Un almirante cojo, tuerto y manco que, con seis navíos y unos pocos miles de hombres, derrotó a la mayor flota que había cruzado el Atlántico hasta el desembarco de Normandía. La historia de Blas de Lezo (1689-1741) y la defensa de Cartagena de Indias parece inventada por un guionista con exceso de entusiasmo, y sin embargo está documentada hasta el detalle — incluidas las monedas que Inglaterra acuñó celebrando una victoria que nunca llegó a producirse.

El “mediohombre”: una carrera pagada en carne
Blas de Lezo y Olavarrieta nació en Pasajes (Guipúzcoa) en 1689, en plena cultura marinera vasca, y se embarcó de adolescente en la marina francoespañola de la Guerra de Sucesión. Su cuerpo fue registrando la guerra como un cuaderno de bitácora: en la batalla naval de Vélez-Málaga (1704), una bala de cañón le destrozó la pierna izquierda, amputada sin anestesia cuando tenía unos quince años; en el sitio de Tolón (1706) perdió el uso del ojo izquierdo; y en el asedio de Barcelona (1714) un balazo le inutilizó el brazo derecho. Sus hombres lo llamaban Anka Motz (“pata corta” en euskera) y la posteridad, el “mediohombre”. Nada de ello frenó una carrera brillante: convoyes a Indias, campañas contra la piratería en el Pacífico desde el virreinato del Perú y el mando del Mediterráneo, donde en 1732 recuperó Orán.
1739: la guerra de la Oreja de Jenkins
La guerra que lo haría inmortal tiene uno de los nombres más extraños de la historia: la guerra de la Oreja de Jenkins (o “del Asiento”). Gran Bretaña la declaró en 1739 usando como pretexto la oreja que un guardacostas español habría cortado años atrás al contrabandista Robert Jenkins — exhibida, según la tradición, en el propio Parlamento. El objetivo real era romper el monopolio comercial español en el Caribe, y la joya a capturar era Cartagena de Indias, el gran puerto de la plata del virreinato de Nueva Granada, cuya defensa dirigía desde 1737 un Lezo ya veterano.
1741: la flota más grande jamás vista en América
En marzo de 1741, el almirante Edward Vernon se presentó ante Cartagena con una fuerza colosal: en torno a 180 buques y unos 27.000 hombres, incluyendo tropas coloniales norteamericanas (entre sus oficiales iba Lawrence Washington, hermano mayor de George, que bautizaría su hacienda “Mount Vernon” en honor del almirante). Enfrente, Lezo contaba con unos 3.000 soldados y marinos, unos 600 arqueros indígenas y seis navíos de línea, más las fortalezas de la bahía y un aliado silencioso: el clima tropical y su temporada de lluvias, cada vez más cercana.
Vernon estaba tan seguro de la victoria que despachó correos anunciándola, y en Londres se acuñaron medallas conmemorativas con la leyenda “El orgullo español humillado por el almirante Vernon” y la imagen de Lezo arrodillado entregando su espada — un Lezo, por cierto, dibujado con las dos piernas. Hoy esas medallas son piezas de coleccionista y uno de los ridículos propagandísticos más citados de la historia militar.
La defensa: ceder espacio, ganar tiempo
La estrategia de Lezo fue una retirada escalonada y calculada: defender cada fuerte de la bahía el máximo tiempo posible, hundir sus propios navíos para bloquear los canales de acceso y replegarse hacia el castillo de San Felipe de Barajas, la llave de la ciudad, mientras las semanas, las fiebres y la disentería devoraban al ejército sitiador. El asalto final británico al castillo, en la madrugada del 20 de abril de 1741, terminó en matanza: las escalas resultaron cortas para las murallas —la tradición atribuye a Lezo la orden de profundizar el foso y ocultarlo—, y los granaderos quedaron atrapados bajo el fuego de los defensores. Semanas después, con miles de muertos por las balas y sobre todo por la enfermedad, Vernon levantó el asedio y se retiró a Jamaica.
Una victoria sin recompensa
La victoria salvó el imperio español en América durante otro siglo, pero su artífice no la disfrutó. Enfrentado agriamente al virrey Sebastián de Eslava en el reparto del mérito, Lezo murió en Cartagena el 7 de septiembre de 1741, probablemente de tifus derivado de la epidemia del asedio, sin honores y con su nombre bajo sombra oficial; ni siquiera se sabe con certeza dónde fue enterrado. La rehabilitación llegó tarde y a rachas: el título de marqués para su hijo, los estudios navales del siglo XX y, ya en 2014, la estatua en la plaza de Colón de Madrid que lo devolvió a la memoria popular.
Por qué importa Cartagena de Indias
Si Cartagena hubiera caído, Gran Bretaña habría partido en dos las rutas de la plata y el dominio español en América habría podido desmoronarse medio siglo antes. La defensa de 1741 es, junto a Bailén o Lepanto, uno de esos momentos en que una batalla condicionó el mapa del mundo — y su protagonista, un marino al que le faltaba media anatomía y le sobraba todo lo demás, se ha convertido en el símbolo de la América española mejor defendida que gobernada.
- Perdió la pierna a los ~15 años en la batalla de Vélez-Málaga (1704); la amputación fue sin anestesia y, según la tradición, no soltó un solo grito.
- Sus marinos vascos lo llamaban Anka Motz: "pata corta" en euskera.
- Londres acuñó medallas de victoria antes de la batalla: mostraban a Lezo arrodillado ante Vernon... y con las dos piernas.
- En la flota británica iba Lawrence Washington, hermano de George: bautizó su hacienda "Mount Vernon" en honor del almirante derrotado.
- La flota de Vernon (unos 180 buques) fue la mayor concentración naval en América hasta el desembarco de Normandía.
- Lezo mandó hundir sus propios navíos para bloquear los canales de la bahía: sacrificó su flota para salvar la ciudad.
- La tradición cuenta que hizo profundizar el foso de San Felipe para que las escalas británicas se quedaran cortas: el asalto final fue una masacre.
- Murió meses después de la victoria, enfermo y enfrentado al virrey; no se sabe dónde está enterrado.
Preguntas frecuentes
Un almirante español (Pasajes, 1689 - Cartagena de Indias, 1741), célebre por defender Cartagena de Indias en 1741 frente a la mayor flota británica jamás enviada a América. Cojo, tuerto y manco por heridas de guerra, se le conoce como "el mediohombre".
El almirante británico Edward Vernon, con unos 180 buques y 27.000 hombres, intentó tomar la ciudad. Lezo, con unos 3.000 defensores y 6 navíos, resistió mediante una defensa escalonada hasta que las bajas y las enfermedades obligaron a los británicos a retirarse.
Porque Gran Bretaña usó como pretexto para declarar la guerra en 1739 la oreja que un guardacostas español habría cortado al contrabandista Robert Jenkins, supuestamente exhibida en el Parlamento.
La pierna izquierda en la batalla naval de Vélez-Málaga (1704), el ojo izquierdo en el sitio de Tolón (1706) y el uso del brazo derecho en el asedio de Barcelona (1714), siempre en combate.
En Cartagena de Indias, el 7 de septiembre de 1741, pocos meses después de la victoria, probablemente de tifus derivado de la epidemia del asedio, enfrentado al virrey Eslava y sin reconocimiento oficial en vida.
Sigue leyendo
Fuentes
- Gonzalo M. Quintero Saravia, Don Blas de Lezo. Defensor de Cartagena de Indias (Planeta Colombiana).
- Juan Manuel Zapatero, La guerra del Caribe en el siglo XVIII (Instituto de Cultura Puertorriqueña).
- Blas de Lezo, Diario de lo acaecido en Cartagena de Indias (1741, fuente primaria).