Los Celtas en España: Celtíberos, Castros, Verracos y los Toros de Guisando

Hispania prerromana

Los celtas de la Península Ibérica constituyen uno de los capítulos más importantes y menos conocidos de la prehistoria y protohistoria españolas. Llegados a la Península desde el norte de los Pirineos durante la Edad del Bronce Final y principalmente durante la Primera Edad del Hierro (siglos VIII-VI a.C.), los pueblos celtas ocuparon la mayor parte del interior y el oeste peninsular, y se mezclaron con las poblaciones locales dando origen a una constelación de culturas —los celtíberos, los vacceos, los lusitanos, los galaicos, los astures, los cántabros, los vettones— que mantendrían su identidad hasta la romanización completa del territorio. Su arquitectura de castros en el noroeste, sus esculturas zoomorfas en el centro-oeste, sus cementerios de guerreros en la Meseta y su legado toponímico (los nombres terminados en -briga = “fortaleza”, o palabras como carro, cerveza, camisa) siguen marcando el paisaje y la lengua españolas.

Toros de Guisando (El Tiemblo, Ávila), esculturas de verracos celtas del siglo II a.C.
Toros de Guisando (El Tiemblo, Ávila), esculturas de verracos celtas del siglo II a.C.

La llegada: del Bronce Final al Hallstatt

Los historiadores del siglo XIX imaginaban una “invasión céltica” masiva en algún momento del primer milenio a.C., pero la arqueología actual describe un proceso mucho más complejo: varias oleadas culturales desde el centro de Europa hacia la Península, unidas a la asimilación de elementos celtas por parte de las poblaciones indígenas ya presentes. Los primeros contactos pudieron producirse ya a finales del Bronce Medio (siglo XIII a.C.), pero el impacto decisivo llegó con la cultura de Hallstatt en los siglos VIII-VII a.C., que difundió el hierro, nuevos tipos de armas (espadas, puntas de lanza, hachas) y elementos de moda (fíbulas, brazaletes, torques) característicos del mundo celta centroeuropeo.

La penetración se produjo principalmente por los pasos pirenaicos occidentales y a lo largo del valle del Ebro. Los pueblos recién llegados se establecieron primero en la Meseta Norte y luego se extendieron hacia el oeste (Galicia, Portugal, Extremadura) y el centro (Castilla la Nueva). Donde se encontraron con los íberos —zonas de contacto como Aragón, Soria y la zona del alto Tajo— surgió la cultura mixta de los celtíberos, que combinaba lengua celta con elementos materiales y artísticos ibéricos.

Los celtíberos: la Meseta celtizada

Los celtíberos habitaban el sistema Ibérico y gran parte de la Meseta oriental: las actuales provincias de Soria, Guadalajara, Teruel, Zaragoza, La Rioja, Burgos. Los textos clásicos (Estrabón, Diodoro, Apiano) los describen como un pueblo guerrero dividido en varias tribus —arévacos, pelendones, lusones, belos, titos—, con ciudades fortificadas en colinas (oppida) como Numancia, Termes, Uxama, Segeda o Contrebia. Hablaban una lengua celta (el celtibérico) escrita con el alfabeto ibérico.

Su sociedad era fuertemente aristocrática y guerrera, con clientelas militares. Practicaban la famosa devotio, un ritual por el que los jóvenes guerreros juraban proteger con su vida a un jefe, y preferían el suicidio colectivo a la rendición —como demostró Numancia ante los romanos en 133 a.C.—. Los celtíberos dieron a Roma algunos de sus momentos militares más difíciles: la guerra numantina duró 20 años y tuvo en jaque a los mejores generales romanos antes de que Escipión Emiliano consiguiera tomar la ciudad tras un asedio desesperado.

Los castros del noroeste: la cultura castreña

En Galicia, Asturias, el norte de Portugal y León occidental, los celtas desarrollaron la llamada cultura castreña, basada en poblados fortificados en colinas o promontorios. Los castros —del celta castron, “fuerte”— eran aldeas rodeadas de murallas de piedra, a veces con múltiples líneas defensivas, fosos y torreones. Las viviendas, inicialmente circulares y de piedra, se organizaban en calles estrechas alrededor de un espacio central.

Existen miles de castros documentados en el noroeste peninsular, muchos de los cuales pueden visitarse hoy. Los más famosos son Santa Tegra (A Guarda, Pontevedra), Citânia de Briteiros y Citânia de Sanfins (norte de Portugal), Coaña (Asturias) y Castromao (Ourense). El de Santa Tegra, en lo alto de un monte sobre el estuario del Miño, es uno de los mayores y mejor conservados, con cientos de casas circulares y una espectacular vista al Atlántico.

La cultura castreña es específicamente del noroeste y tiene particularidades propias: pedras formosas (estelas grabadas con símbolos geométricos), torques de oro macizo (como el Torque de Burela en Lugo, una de las joyas prerromanas más grandes de Europa occidental) y esculturas de guerreros (los célebres “guerreiros galaicos”). La romanización del noroeste fue tardía y superficial, lo que explica por qué esta cultura pervivió con sus formas propias hasta bien entrado el siglo I d.C.

Los verracos: la escultura zoomorfa

Uno de los fenómenos más singulares del mundo celta peninsular son los verracos: grandes esculturas de piedra que representan toros, cerdos, jabalíes y verracos (el cerdo padre), esculpidos por los vettones en el suroeste de la Meseta (Salamanca, Ávila, Cáceres) entre los siglos V y I a.C. Son figuras toscas pero expresivas, de hasta 2 metros de longitud, talladas en granito y colocadas en los límites de las ciudades, pasos de río y encrucijadas. Su función exacta es discutida: monumentos funerarios, divisiones territoriales, protectores del ganado, símbolos totémicos de la tribu o marcadores religiosos de ritos ganaderos.

Los Toros de Guisando, en el Tiemblo (Ávila), son los cuatro verracos más famosos. Fueron descritos por cronistas medievales y tuvieron una participación simbólica en la historia castellana: en este lugar, el 19 de septiembre de 1468, Enrique IV reconoció a su hermanastra Isabel la Católica como heredera del trono de Castilla. Los toros de Guisando, con sus más de 2.500 años de antigüedad, fueron testigos silenciosos del pacto que cambiaría la historia de España. Otros verracos famosos son los de Lumbrales, Villanueva del Campillo y Salvatierra de Tormes. Se han catalogado más de 400 verracos en toda la zona vettona.

Lusitanos, vacceos y los otros pueblos celtas

Más allá de los celtíberos y de la cultura castreña, el mundo celta peninsular incluyó varios pueblos destacados:

  • Lusitanos: habitaban el centro-oeste (actual Portugal central y Extremadura). Los textos clásicos los describen como guerreros excepcionales, practicantes de sacrificios humanos rituales y de una extraordinaria movilidad. Su líder más célebre fue Viriato, el pastor lusitano que durante ocho años (147-139 a.C.) mantuvo en jaque a los ejércitos romanos en una guerra de guerrillas modélica, hasta que fue asesinado por traidores sobornados por el cónsul Cepión.
  • Vacceos: ocupaban la Meseta Norte central (Valladolid, Palencia, Zamora, norte de Segovia y Ávila). Vivían en grandes poblados urbanos como Pintia (Padilla de Duero) o Pallantia (Palencia), y son conocidos por su sorprendente sistema comunal de cultivo: según Diodoro Sículo, sorteaban anualmente las tierras entre las familias y redistribuían el trigo cosechado, un sistema sin paralelo en el mundo antiguo. Hernán Cortés, muchos siglos después, vio parentesco en este sistema con las prácticas aztecas.
  • Galaicos: en la actual Galicia y norte de Portugal. Cultura castreña por excelencia.
  • Astures: en la actual Asturias y León noroccidental. Protagonistas, junto a los cántabros, de las durísimas Guerras Cántabras contra el emperador Augusto (29-19 a.C.), la última gran resistencia indígena de Hispania.
  • Cántabros: en la actual Cantabria. Pueblo montañoso famoso por su ferocidad, preferían el suicidio colectivo a la rendición (el episodio de Mons Medullius, donde se suicidaron masivamente antes que caer en manos romanas, se hizo célebre).
  • Vettones: en la zona de los verracos (Salamanca, Ávila, Cáceres).

Lengua, religión y legado

Las lenguas celtas peninsulares —el celtibérico, el galaico, el lusitano— desaparecieron completamente con la romanización en los primeros siglos de nuestra era. Las inscripciones celtibéricas, escritas en alfabeto ibérico adaptado, son breves: nombres personales, tesserae hospitales (pequeñas láminas que certificaban pactos de hospitalidad entre ciudades) y algún texto más largo como el Bronce de Botorrita (Zaragoza), el texto más largo en celtibérico y uno de los documentos clave de la lingüística celta antigua.

La religión celta peninsular tenía un panteón de divinidades locales —Endovélico, Bandua, Reve, Ataecina, Epona (diosa celta de los caballos)— veneradas en santuarios al aire libre, a menudo junto a manantiales o en peñascos. La práctica del druidismo, tan característica de la Galia y Britania, no está documentada con certeza en la Península, pero sí abundan los exvotos, las estelas funerarias con fórmulas rituales y las ofrendas acuáticas (armas y joyas arrojadas a ríos y lagunas como la célebre hoard de Puebla de Parga en Galicia).

El legado celta pervive en España en dos niveles: la toponimia —nombres de lugares como Segovia (Segobriga), Coimbra, Conimbriga, Deóbriga o los innumerables términos compuestos en -briga (“fortaleza”)— y el léxico: palabras como carro, camino, cerveza, camisa, bragueta, pieza, pizarra, e incluso algunos términos ganaderos y agrícolas, proceden del sustrato celta pasado al latín vulgar y conservado en castellano. Y en Galicia, la identidad cultural moderna —su interés por la música celta, los torques estilizados, la conexión con Irlanda y Bretaña— es tanto un hecho histórico (pertenece a la misma koiné atlántica) como una construcción romántica del siglo XIX que reivindicó las raíces celtas del noroeste peninsular.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo llegaron los celtas a España?

La llegada de los celtas a la Península Ibérica no fue una invasión única sino un proceso de varias oleadas culturales desde el centro de Europa, principalmente durante la Primera Edad del Hierro (siglos VIII-VI a.C.), en relación con la cultura de Hallstatt centroeuropea. Los contactos iniciales pudieron producirse ya en el Bronce Final (siglo XIII a.C.). Penetraron sobre todo por los pasos pirenaicos occidentales y el valle del Ebro, y se asentaron en el interior y el oeste peninsular, mezclándose con las poblaciones locales.

¿Quiénes fueron los celtíberos?

Los celtíberos fueron un pueblo mixto de origen celta e influencia ibérica que habitaba el sistema Ibérico y la Meseta oriental (actuales provincias de Soria, Guadalajara, Teruel, Zaragoza, La Rioja, Burgos). Hablaban celtibérico, una lengua celta escrita con signos ibéricos. Se organizaban en varias tribus (arévacos, pelendones, lusones, belos, titos) con ciudades fortificadas en colinas como Numancia, Termes o Uxama. Protagonizaron una feroz resistencia contra Roma durante las Guerras Celtíberas del siglo II a.C., que culminaron en el heroico suicidio colectivo de Numancia en 133 a.C.

¿Qué son los castros celtas del noroeste?

Los castros son poblados fortificados en colinas o promontorios característicos de la cultura celta del noroeste peninsular (Galicia, Asturias, norte de Portugal, León occidental). Están rodeados de murallas de piedra, a veces con múltiples líneas defensivas, fosos y torreones, y contienen decenas o cientos de viviendas circulares organizadas en calles estrechas. Existen miles de castros documentados. Los más célebres son Santa Tegra (A Guarda), Citânia de Briteiros, Coaña y Castromao. Se habitaron entre el siglo VIII a.C. y el I d.C.

¿Qué son los verracos y los Toros de Guisando?

Los verracos son grandes esculturas de piedra granítica que representan toros, cerdos, jabalíes y verracos (cerdo padre), esculpidas por los vettones —pueblo celta del suroeste de la Meseta— entre los siglos V y I a.C. Se han catalogado más de 400 en Salamanca, Ávila y Cáceres. Los más famosos son los cuatro Toros de Guisando en El Tiemblo (Ávila), en cuyo emplazamiento se firmó en 1468 el pacto por el que Enrique IV reconoció a su hermanastra Isabel la Católica como heredera al trono de Castilla. Su función exacta sigue discutida: monumentos funerarios, marcadores territoriales o símbolos religiosos ganaderos.

¿Quiénes fueron los lusitanos y Viriato?

Los lusitanos fueron un pueblo celta del centro-oeste peninsular (actual Portugal central y Extremadura), descritos por los romanos como guerreros excepcionales de extraordinaria movilidad. Su líder más célebre fue Viriato, un pastor lusitano que entre 147 y 139 a.C. dirigió una guerra de guerrillas modélica contra los romanos, derrotando a varios generales en el Guadalquivir y la Meseta. Tras ocho años de resistencia, fue asesinado en su tienda por tres compañeros traidores que habían sido sobornados por el cónsul Cepión. Su figura se ha convertido en símbolo de Portugal.

¿Qué dejaron los celtas en España?

El legado celta pervive en la toponimia (nombres como Segovia/Segobriga, Coimbra/Conimbriga, y todos los acabados en -briga que significa "fortaleza"), en palabras del castellano (carro, camino, cerveza, camisa, bragueta, pizarra, entre muchas otras), en los castros visitables del noroeste, en los verracos de la Meseta, en las necrópolis celtibéricas, en el arte rupestre de exvotos y torques de oro, y en el imaginario cultural de Galicia, Asturias y Cantabria, que reivindica una identidad celta como parte del arco atlántico junto con Bretaña, Gales, Irlanda y Escocia.

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