Los Guerrilleros: Espoz y Mina, El Empecinado y la Palabra que España Dio al Mundo

Guerra de Independencia (1808–1814)

Los guerrilleros de la Guerra de Independencia española (1808-1814) fueron los protagonistas de una de las innovaciones militares más influyentes de la historia moderna: la guerra de guerrillas como estrategia organizada de resistencia popular contra un ejército invasor profesional. Fue en España donde la palabra “guerrilla” —diminutivo castellano de “guerra”, literalmente “guerra pequeña”— entró en todas las lenguas europeas y se convirtió en un concepto militar universal. Los guerrilleros españoles —campesinos, pastores, contrabandistas, estudiantes, frailes, bandoleros reconvertidos, oficiales sueltos— mantuvieron durante seis años una insurrección permanente que inmovilizó a centenares de miles de soldados franceses, cortó líneas de comunicación, interceptó correos, destruyó convoyes, asaltó guarniciones aisladas y contribuyó decisivamente a la derrota de Napoleón en la Península.

Grabado de Los Desastres de la Guerra de Goya.
Grabado de Los Desastres de la Guerra de Goya.

Entre los cientos de partidas guerrilleras que operaron en toda España, cuatro nombres sobresalieron: Francisco Espoz y Mina (Navarra), Juan Martín Díez “El Empecinado” (Castilla), el cura Jerónimo Merino “el Cura Merino” (Burgos) y Julián Sánchez “el Charro” (Salamanca). Todos ellos llegaron a comandar ejércitos de miles de hombres y a controlar regiones enteras donde los franceses no se atrevían a entrar sino en fuerza.

El nacimiento de la guerrilla (1808)

Tras el 2 de mayo de 1808 en Madrid y las abdicaciones de Bayona, la resistencia española contra los franceses adoptó desde el principio una doble forma: por un lado, los ejércitos regulares organizados por las juntas provinciales (que obtuvieron victorias como Bailén pero también sufrieron derrotas aplastantes); por otro lado, las partidas guerrilleras, pequeños grupos de civiles armados que operaban en el campo, las montañas y los bosques, hostigando a los franceses sin presentar batalla frontal. La guerrilla no fue planificada ni organizada por ningún gobierno: nació espontáneamente, como una reacción instintiva de la población rural española contra un ejército invasor que saqueaba las iglesias, violaba a las mujeres, requisaba las cosechas y fusilaba a los sospechosos de colaborar con la resistencia.

Las causas del fenómeno fueron múltiples: el odio patriótico y religioso al invasor francés (percibido como ateo y sacrílego), la tradición del bandolerismo peninsular (muchos guerrilleros eran antiguos contrabandistas o bandidos que encontraron en la guerra una legitimidad nueva), la geografía española (sierras, barrancos, bosques y páramos que ofrecían refugio natural), y la debilidad del Ejército regular español (que tras las derrotas de 1808-1809 no podía proteger a la población, que tuvo que protegerse sola).

La táctica guerrillera

La guerrilla española se basaba en principios tácticos simples pero extraordinariamente eficaces contra un ejército convencional:

  • Nunca dar batalla frontal: la partida guerrillera atacaba por sorpresa, emboscaba un convoy, asaltaba un correo, capturaba un puesto aislado y desaparecía antes de que llegaran refuerzos. “Golpear y huir” (hit and run) era el principio básico.
  • Movilidad extrema: los guerrilleros se desplazaban a caballo o a pie por caminos de montaña que los franceses desconocían, cubriendo 40-50 km diarios (frente a los 20-25 de una columna francesa con impedimenta). Conocían cada barranco, cada cueva, cada vado.
  • Inteligencia popular: toda la población rural era cómplice de los guerrilleros: los pastores vigilaban los movimientos franceses, las mujeres escondían armas en los graneros, los curas transmitían mensajes desde los púlpitos, los niños servían de correos. Los franceses no podían distinguir al guerrillero del campesino: por la mañana era labrador, por la noche empuñaba el fusil.
  • Terror psicológico: los guerrilleros no hacían prisioneros (o los hacían rara vez). Los soldados franceses aislados eran asesinados con navajas, ahogados en los ríos, despeñados por los barrancos. La crueldad era mutua: los franceses fusilaban a los sospechosos, quemaban pueblos enteros y exhibían cadáveres en los caminos. Goya lo inmortalizó todo en los Desastres de la guerra.
  • Interceptación de comunicaciones: cortar los correos entre los generales franceses fue una de las contribuciones más valiosas de la guerrilla. Los despachos interceptados se enviaban a Wellington, que los usaba para su planificación estratégica.

Los grandes guerrilleros

Francisco Espoz y Mina (1781-1836): el rey de Navarra

Francisco Espoz y Mina, campesino navarro de Idocin, fue el guerrillero más eficaz y organizado de toda la guerra. Comenzó como lugarteniente de su sobrino Javier Mina (capturado por los franceses en 1810) y heredó su partida con apenas 30 hombres. En cuatro años la convirtió en un ejército regular de 8.000 soldados que controlaba toda Navarra, cobraba impuestos, tenía hospitales de campaña, mantenía una fábrica de armas en los Pirineos y contaba con un servicio de espionaje que transmitía información a Wellington. Los franceses necesitaban 30.000 hombres solo para mantener abierta la carretera de Bayona a Madrid a través de Navarra. Espoz y Mina fue reconocido por la Junta Central como general del Ejército y sus fuerzas se convirtieron de hecho en el “Ejército de Navarra”.

Juan Martín Díez “El Empecinado” (1775-1825): el hombre de Castilla

Juan Martín Díez, apodado “El Empecinado” (del pueblo de Castrillo de Duero, Valladolid, donde el barro “empecina” = ensucia), fue el guerrillero más popular de Castilla. Campesino robusto, valiente hasta la temeridad y con un carisma natural enorme, operó en la zona del Duero, Guadalajara y la Alcarria con una partida que llegó a los 5.000 hombres. Su fama fue tal que los franceses ofrecieron una recompensa enorme por su cabeza. Tras la guerra fue nombrado mariscal de campo, pero su tragedia vino después: liberal convencido, se opuso al absolutismo de Fernando VII, fue detenido en 1823 y ejecutado públicamente en Roa (Burgos) el 19 de agosto de 1825. Fue uno de los primeros héroes de la independencia sacrificados por el despotismo al que habían combatido.

El cura Merino (1769-1844): la sotana y la espada

Jerónimo Merino, párroco de Villoviado (Burgos), fue el arquetipo del cura guerrillero, figura frecuente en una guerra donde el clero participó activamente en la resistencia (los franceses eran percibidos como enemigos de la Iglesia). Merino operaba en la sierra de Burgos con una partida de unos 4.000 hombres, combinando misas por la mañana con emboscadas por la tarde. Era temido por su crueldad: no hacía prisioneros. Tras la guerra se convirtió en un ultrarrealista que combatió contra los liberales en la primera guerra carlista (1833-1840), muriendo en el exilio francés en 1844. Su figura encarna la cara más oscura de la guerrilla: el paso del patriotismo a la reacción.

Julián Sánchez “el Charro” (1774-1832): el lancero de Salamanca

Julián Sánchez García, conocido como “el Charro” por su origen en la comarca salmantina de El Rebollar, mandó una partida de lanceros a caballo que operaba en la frontera entre Salamanca, Zamora y Portugal. A diferencia de otros guerrilleros, su partida tenía un carácter casi de caballería regular: formaba en línea, cargaba a la lanza y combatía en coordinación con el ejército anglo-portugués de Wellington, que lo consideraba uno de los colaboradores más valiosos. “El Charro” controlaba el corredor Ciudad Rodrigo-Salamanca-Zamora y fue decisivo para la victoria aliada en la batalla de los Arapiles (Salamanca, julio de 1812), proporcionando inteligencia sobre los movimientos franceses.

El impacto militar: la “úlcera” de Napoleón

El impacto militar de la guerrilla fue devastador para Francia. Napoleón llegó a tener hasta 300.000 soldados en España (la cifra fluctuaba), de los cuales una proporción enorme —entre un tercio y la mitad— estaba dedicada a proteger líneas de comunicación, escoltar convoyes, guarnecer ciudades y perseguir guerrilleros en lugar de combatir al ejército regular aliado. Los franceses controlaban las ciudades pero no el campo: fuera de las murallas, cualquier movimiento en columnas pequeñas era un suicidio. Los correos entre generales tenían que ir escoltados por centenares de soldados, y aun así eran interceptados. Los refuerzos que bajaban de Francia llegaban diezmados por las emboscadas navarras de Espoz y Mina. Los oficiales franceses vivían en un estado de tensión permanente que erosionaba la moral y la disciplina.

Napoleón llamó a la guerra española su «ulcère espagnole» (“úlcera española”) y reconoció que fue en España donde empezó su declive. Los historiadores militares modernos le dan la razón: la guerrilla española, combinada con el ejército regular anglo-hispano-portugués de Wellington y las derrotas de Bailén (1808), los Arapiles (1812) y Vitoria (1813), hizo imposible la estabilización de la ocupación francesa y contribuyó decisivamente a la derrota final de Napoleón.

El legado universal: la guerrilla como concepto

La Guerra de Independencia española dio al mundo la palabra “guerrilla” y el concepto moderno de guerra irregular. Antes de 1808 existían formas de resistencia armada no convencional (los cosacos, los franctiradores de las guerras coloniales, los bandoleros sociales), pero fue en España donde por primera vez una resistencia popular organizada, con decenas de miles de combatientes, con estructuras de mando, inteligencia, logística y coordinación con un ejército regular aliado, fue capaz de desgastar y finalmente derrotar a un ejército imperial moderno.

El modelo español fue estudiado y copiado durante los dos siglos siguientes: los partisanos rusos contra Napoleón (1812), los guerrilleros mexicanos contra la intervención francesa (1862-1867), los bóeres sudafricanos contra los británicos (1899-1902), los partisanos yugoslavos de Tito contra los nazis (1941-1945), los maquis franceses (1940-1944), la guerrilla cubana de Fidel y el Che (1956-1959) y los vietcong contra Estados Unidos (1955-1975) se inspiraron todos, directa o indirectamente, en la experiencia guerrillera española de 1808-1814. El propio Clausewitz, en De la guerra, estudió el caso español como el primer ejemplo moderno de “guerra del pueblo” (Volkskrieg). España dio al mundo una palabra, un concepto y un modelo que sigue vigente hoy en todas las escuelas militares del planeta.

Preguntas frecuentes

¿Qué fueron los guerrilleros españoles?

Fueron los combatientes irregulares que durante la Guerra de Independencia (1808-1814) mantuvieron una insurrección permanente contra el ejército napoleónico. Campesinos, pastores, contrabandistas, frailes, oficiales sueltos y voluntarios formaron partidas guerrilleras que emboscaban convoyes, cortaban comunicaciones y asaltaban guarniciones aisladas. Napoleón llegó a tener 300.000 soldados en España, de los que un tercio se dedicaba solo a proteger líneas de comunicación contra los guerrilleros. Llamó a la guerra española su "úlcera".

¿De dónde viene la palabra "guerrilla"?

La palabra "guerrilla" es un diminutivo castellano de "guerra" (literalmente "guerra pequeña"). Nació en España durante la Guerra de Independencia (1808-1814) para designar la forma de combate irregular de las partidas de civiles armados contra el ejército napoleónico. Desde entonces entró en todas las lenguas europeas (guerrilla, guérilla, Guerilla) y se convirtió en un concepto militar universal que designa la resistencia armada irregular contra un ejército convencional superior.

¿Quién fue El Empecinado?

Juan Martín Díez "El Empecinado" (Castrillo de Duero, Valladolid, 1775 – Roa, Burgos, 1825) fue el guerrillero más popular de Castilla durante la Guerra de Independencia. Campesino robusto y valiente, operó en la zona del Duero con una partida que llegó a 5.000 hombres. Tras la guerra fue nombrado mariscal de campo, pero como liberal convencido se opuso al absolutismo de Fernando VII y fue ejecutado públicamente en Roa en 1825. Su apodo viene de "empecinar" (ensuciar con barro), por su pueblo natal.

¿Quién fue Espoz y Mina?

Francisco Espoz y Mina (Idocin, Navarra, 1781-1836) fue el guerrillero más eficaz y organizado de toda la guerra. Comenzó con 30 hombres y en cuatro años creó un ejército de 8.000 soldados que controlaba toda Navarra, cobraba impuestos, tenía hospitales y una fábrica de armas. Los franceses necesitaban 30.000 hombres solo para mantener abierta la carretera de Bayona a Madrid. Fue reconocido como general y sus fuerzas se convirtieron en el "Ejército de Navarra".

¿Cómo funcionaba la táctica guerrillera?

Se basaba en principios simples: nunca dar batalla frontal ("golpear y huir"), movilidad extrema (40-50 km diarios por caminos de montaña), inteligencia popular (toda la población rural era cómplice: pastores vigilaban, mujeres escondían armas, curas transmitían mensajes, niños hacían de correos), terror psicológico (los soldados aislados eran asesinados) e interceptación de comunicaciones (los correos capturados se enviaban a Wellington). Los franceses controlaban las ciudades pero no el campo.

¿Qué influencia tuvieron los guerrilleros españoles?

Dieron al mundo la palabra "guerrilla" y el modelo moderno de guerra irregular. Fueron estudiados y copiados por los partisanos rusos (1812), los guerrilleros mexicanos contra Francia (1860s), los bóeres sudafricanos (1899-1902), los partisanos de Tito (1941-45), los maquis franceses, la guerrilla cubana de Fidel y el Che (1950s) y los vietcong contra EEUU. Clausewitz estudió el caso español como primer ejemplo moderno de "guerra del pueblo". Es un modelo que sigue vigente en todas las escuelas militares del mundo.

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