soberanía.

El significado político-jurídico

El Tratado de Tordesillas es uno de los documentos diplomáticos más importantes de toda la historia universal. Su importancia trasciende con mucho el caso concreto de la disputa hispano-portuguesa de finales del siglo XV. Por primera vez en la historia, dos Estados europeos se reparten formalmente el dominio sobre tierras que ni siquiera han descubierto, asumiendo implícitamente que las poblaciones no cristianas que las habitan no tienen derechos sobre ellas: el mundo extra-europeo es terra nullius, tierra de nadie, susceptible de apropiación por las coronas católicas. Es uno de los fundamentos jurídicos del colonialismo moderno y prefigura el modelo que las potencias europeas aplicarían en África e India durante los cuatro siglos siguientes.

Las potencias europeas posteriores —Francia, Inglaterra, Holanda— rechazaron la validez de Tordesillas en cuanto pudieron entrar en el juego colonial atlántico. Francisco I de Francia ironizó famosamente: “Quisiera ver la cláusula del testamento de Adán que excluye a Francia del reparto del mundo”. Las guerras de piratería atlántica del siglo XVI y XVII fueron, en buena parte, intentos franceses, ingleses y holandeses de impugnar prácticamente lo que Tordesillas había decidido en teoría. Pero ya era demasiado tarde para alterar el mapa básico: Brasil sería portugués, México y Perú serían castellanos, África occidental y la India se inclinarían hacia el modelo portugués. La división lingüística y cultural de medio planeta quedaba fijada por una negociación de seis semanas celebrada en una sala de un pequeño palacio vallisoletano en mayo y junio de 1494.

Tordesillas, hoy

El palacio donde se firmó el tratado —las llamadas “Casas del Tratado”— se conserva en la Plaza Mayor de Tordesillas y funciona hoy como museo monográfico sobre el acuerdo. En 1994, con motivo del quinto centenario, los reyes Juan Carlos I y Mario Soares de Portugal celebraron en él un acto institucional conjunto que reconocía la importancia compartida del documento. En 2007, los ejemplares originales del tratado —el castellano conservado en el Archivo General de Indias de Sevilla, el portugués en la Torre do Tombo de Lisboa— fueron inscritos por la UNESCO en el Registro de la Memoria del Mundo como uno de los documentos diplomáticos fundamentales de la historia universal.

Tordesillas es también, casualidad o ironía histórica, el mismo pueblo donde la reina Juana I de Castilla “la Loca” —hija de Isabel y Fernando, los firmantes del tratado— pasaría cuarenta y seis años de encierro, hasta su muerte en 1555. El mismo palacio del concejo donde sus padres habían firmado el reparto del mundo terminaría siendo, por una espesa ironía dinástica, el lugar donde su hija viviría medio siglo recluida. Tordesillas, esa pequeña villa de la Tierra de Campos, es por su propio nombre un cruce simbólico de toda la historia imperial española.

Preguntas frecuentes

¿Qué fue el Tratado de Tordesillas?

El Tratado de Tordesillas, firmado el 7 de junio de 1494 entre los Reyes Católicos (Castilla-Aragón) y el rey Juan II de Portugal, fue el primer acuerdo diplomático en repartir el mundo entre dos potencias europeas. Estableció una línea imaginaria 370 leguas al oeste de Cabo Verde: todo lo descubierto al este pertenecería a Portugal; todo lo descubierto al oeste, a Castilla. El acuerdo determinó la geografía del colonialismo ibérico y la división lingüística de América Latina.

¿Dónde se firmó y por qué allí?

Se firmó en la villa vallisoletana de Tordesillas, en una sala del palacio del concejo. Fue elegida como sede porque era una localización equidistante entre la corte castellana de los Reyes Católicos (en Medina del Campo) y la corte portuguesa de Lisboa, y porque tenía una infraestructura adecuada para hospedar a las dos delegaciones diplomáticas.

¿Cómo se trazaba la línea de Tordesillas?

La línea pasaba 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, aproximadamente por el meridiano 46° 37' Oeste. Todo lo descubierto y por descubrir al este de esa línea pertenecía a Portugal (África, India, Indonesia, las islas Molucas y, accidentalmente, Brasil); todo lo descubierto al oeste pertenecía a Castilla (la mayor parte de América, las Filipinas que se incorporaron después tras controversia).

¿Por qué Brasil habla portugués?

Por el Tratado de Tordesillas. La línea acordada en 1494 incluía dentro del hemisferio portugués las costas orientales del actual Brasil, aunque esas tierras todavía no habían sido descubiertas. Cuando Pedro Álvares Cabral llegó a la costa brasileña el 22 de abril de 1500, esas tierras eran ya, jurídicamente, portuguesas. Por eso Brasil —solo en toda Sudamérica— habla portugués y el resto del continente habla español.

¿Quién arbitró el Tratado de Tordesillas?

El tratado fue una negociación bilateral directa entre los Reyes Católicos y Juan II de Portugal, sin árbitro externo. El papa Alejandro VI había emitido un año antes la bula Inter Caetera (1493) proponiendo una línea a 100 leguas de Cabo Verde —favorable a Castilla—, pero los portugueses rechazaron esa propuesta papal y forzaron la renegociación bilateral. El tratado fue ratificado posteriormente por el papa Julio II en 1506.

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