La Segunda República Española (1931-1936): Reformas, Esperanzas y Tragedia

España Contemporánea (1931–1936)

La Segunda República Española (14 de abril de 1931 – 1 de abril de 1939) fue el primer régimen plenamente democrático de la historia de España y uno de los experimentos políticos más ambiciosos, más apasionantes y más trágicos de la Europa de entreguerras. Nacida de la caída de la monarquía de Alfonso XIII y del agotamiento de la dictadura de Primo de Rivera, la República intentó en apenas cinco años —desde la proclamación del 14 de abril de 1931 hasta el estallido de la Guerra Civil el 18 de julio de 1936— transformar radicalmente un país semifeudal, profundamente desigual y políticamente atrasado, en una democracia moderna, laica, reformista y socialmente avanzada. El intento fue derrotado no por sus propios errores (que los tuvo) sino por la combinación de una oposición antidemocrática (la derecha monárquica, la Iglesia, el Ejército, los terratenientes) y de un contexto europeo catastrófico (el ascenso del fascismo, la crisis del 29, la debilidad de las democracias) que hicieron imposible la convivencia pacífica.

Bandera tricolor de la Segunda República Española (1931-1939).
Bandera tricolor (roja, amarilla y morada) de la Segunda República Española (1931-1939).

La caída de la monarquía y el 14 de abril de 1931

La monarquía de Alfonso XIII estaba desacreditada tras haber apoyado la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) y haber intentado sostenerse después mediante una serie de gobiernos provisionales inestables (la “dictablanda” de Berenguer). En un intento de recuperar legitimidad, el gobierno convocó elecciones municipales para el 12 de abril de 1931. Los resultados fueron claros: las candidaturas republicano-socialistas ganaron en 41 de las 50 capitales de provincia, aunque los monárquicos vencieron en el cómputo total de concejales rurales (donde el caciquismo seguía funcionando). Pero el mensaje de las ciudades fue inequívoco: España quería cambio.

El 14 de abril de 1931, dos días después de las elecciones, la República fue proclamada en todo el país simultáneamente: en Éibar (Guipúzcoa) se izó la primera bandera tricolor republicana (roja, amarilla y morada) a las 6 de la mañana; en Madrid, multitudes desbordaron las calles de la Puerta del Sol; en Barcelona, Francesc Macià proclamó la “República Catalana dentro de la Federación Ibérica” (que sería reconducida días después hacia un Estatuto de Autonomía). Alfonso XIII, abandonado por el Ejército y aconsejado por sus ministros, decidió marcharse de España esa misma noche, embarcando en el puerto de Cartagena rumbo al exilio. No abdicó formalmente —dijo que “suspendía el ejercicio del poder real”— pero su salida fue interpretada como el fin de la monarquía.

Se constituyó un Gobierno Provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora (católico moderado) con ministros republicanos de diversas tendencias: Manuel Azaña (izquierda republicana, Ministerio de la Guerra), Indalecio Prieto y Fernando de los Ríos (socialistas), Alejandro Lerroux (republicano radical). El gobierno provisional convocó elecciones a Cortes Constituyentes para junio.

El bienio reformista (1931-1933): las grandes reformas

Las elecciones del 28 de junio de 1931 dieron la mayoría a la coalición republicano-socialista. La nueva Asamblea redactó la Constitución de 1931, una de las más avanzadas de Europa en su momento: establecía una república democrática, laica (separación total de Iglesia y Estado), con sufragio universal (incluyendo, por primera vez en la historia de España, el voto femenino, aprobado tras un célebre debate parlamentario entre Clara Campoamor, que lo defendía, y Victoria Kent, que pedía aplazarlo). Se reconocían la libertad de expresión, de reunión, de asociación, el divorcio, la igualdad de los hijos legítimos e ilegítimos, los derechos laborales y la propiedad privada con función social.

El bienio reformista (1931-1933), con Manuel Azaña como presidente del Gobierno y Alcalá-Zamora como presidente de la República, emprendió un programa de transformación social ambicioso:

  • Reforma agraria (Ley de Reforma Agraria de septiembre de 1932): pretendía redistribuir la tierra de los grandes latifundistas del sur (Andalucía, Extremadura, La Mancha) entre los jornaleros sin tierra. La aplicación fue lentísima y frustrante: en dos años se asentaron menos de 12.000 familias de los cientos de miles que lo necesitaban. Fue la reforma más esperada y más decepcionante.
  • Reforma militar (Ley Azaña de abril de 1931): pretendía reducir un Ejército hipertrofiado (un oficial por cada seis soldados) y modernizarlo. Azaña ofreció el retiro con sueldo íntegro a los oficiales que quisieran irse. La medida redujo la plantilla pero generó un odio visceral del Ejército hacia la República que se manifestaría en julio de 1936.
  • Reforma educativa: construcción de 10.000 escuelas nuevas en dos años (España tenía un 40% de analfabetismo), creación de las Misiones Pedagógicas (bibliotecas y teatros ambulantes que llevaban la cultura a las aldeas más aisladas, dirigidas por el pedagogo Manuel Bartolomé Cossío), impulso a la enseñanza laica y mixta.
  • Separación Iglesia-Estado: el artículo 26 de la Constitución disolvía las órdenes religiosas que tuvieran un cuarto voto de obediencia (es decir, los jesuitas), prohibía la enseñanza a las órdenes religiosas y establecía la secularización de cementerios. Estas medidas provocaron una guerra abierta con la Iglesia católica, que movilizó a la derecha confesional contra la República.
  • Estatuto de Cataluña (septiembre de 1932): concedía autonomía a Cataluña con gobierno propio (Generalitat), parlamento y policía. Era la primera autonomía regional de la historia de España moderna.

El bienio conservador o “bienio negro” (1933-1936)

Las elecciones del 19 de noviembre de 1933 —las primeras en las que votaron las mujeres en España— dieron la victoria a la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) de José María Gil-Robles y al Partido Radical de Alejandro Lerroux. El nuevo gobierno frenó las reformas del bienio anterior: paralizó la reforma agraria (devolviendo las tierras a los latifundistas), amnistió a los golpistas de la “Sanjurjada” de agosto de 1932 (un intento de golpe del general Sanjurjo en Sevilla), limitó los estatutos de autonomía y permitió la vuelta de los jesuitas.

La entrada de ministros de la CEDA en el gobierno en octubre de 1934 fue interpretada por la izquierda como un paso hacia el fascismo (la CEDA de Gil-Robles se inspiraba abiertamente en las organizaciones católicas autoritarias de Austria y Alemania) y desencadenó la Revolución de Octubre de 1934: una insurrección armada de mineros asturianos —con participación socialista, comunista y anarquista— que durante dos semanas controló la cuenca minera y parte de Oviedo, con un “comité revolucionario” que instauró un gobierno popular. El gobierno envió al Ejército de África (tropas de Regulares marroquíes y la Legión) al mando del general Francisco Franco, que sofocó la revuelta con extrema brutalidad: más de 1.300 muertos, 3.000 heridos, 30.000 detenidos. La represión de Asturias radicalizó definitivamente a la izquierda española y convirtió a Franco en el general más temido y odiado de España.

El Frente Popular (febrero – julio 1936)

Las elecciones del 16 de febrero de 1936 enfrentaron a dos grandes bloques: el Frente Popular (coalición de izquierda republicana, socialistas, comunistas, POUM y Esquerra Republicana) y el Frente Nacional (CEDA, monárquicos, carlistas). El Frente Popular venció con 4,6 millones de votos frente a 4,5 del Frente Nacional: un margen estrechísimo que reflejaba una España partida exactamente por la mitad.

Azaña fue elegido presidente de la República (sustituyendo a Alcalá-Zamora, destituido por las Cortes) y Santiago Casares Quiroga asumió la presidencia del Gobierno. Pero la primavera de 1936 fue una escalada de violencia imparable: huelgas generales, ocupaciones de tierras por jornaleros desesperados, quema de iglesias y conventos, asesinatos de pistoleros de izquierda (contra falangistas) y de derecha (contra militantes obreros). El asesinato del líder monárquico José Calvo Sotelo el 13 de julio de 1936, en represalia por el asesinato del teniente de izquierda José del Castillo el día anterior, fue el detonante final: cinco días después, el 18 de julio, el Ejército se sublevó.

El legado: entre la esperanza y la tragedia

La Segunda República fue, como dijo el historiador Santos Juliá, «el intento más generoso de modernización que España emprendió en el siglo XX». En cinco años, intentó lo que Francia había tardado un siglo en conseguir: separar Iglesia y Estado, reformar la tierra, democratizar el Ejército, alfabetizar al pueblo, emancipar a la mujer (voto, divorcio, igualdad legal), descentralizar el Estado y crear una cultura cívica democrática. Lo hizo en un contexto internacional hostil (el fascismo subiendo en Europa, la Gran Depresión arrasando las economías, las democracias liberal-burguesas debilitadas) y con unas tensiones internas —la cuestión agraria del sur, la cuestión religiosa, la cuestión militar, la cuestión nacional catalana y vasca— que habrían sido difíciles de gestionar en cualquier circunstancia.

El debate sobre las causas del fracaso sigue abierto entre los historiadores. La derecha ha argumentado que la República fue destruida por sus propios excesos: el anticlericalismo, la reforma agraria radical, la Revolución de Octubre. La izquierda ha argumentado que fue destruida por la conspiración golpista de un Ejército, una Iglesia y una oligarquía terrateniente que nunca aceptaron la democracia. La historiografía académica actual tiende a una visión más matizada: la República cometió errores (especialmente la lentitud de la reforma agraria y la torpeza del anticlericalismo constitucional), pero fue ante todo víctima de una Europa en crisis donde las democracias caían como fichas de dominó y donde los sectores privilegiados preferían el fascismo a la reforma social.

La bandera tricolor (roja, amarilla y morada) y la memoria de la República siguen siendo símbolos cargados de significado en la España actual. La Ley de Memoria Histórica de 2007 y la Ley de Memoria Democrática de 2022 reconocieron oficialmente a las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo, y declararon ilegales los juicios sumarísimos de la dictadura. Pero el debate sobre qué fue la República —si una utopía fracasada, un proyecto viable traicionado, o un error histórico— sigue siendo uno de los más vivos y más dolorosos de la España contemporánea.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo fue la Segunda República Española?

La Segunda República Española fue proclamada el 14 de abril de 1931 tras la victoria de las candidaturas republicanas en las elecciones municipales del 12 de abril y la salida al exilio del rey Alfonso XIII. Terminó formalmente el 1 de abril de 1939 con la victoria de Franco en la Guerra Civil. Duró por tanto 8 años, aunque los últimos 3 (1936-1939) fueron de guerra. El periodo de paz de la República comprende solo 5 años (1931-1936).

¿Cuándo votaron las mujeres por primera vez en España?

Las mujeres españolas votaron por primera vez en las elecciones generales del 19 de noviembre de 1933, tras la aprobación del sufragio universal femenino en la Constitución de 1931. La diputada Clara Campoamor defendió el voto femenino en un célebre debate parlamentario contra Victoria Kent (que pedía aplazarlo porque temía que las mujeres, influidas por la Iglesia, votaran a la derecha). Campoamor ganó la votación y España se convirtió en uno de los primeros países europeos con sufragio universal pleno.

¿Qué reformas hizo la Segunda República?

Las principales reformas del bienio 1931-1933 fueron: reforma agraria (redistribución de latifundios del sur), reforma militar (reducción del Ejército hipertrofiado), reforma educativa (10.000 escuelas nuevas, Misiones Pedagógicas contra el analfabetismo), separación total de Iglesia y Estado (disolución de los jesuitas, prohibición de enseñanza a las órdenes), Estatuto de Autonomía de Cataluña (primera autonomía de la historia), voto femenino, divorcio, igualdad de hijos legítimos e ilegítimos, y derechos laborales.

¿Qué fue la Revolución de Octubre de 1934?

Fue una insurrección armada de mineros asturianos en octubre de 1934, con participación socialista, comunista y anarquista, desencadenada por la entrada de ministros de la CEDA (derecha católica) en el gobierno. Durante dos semanas los mineros controlaron la cuenca minera y parte de Oviedo, con un comité revolucionario que instauró un gobierno popular. El gobierno envió al Ejército de África al mando de Franco, que sofocó la revuelta con extrema brutalidad: más de 1.300 muertos, 3.000 heridos, 30.000 detenidos. Radicalizó definitivamente a la izquierda y convirtió a Franco en el general más temido de España.

¿Qué fue el Frente Popular?

Fue la coalición de partidos de izquierda que venció en las elecciones del 16 de febrero de 1936: izquierda republicana (Azaña), socialistas (Prieto, Largo Caballero), comunistas (PCE), POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) y Esquerra Republicana de Catalunya. Obtuvo 4,6 millones de votos frente a 4,5 del Frente Nacional (derecha). La victoria del Frente Popular desencadenó una escalada de violencia durante la "primavera trágica" de 1936 que culminó en la sublevación militar del 18 de julio.

¿Por qué cayó la Segunda República?

Por una combinación de factores: la sublevación militar del 18 de julio de 1936 (golpe de Estado de generales como Franco, Mola, Sanjurjo contra el gobierno legítimo), el apoyo de la Alemania nazi y la Italia fascista al bando sublevado, la política de "No Intervención" de Francia e Inglaterra que privó a la República de comprar armas, las tensiones internas del bando republicano (enfrentamientos entre comunistas, anarquistas y POUM en los Hechos de Mayo de 1937 en Barcelona), y un contexto europeo donde las democracias caían ante el fascismo. La Guerra Civil duró hasta el 1 de abril de 1939.

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