Cartago Nova: la Cartagena Romana que Escipión Arrebató a los Cartagineses

República y Alto Imperio

Cartago Nova —la actual Cartagena— fue durante siglos una de las ciudades más ricas y estratégicas del Mediterráneo occidental. Fundada por los cartagineses hacia el 227 a.C. como capital de su imperio en Hispania, su magnífico puerto natural, sus minas de plata y su posición militar la convirtieron en el gran premio que romanos y púnicos se disputaron en la Segunda Guerra Púnica.

Teatro Romano de Cartagena, antigua Cartago Nova, Murcia
El Teatro Romano de Cartagena, joya de la antigua Cartago Nova.

Cuando el joven Publio Cornelio Escipión la conquistó en el 209 a.C. en un audaz golpe de mano, no solo arrebató a Cartago su base de operaciones: puso en manos de Roma las riquezas que financiarían la derrota definitiva de Aníbal. Cartago Nova se convirtió después en una espléndida colonia romana, capital de una de las provincias hispanas y uno de los grandes centros mineros y comerciales del Imperio.

Qart Hadasht: la capital cartaginesa de Hispania

La ciudad fue fundada por el general cartaginés Asdrúbal el Bello hacia el 227 a.C. con el nombre púnico de Qart Hadasht (“Ciudad Nueva”), el mismo que la metrópoli africana, lo que llevó a los romanos a distinguirla como Carthago Nova. Tras la pérdida de Sicilia y Cerdeña frente a Roma, los cartagineses, guiados por la familia Barca, decidieron compensar sus pérdidas construyendo un nuevo dominio en la Península Ibérica, y Qart Hadasht fue su corazón político y militar.

El emplazamiento era inmejorable: una bahía profunda y resguardada, protegida por cinco colinas y por una laguna que la hacía casi inexpensable por tierra. Allí los Barca acuñaron moneda, almacenaron el tesoro de guerra, construyeron arsenales y reunieron tropas. Desde su puerto partió en el 218 a.C. Aníbal hacia Italia para iniciar la guerra que estuvo a punto de destruir a Roma.

La conquista de Escipión (209 a.C.)

Tras la muerte de su padre y su tío en Hispania, Publio Cornelio Escipión —el futuro Africano— recibió el mando de las legiones con apenas 25 años. En lugar de perseguir a los tres ejércitos cartagineses dispersos por la Península, concibió un plan tan arriesgado como brillante: atacar directamente Cartago Nova, débilmente guarnecida pese a su importancia.

En una rápida marcha desde el Ebro, Escipión sitió la ciudad por tierra y mar. Conocedor de que la laguna del norte era vadeable en marea baja —según el historiador Polibio, el propio Escipión lo había averiguado de pescadores locales—, lanzó por allí un ataque sorpresa mientras la defensa se concentraba en las murallas principales. La ciudad cayó en un solo día.

El botín fue colosal: el tesoro púnico, depósitos de armas, dieciocho barcos de guerra, talleres y cientos de rehenes de pueblos íberos que Cartago retenía para asegurar su lealtad. Al liberarlos, Escipión se ganó la amistad de buena parte de las tribus hispanas. La toma de Cartago Nova marcó el principio del fin del poder cartaginés en la Península.

La plata que financió a Roma

La verdadera riqueza de Cartago Nova estaba bajo tierra. Las minas de plata y plomo de su entorno —especialmente en la sierra de Cartagena-La Unión— fueron explotadas de forma intensiva. Polibio, que visitó la zona, dejó constancia de que en su época trabajaban en ellas unos 40.000 esclavos y que proporcionaban al pueblo romano una cantidad ingente de denarios al día.

Esa plata fue una de las claves económicas del ascenso de Roma como potencia mediterránea. Junto con el oro del noroeste que después extraerían en Las Médulas, los metales hispanos sostuvieron el sistema monetario, las legiones y las grandes obras públicas del Imperio durante siglos.

La colonia romana: esplendor monumental

Bajo Roma, la ciudad recibió el rango de colonia (Colonia Urbs Iulia Nova Carthago) probablemente en época de César o Augusto, y vivió una etapa de gran esplendor. Se convirtió en capital del conventus Carthaginiensis y, ya en el Bajo Imperio, dio nombre a la provincia Cartaginense, una de las divisiones administrativas en que se reorganizó la Hispania romana.

De aquella época monumental se conserva su joya arqueológica: el Teatro Romano, construido entre los años 5 y 1 a.C. y con capacidad para unos 6.000 espectadores, redescubierto en 1988 bajo el casco antiguo. A él se suman el Augusteum, el barrio del foro, las termas, la muralla púnica y los restos de la actividad minera, que hacen de la Cartagena actual uno de los conjuntos arqueológicos romanos más importantes de España.

Cartago Nova encarna como pocas ciudades la transición de Hispania entre dos mundos: nacida púnica para combatir a Roma, acabó convertida en una de las grandes ciudades del Imperio que la había conquistado.

Preguntas frecuentes

¿Qué ciudad actual es Cartago Nova?

Cartago Nova es la actual Cartagena, en la Región de Murcia. Conserva uno de los conjuntos arqueológicos romanos más importantes de España, con su Teatro Romano a la cabeza.

¿Quién fundó Cartago Nova?

Fue fundada hacia el 227 a.C. por el general cartaginés Asdrúbal el Bello, de la familia Barca, como capital del imperio cartaginés en Hispania.

¿Cuándo y quién conquistó Cartago Nova para Roma?

La conquistó Publio Cornelio Escipión (el futuro Africano) en el año 209 a.C., durante la Segunda Guerra Púnica, en un audaz ataque sorpresa.

¿Por qué era tan importante Cartago Nova?

Por su magnífico puerto natural, su posición estratégica y, sobre todo, sus ricas minas de plata y plomo, que la convirtieron en una de las ciudades más ricas del Mediterráneo occidental.

¿Qué se conserva hoy de la Cartagena romana?

Destaca el Teatro Romano (años 5-1 a.C.), además del Augusteum, el barrio del foro, las termas y restos de la muralla púnica.

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