Averroes (Ibn Rushd): El Filósofo de Córdoba que Cambió el Pensamiento Europeo

Al-Ándalus almohade

Abū l-Walīd Muḥammad ibn Aḥmad ibn Rušd, conocido en Europa como Averroes (Córdoba, 14 de abril de 1126 – Marrakech, 10 de diciembre de 1198), fue el mayor filósofo del Islam medieval occidental y uno de los pensadores más influyentes de toda la historia del pensamiento humano. Filósofo, jurista, médico y astrónomo, es conocido sobre todo como “el Comentador” de Aristóteles por antonomasia: sus comentarios sistemáticos a casi toda la obra aristotélica fueron traducidos al latín en el siglo XIII y se convirtieron en la base sobre la cual Europa redescubrió a Aristóteles. Tomás de Aquino, Dante, Petrarca y toda la escolástica medieval leyeron a Aristóteles a través de Averroes. Dante lo coloca en el Limbo de la Divina Comedia junto a los grandes filósofos paganos, como el más sabio de los intelectuales islámicos. La corriente filosófica que derivó de sus enseñanzas —el averroísmo latino— fue una de las principales fuentes del racionalismo europeo y del humanismo renacentista.

Detalle de Averroes en el fresco La escuela de Atenas de Rafael (Vaticano).
Detalle de Averroes en el fresco La escuela de Atenas de Rafael (Vaticano).

La Córdoba almohade del siglo XII

Averroes nació en Córdoba en 1126, cuando la ciudad había perdido ya su esplendor califal de 200 años antes pero seguía siendo uno de los centros culturales más importantes del mundo islámico. Su familia era una de las más prestigiosas de Córdoba: su abuelo y su padre habían sido cadíes mayores (jueces supremos) de la ciudad. Averroes recibió, por tanto, una esmeradísima formación en las disciplinas tradicionales islámicas —fiqh (jurisprudencia), hadiz (tradiciones del Profeta), gramática árabe, teología, medicina— y en las “ciencias de los antiguos” (filosofía griega, matemáticas, astronomía, lógica).

Córdoba había caído en 1146 bajo el dominio del movimiento reformista norteafricano de los almohades, que habían sustituido a los almorávides en el control de Al-Ándalus. Los almohades, aunque políticamente más rigurosos y puritanos, paradójicamente dieron mucha protección a los filósofos: su fundador Ibn Tumart había estudiado filosofía, y los sucesivos califas —Abd al-Mumin, Yusuf I y su hijo Yaqub al-Mansur— eran aficionados a la filosofía aristotélica. Este doble carácter, ortodoxia religiosa pública y aprecio privado por la filosofía, explica la compleja relación de Averroes con la corte: durante años fue favorecido, al final exiliado.

El encuentro con Ibn Tufayl y el califa Yusuf I (1169)

Hacia 1169, Averroes fue presentado al califa almohade Yusuf I por el filósofo y médico de la corte Ibn Tufayl, autor de la famosa novela filosófica Hayy ibn Yaqzan (conocida en Europa como El filósofo autodidacto). La escena, narrada por el discípulo Al-Marrakushi, es célebre: el califa preguntó al joven Averroes si creía que el cielo era eterno o creado. Averroes, temiendo una trampa —la respuesta ortodoxa musulmana era la creación, pero Aristóteles sostenía la eternidad—, dudó. Entonces el califa respondió él mismo, exhibiendo un conocimiento profundo de Aristóteles, y Averroes comprendió que estaba ante un soberano sinceramente interesado en la filosofía. Tras esa conversación, Ibn Tufayl le transmitió el deseo del califa: quería un comentario claro y sistemático de Aristóteles en árabe, porque los existentes eran confusos.

Este encargo cambió la vida de Averroes. Durante los siguientes 30 años, se dedicó con intensidad obsesiva a comentar toda la obra aristotélica. Redactó tres tipos de comentarios a cada obra: un “comentario grande” (con el texto completo de Aristóteles y la glosa línea a línea), un “comentario medio” (paráfrasis explicativa) y un “comentario pequeño” (resumen). Comentó la Metafísica, la Física, el De Anima, la Ética a Nicómaco, la Política, los Libros del Cielo, los tratados de lógica y muchos más. Era, de lejos, el intérprete más completo y más fiel de Aristóteles que el mundo medieval había producido.

La defensa de la filosofía: “La incoherencia de la incoherencia”

Además de comentar a Aristóteles, Averroes escribió obras propias entre las que destacan tres fundamentales. La Fasl al-maqal (Discurso decisivo sobre la conexión entre la ley religiosa y la filosofía) es un tratado jurídico-filosófico en el que defiende la compatibilidad entre el Corán y la filosofía. Según Averroes, el propio Corán obliga al hombre inteligente a reflexionar racionalmente sobre la creación, y por tanto «la filosofía no solo está permitida, sino que es obligatoria para quien posee el entendimiento». Cuando Corán y filosofía parecen contradecirse, hay que interpretar el Corán alegóricamente; es lo que los latinos llamarían “doctrina de la doble verdad”.

La Tahafut al-Tahafut (La incoherencia de la incoherencia, c. 1180) es su obra polémica más famosa: una refutación del teólogo persa Al-Ghazali, que un siglo antes había escrito La incoherencia de los filósofos atacando a Avicena y a la filosofía griega. Averroes defiende a la filosofía frase por frase contra las críticas ghazalianas, reconstruyendo la racionalidad aristotélica contra el misticismo ash’arita. Es uno de los grandes duelos intelectuales de la historia del pensamiento.

La tercera gran obra propia es el Bidayat al-mujtahid wa-nihayat al-muqtasid (El comienzo del diligente y el final del moderado), un manual de jurisprudencia islámica comparada, aún usado hoy en el mundo musulmán como una de las mejores exposiciones sistemáticas de las diferencias entre las escuelas jurídicas clásicas.

Médico, astrónomo y jurista

Averroes no fue solo filósofo. Siguió la carrera judicial familiar: fue cadí de Sevilla en 1169 y luego cadí mayor de Córdoba en 1180. También sucedió a Ibn Tufayl como médico personal del califa Yusuf I en 1182. Su manual de medicina, el Kitab al-Kulliyat fi l-tibb (El libro de las generalidades de la medicina, latinizado como Colliget), fue uno de los textos médicos más importantes del mundo islámico y medieval, y se enseñó en las universidades europeas durante tres siglos, hasta Vesalio.

En astronomía, Averroes criticó el sistema ptolemaico por incompatible con la física aristotélica: Ptolomeo introducía epiciclos y excéntricas que, según Averroes, no podían ser reales porque violaban el principio aristotélico de que los cuerpos celestes debían moverse en círculos perfectos en torno al centro del universo. Su crítica sería recogida tres siglos después por Copérnico como uno de los argumentos para replantear el sistema astronómico. Averroes fue así, paradójicamente, uno de los precursores remotos de la revolución astronómica moderna.

La caída en desgracia (1195)

La suerte de Averroes cambió bruscamente en 1195. El califa Al-Mansur, necesitado del apoyo de los teólogos tradicionalistas ante la campaña contra los cristianos que culminaría en la victoria de Alarcos, cedió a sus presiones y dictó una condena contra Averroes. Le acusaron de enseñar doctrinas contrarias al Islam, de “mezclar la fe con la filosofía”, de interpretar alegóricamente el Corán. Sus libros fueron quemados públicamente en Córdoba y el filósofo fue desterrado a la pequeña ciudad de Lucena, al sur, donde había una importante comunidad judía. Se le prohibió escribir.

Averroes pasó dos años en este exilio humillante. En 1197 el califa levantó la prohibición y lo convocó a Marrakech, donde murió poco después, el 10 de diciembre de 1198, a los 72 años. Su cuerpo fue trasladado tres meses más tarde a Córdoba —según una tradición, el cadáver iba en un burro acompañado por sus libros—, donde fue enterrado en el cementerio familiar. El joven Ibn Arabi, que vio pasar el cortejo, escribió uno de los textos místicos más conmovedores sobre la escena: el gran filósofo y sus libros, juntos en muerte como en vida.

El averroísmo latino y la crisis de la Escolástica

Ironicamente, Averroes fue olvidado en el mundo islámico después de su muerte, pero su influencia en la Europa cristiana fue gigantesca. A comienzos del siglo XIII, sus comentarios aristotélicos fueron traducidos al latín en Toledo y Sicilia, principalmente por el inglés Miguel Escoto y el judío converso Hermann el Alemán. Llegaron a París, Bolonia y Oxford, donde se convirtieron en el manual obligatorio para el estudio de Aristóteles.

De sus comentarios nació la corriente conocida como “averroísmo latino”, que defendía: (1) la eternidad del mundo (contra la creación en el tiempo), (2) la unidad del intelecto agente en todos los seres humanos (contra la inmortalidad individual del alma), y (3) la “doble verdad”, según la cual la filosofía podía llegar a conclusiones distintas a las de la fe sin por ello ser falsa. Estas doctrinas fueron condenadas repetidamente por las autoridades eclesiásticas —la más famosa fue la condena de París de 1277, contra 219 proposiciones averroístas—, pero precisamente las condenas indican lo extendida que estaba la doctrina.

Tomás de Aquino dedicó gran parte de su obra a refutar al “Comentador” (así llamaba a Averroes por antonomasia), pero sin dejar de admirarlo y citarlo constantemente. Dante lo coloca en el Inferno (IV, 144) entre los filósofos paganos virtuosos del Limbo, con el verso «Averrois, che ‘l gran comento feo» (Averroes, que hizo el gran comentario). Petrarca, a pesar de su antiaverroísmo declarado, lo cita. Rafael lo incluyó en la Escuela de Atenas del Vaticano, único árabe en el fresco junto a los grandes sabios griegos.

Legado: el puente entre Atenas y Europa

La importancia histórica de Averroes es inmensa. Fue el puente intelectual por el que Aristóteles, casi completamente olvidado en Europa durante seis siglos, regresó al pensamiento occidental de manera definitiva. El siglo XIII europeo —la época de Tomás de Aquino, Buenaventura, Alberto Magno, Roger Bacon y las primeras universidades— es inconcebible sin los comentarios averroístas. Sin Averroes, probablemente no habría habido Renacimiento italiano en los términos en los que lo conocemos.

En la Córdoba actual, una gran estatua de Averroes en la muralla (obra del escultor Pablo Yusti, 1967) recuerda al filósofo más ilustre de la ciudad. Su pensamiento sigue siendo reivindicado en el siglo XXI como uno de los grandes ejemplos del diálogo entre razón y fe, entre ciencia y religión, entre Oriente y Occidente. El cineasta egipcio Youssef Chahine dedicó a su vida la película Al-massir (El destino, 1997), presentada en Cannes y considerada un clásico del cine árabe contemporáneo. Averroes sigue siendo, más de 800 años después, un símbolo cultural de primer orden de Al-Ándalus y de la universalidad del pensamiento filosófico.

Preguntas frecuentes

¿Quién fue Averroes?

Abū l-Walīd Muhammad ibn Rushd (Córdoba, 1126 – Marrakech, 1198) fue el mayor filósofo del Islam medieval occidental. Médico, jurista, astrónomo y cadí mayor de Sevilla y Córdoba, escribió comentarios exhaustivos a Aristóteles que marcaron el pensamiento europeo durante cinco siglos.

¿Qué obras escribió Averroes?

Sus grandes obras son los comentarios a Aristóteles (en tres niveles: epítomes, comentarios medios y comentarios mayores), la Destrucción de la destrucción (contra al-Ghazali) y el Kitab al-Kulliyat, enciclopedia médica reeditada en Europa hasta el siglo XVIII.

¿Por qué es importante Averroes para la filosofía europea?

Los escolásticos latinos lo llamaban «el Comentador»: Averroes era la referencia absoluta para leer a Aristóteles en la universidad medieval. El averroísmo latino, condenado por la Iglesia en 1277, influyó en Tomás de Aquino, Dante Alighieri y Giordano Bruno.

¿Dónde murió Averroes?

En Marrakech en 1198, poco después de haber caído en desgracia con el califa almohade Abu Yusuf al-Mansur. Sus obras fueron prohibidas temporalmente por heréticas. Sus restos fueron trasladados a Córdoba, donde hoy una estatua lo homenajea junto a la muralla de la Judería.

¿Qué relación tiene Averroes con Aristóteles?

Dedicó décadas a comentar casi todo el corpus aristotélico traducido al árabe. Gracias a esas traducciones (después vertidas al latín en Toledo y Sicilia), la Europa medieval redescubrió a Aristóteles. Sin Averroes, la escolástica de Tomás de Aquino habría sido imposible.

Seguir leyendo