Cueva de Altamira: La Capilla Sixtina del Arte Rupestre Paleolítico

Paleolítico Superior

La Cueva de Altamira, en Santillana del Mar (Cantabria), es el monumento artístico más famoso del Paleolítico Superior europeo y uno de los descubrimientos más importantes de la historia de la arqueología. Sus pinturas rupestres —en especial la célebre Sala de los Polícromos con sus bisontes multicolores— han hecho que se la conozca como “la Capilla Sixtina del arte cuaternario”. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985, y en 2008 la UNESCO extendió la protección a otras 17 cuevas del norte de España con arte paleolítico similar.

Bisonte policromo de la cueva de Altamira (Cantabria), pintado hace unos 15.000 años.
Bisonte policromo de la cueva de Altamira (Cantabria), pintado hace unos 15.000 años.

Las pinturas de Altamira fueron realizadas durante el Magdaleniense, hace entre 36.000 y 13.000 años, por grupos de cazadores-recolectores de Homo sapiens. La datación por uranio-torio (2012) situó algunas de las pinturas más antiguas en cerca de 36.000 años, lo que las sitúa entre las primeras manifestaciones artísticas de la humanidad europea. Su técnica, colorido y volumetría —aprovechando los relieves naturales de la roca para dar sensación tridimensional a los bisontes— son únicos en el arte paleolítico mundial.

El descubrimiento por Marcelino Sanz de Sautuola

Un perro, un cazador y una cueva olvidada (1868)

La cueva fue descubierta casualmente en 1868 por Modesto Cubillas, un cazador local cuyo perro se coló en una grieta persiguiendo una presa. Cubillas avisó al dueño de las tierras, el aristócrata e historiador aficionado Marcelino Sanz de Sautuola, abogado y miembro de la pequeña nobleza local de Santillana del Mar. Sautuola, con inquietudes científicas, visitó la cueva por primera vez en 1875 y encontró restos prehistóricos en el suelo, pero no prestó especial atención a los techos.

“¡Mira, papá, bueyes!” (1879)

El momento decisivo llegó en 1879, cuando Sautuola volvió a la cueva acompañado por su hija María, de ocho años. Mientras el padre excavaba el suelo buscando huesos y herramientas, la niña miró hacia arriba y vio las figuras del techo pintadas en rojo, negro y ocre. Gritó: «¡Mira, papá, bueyes!». Lo que María había descubierto eran los grandes bisontes polícromos del techo, una quincena de animales de hasta 2 metros de longitud pintados con una maestría deslumbrante. Fue el primer hallazgo de arte paleolítico parietal conocido en el mundo.

Sautuola publicó en 1880 un pequeño libro titulado Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander, en el que defendía la antigüedad paleolítica de las pinturas, asociándolas a la industria lítica magdaleniense que encontraba en el suelo de la misma cueva.

La polémica y el rechazo de la comunidad científica

El anuncio fue recibido con incredulidad y hostilidad por la comunidad científica de la época, entonces dominada por los prehistoriadores franceses. Gabriel de Mortillet, Émile Cartailhac y Édouard Harlé encabezaron el rechazo. Las razones eran varias:

  • No se conocía ningún otro caso de arte paleolítico parietal. Hasta entonces solo se habían documentado objetos portátiles (bastones decorados, plaquetas grabadas).
  • El estado de conservación de las pinturas parecía demasiado bueno para ser tan antiguas.
  • La calidad artística era considerada “incompatible” con la supuesta tosquedad del “hombre primitivo”.
  • Circulaba el rumor de que las pinturas habían sido realizadas por un pintor contemporáneo, un tal Ratier (un francés residente en la casa de Sautuola), para engañar al ingenuo aristócrata español.

Sautuola murió en 1888, a los 57 años, sin haber visto reconocida la autenticidad del descubrimiento y con su nombre manchado por las acusaciones de fraude. La prehistoria oficial europea siguió negando la antigüedad de las pinturas durante más de dos décadas.

La rehabilitación: “Mea culpa d’un sceptique” (1902)

El descubrimiento de nuevas cuevas con arte paleolítico en Francia —La Mouthe (1895), Combarelles (1901), Font-de-Gaume (1901), Marsoulas— forzó a los incrédulos a cambiar de opinión. En 1902, el propio Émile Cartailhac, uno de los principales detractores de Sautuola, publicó en la revista L’Anthropologie un artículo titulado «Les cavernes ornées de dessins. La grotte d’Altamira, Espagne. “Mea culpa” d’un sceptique», en el que reconocía públicamente su error y pedía disculpas por haber dudado de Altamira y de su descubridor. Era la rehabilitación oficial, aunque 14 años después de la muerte de Sautuola.

Las pinturas: la Sala de los Polícromos

La Sala de los Polícromos es el espacio más famoso de Altamira y el núcleo artístico de la cueva. Es un techo de unos 18 por 9 metros cubierto de más de 100 figuras, entre las que destacan los célebres bisontes en movimiento: una quincena de animales representados en distintas posturas (de pie, tumbados, agazapados, en carrera) con extraordinario dominio del color y del volumen. Los artistas paleolíticos aprovecharon las protuberancias naturales de la roca para dar realismo tridimensional a los animales, una técnica de excepcional sofisticación.

Los pigmentos utilizados son tres básicos: rojo (óxido de hierro / hematites), negro (manganeso o carbón vegetal) y ocres amarillos. Los artistas aplicaban el pigmento con los dedos, con pinceles de pelo o soplando a través de tubos. Las figuras están realizadas con trazos firmes y seguros, a veces grabadas con un buril antes de aplicar el color. Junto a los bisontes aparecen ciervas, caballos, cabras, jabalíes y signos abstractos (tectiformes, puntos, líneas) cuya interpretación sigue siendo objeto de debate.

Otras zonas de la cueva —de más de 270 metros de recorrido total— contienen también pinturas y grabados importantes: la Galería Final con figuras negras, los signos tectiformes, los grabados zoomorfos del fondo. El total de representaciones catalogadas supera las 300.

El cierre al público y la Neocueva

La apertura turística masiva durante el siglo XX generó graves problemas de conservación: el CO₂ de la respiración de los visitantes, la humedad y la temperatura alteradas, y la aparición de hongos y bacterias en los pigmentos pusieron en riesgo la supervivencia de las pinturas. En 1977, la cueva original fue cerrada al público, reabrió con visitas muy restringidas en 1982 y se cerró definitivamente en 2002. En 2014, tras estudios de impacto microbiano, se autorizaron visitas experimentales muy limitadas (cinco personas a la semana sorteadas por lotería) que continúan en la actualidad.

Para satisfacer la demanda turística se construyó la “Neocueva”, una réplica exacta de la Sala de los Polícromos y otros espacios clave de Altamira, inaugurada en 2001 como parte del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira. La reproducción, realizada con tecnología 3D y métodos de pintura idénticos a los paleolíticos, permite experimentar las pinturas con gran fidelidad visual. El museo recibe más de 250.000 visitantes al año y cuenta con exposiciones sobre la prehistoria cantábrica y el arte paleolítico.

Cómo visitar Altamira hoy

La cueva original no es accesible al público general. Existe una lotería semanal en la que cinco visitantes sorteados pueden entrar cada viernes acompañados por técnicos del museo. Las posibilidades reales son mínimas pero el sorteo es gratuito y abierto a cualquiera que esté ese día en el Museo de Altamira. El Museo Nacional de Altamira (Santillana del Mar, Cantabria) se visita libremente: incluye la Neocueva, la sala de exposición permanente sobre el Paleolítico cantábrico, la tienda y una pequeña biblioteca especializada. Está a 30 kilómetros de Santander y a 5 de Santillana del Mar, una de las villas medievales más hermosas de España.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la Cueva de Altamira?

Altamira es una cueva paleolítica situada en Santillana del Mar (Cantabria) que contiene el conjunto de pinturas rupestres más famoso del Paleolítico Superior europeo. Su Sala de los Polícromos, con una quincena de bisontes multicolores, la ha hecho conocida como "la Capilla Sixtina del arte cuaternario". Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1985.

¿Quién descubrió la Cueva de Altamira?

La cueva fue descubierta en 1868 por el cazador Modesto Cubillas cuando su perro se coló en una grieta. En 1879, el aristócrata e historiador aficionado Marcelino Sanz de Sautuola, dueño de las tierras, visitó la cueva acompañado de su hija María de 8 años, que levantó la vista y gritó "¡Mira, papá, bueyes!" al ver las figuras polícromas del techo. Así se descubrió el primer arte paleolítico parietal conocido en el mundo.

¿Por qué no creyeron inicialmente a Sautuola?

La comunidad científica de la época, dominada por los prehistoriadores franceses como Cartailhac, Mortillet o Harlé, rechazó el descubrimiento por varias razones: no se conocía ningún otro caso de arte paleolítico parietal, las pinturas parecían demasiado bien conservadas para ser tan antiguas, la calidad artística era considerada "incompatible" con el hombre primitivo, y circulaba el rumor de que las habría pintado un artista contemporáneo para engañar a Sautuola. Este murió en 1888 sin ser reconocido.

¿Cuándo se reconoció la autenticidad de Altamira?

En 1902, el propio Émile Cartailhac, uno de los principales detractores, publicó en L'Anthropologie el artículo "Mea culpa d'un sceptique", en el que reconocía públicamente su error y pedía disculpas. La rehabilitación llegó 14 años después de la muerte de Sautuola, forzada por el descubrimiento de otras cuevas con arte paleolítico en Francia (La Mouthe, Combarelles, Font-de-Gaume).

¿Cuántos años tienen las pinturas de Altamira?

Las pinturas fueron realizadas durante el Paleolítico Superior, entre hace 36.000 y 13.000 años, con la mayoría pertenecientes al período Magdaleniense. Una datación por uranio-torio de 2012 situó algunas de las pinturas más antiguas en cerca de 36.000 años, lo que las sitúa entre las manifestaciones artísticas más antiguas de la humanidad europea.

¿Se puede visitar la Cueva de Altamira?

La cueva original está cerrada al público desde 2002 por razones de conservación (las pinturas sufrieron daños microbianos por el CO₂ de los visitantes). Desde 2014, solo cinco visitantes sorteados cada semana pueden entrar los viernes. Sin embargo, junto a la cueva se encuentra el Museo Nacional de Altamira, que incluye la "Neocueva", una réplica exacta de la Sala de los Polícromos realizada en 2001 con tecnología 3D, que se visita libremente.

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