La Generación del 98: Unamuno, Machado, Baroja y la Pregunta por España

Crisis de 1898 / modernismo

La Generación del 98 es el nombre con el que se conoce al grupo de escritores, pensadores y artistas españoles que, marcados por el Desastre del 98 —la derrota de España en la guerra contra Estados Unidos y la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas—, se propusieron repensar España desde sus raíces, diagnosticar las causas de su decadencia y buscar una regeneración cultural, espiritual y vital del país. No fueron un grupo organizado ni un movimiento con manifiesto (como los futuristas o los surrealistas), sino una constelación de individualidades unidas por una pregunta común: ¿qué es España? ¿Por qué ha decaído? ¿Puede regenerarse? Sus respuestas —tan distintas como sus personalidades— configuraron el paisaje intelectual de la España del siglo XX y siguen siendo un referente cada vez que el país afronta una crisis de identidad.

Miguel de Unamuno (1864-1936).
Miguel de Unamuno (1864-1936).

Los nombres canónicos del grupo son Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Azorín (José Martínez Ruiz), Ramiro de Maeztu, Antonio Machado y Ramón María del Valle-Inclán. A ellos se suman, según las clasificaciones, Ángel Ganivet (precursor muerto en 1898), Jacinto Benavente (Premio Nobel 1922) y, en las artes plásticas, Ignacio Zuloaga, Darío de Regoyos y José Gutiérrez Solana. El concepto de “Generación del 98” fue acuñado por Azorín en 1913, aunque el propio Baroja se resistió siempre a aceptar la etiqueta.

El 98 como trauma: la pregunta por España

La pérdida de las colonias en 1898 no fue solo una derrota militar: fue un shock existencial. España, que se había visto a sí misma como un imperio global durante cuatro siglos, se encontraba de pronto reducida a la Península, las islas y unas cuantas posesiones menores en África. La prensa, que había alimentado un patriotismo absurdo durante la guerra (inventando victorias inexistentes), se hundió en el pesimismo más negro. Y la clase política del turno —liberales y conservadores del sistema de Cánovas— quedó completamente desacreditada por haber conducido al país al desastre.

En ese contexto de crisis, los escritores del 98 hicieron algo nuevo: en lugar de buscar culpables externos (los americanos, los cubanos independentistas), miraron hacia dentro. La pregunta no era “¿quién nos ha derrotado?” sino “¿qué nos pasa?”. ¿Por qué un país con la historia, la lengua y la cultura de España había acabado así? La respuesta los llevó a recorrer Castilla, a leer a los místicos del siglo XVI, a estudiar el Quijote, a revalorizar el paisaje y a crear una literatura de la introspección nacional sin precedentes en España.

Los autores: voces diversas para una misma angustia

Miguel de Unamuno (1864-1936): la agonía de España

Unamuno, catedrático de griego y rector de la Universidad de Salamanca, fue el intelectual más influyente de la España del primer tercio del siglo XX. Vasco de origen, castellanizado por vocación, era un hombre de contradicciones apasionadas: creyente que dudaba, racionalista que buscaba la fe, europeísta que defendía la tradición, republicano que apoyó inicialmente el golpe de Franco (para luego enfrentarse a él en el célebre episodio del «¡Venceréis pero no convenceréis!» de octubre de 1936). Su concepto clave fue la “intrahistoria”: frente a la historia de los grandes acontecimientos, la vida silenciosa y profunda de los pueblos, los campesinos, las costumbres, la lengua, lo que permanece bajo la superficie del cambio. En En torno al casticismo (1895), Vida de Don Quijote y Sancho (1905), Del sentimiento trágico de la vida (1913) y la novela Niebla (1914) trazó un mapa del “problema de España” que sigue siendo imprescindible.

Pío Baroja (1872-1956): el escepticismo vital

Baroja, vasco como Unamuno pero de temperamento opuesto —frío, escéptico, irónico, misántropo—, fue el mejor novelista del grupo y uno de los más prolíficos de la literatura española (más de 70 novelas). Sus trilogías (La lucha por la vida, Tierra vasca, La raza) retrataban con un realismo seco y desencantado a los marginados, los aventureros, los vagabundos, los perdedores de la sociedad española. Hemingway lo admiraba profundamente y reconoció su influencia. Baroja detestaba las ideologías, los partidos, los patriotismos y las religiones; su visión de España era la más pesimista del grupo: «España es un país de charlatanes», escribió. Pero su pesimismo era lúcido, nunca complaciente.

Azorín (1873-1967): la melancolía del paisaje

Azorín (seudónimo de José Martínez Ruiz, alicantino de Monóvar) fue quien acuñó el nombre “Generación del 98” en una serie de artículos de 1913. Fue un escritor de prosa minuciosa, lenta, visual, casi impresionista: sus descripciones de los pueblos de Castilla, de las ventas polvorientas, de las iglesias de pueblo con su olor a cera y humedad, de los atardeceres de la Meseta, crearon una estética del paisaje castellano que sigue influyendo en la literatura y el cine españoles. La voluntad (1902), Los pueblos (1905), Castilla (1912) y La ruta de Don Quijote (1905) son sus obras más célebres. Políticamente evolucionó del anarquismo juvenil al conservadurismo y acabó simpatizando con el franquismo.

Antonio Machado (1875-1939): la poesía como meditación

Machado, sevillano de nacimiento pero educado en Madrid y afincado durante años en Soria (donde se casó con la joven Leonor Izquierdo, que murió de tuberculosis con 18 años en 1912, tragedia que marcó su poesía para siempre), fue el poeta más hondo y más puro del grupo. Campos de Castilla (1912) es su libro cumbre: poemas sobre el paisaje de Soria, la meseta, el Duero, los olivos de Andalucía, la España pobre y silenciosa, escritos con una sencillez engañosa que esconde una complejidad emocional y filosófica inmensa. Versos como «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar» se han convertido en patrimonio del habla cotidiana española. Machado murió en el exilio, en Collioure (Francia), el 22 de febrero de 1939, tres días después de cruzar la frontera huyendo del avance franquista. Su tumba, siempre cubierta de flores, es hoy un lugar de peregrinación literaria.

Valle-Inclán (1866-1936): del modernismo al esperpento

Ramón María del Valle-Inclán, gallego de Vilanova de Arousa, fue el escritor más innovador y radical del grupo, el que llegó más lejos en la experimentación formal. Su trayectoria va del modernismo elegante de las Sonatas (1902-1905) al esperpento, un género literario inventado por él mismo que deformaba la realidad como un espejo cóncavo para mostrar lo grotesco de la España oficial. Luces de bohemia (1920, publicación definitiva 1924) es su obra maestra y una de las cumbres del teatro español del siglo XX: la historia de Max Estrella, poeta ciego y bohemio que recorre el Madrid nocturno en una noche de delirio, miseria y genialidad, acompañado de su lazarillo Don Latino. La definición del esperpento que da Max Estrella es célebre: «Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. Las imágenes más bellas, en un espejo cóncavo, son absurdas […]. España es una deformación grotesca de la civilización europea».

Ramiro de Maeztu (1875-1936): del regeneracionismo al fascismo

Maeztu, vasco-cubano (nació en Vitoria, hijo de padre vasco y madre inglesa criada en Cuba), fue el más político y el más trágico del grupo. Empezó como regeneracionista nietzscheano (Hacia otra España, 1899), evolucionó hacia el conservadurismo católico durante su estancia como embajador en Argentina (1928-1930) y acabó como ideólogo del fascismo hispanista católico (Defensa de la Hispanidad, 1934), considerado uno de los textos fundacionales del pensamiento de la derecha autoritaria española. Fue fusilado por los republicanos en el Madrid de la Guerra Civil, en la cárcel de Ventas, el 29 de octubre de 1936. Su trayectoria —del regeneracionismo ilustrado al autoritarismo— refleja el camino que una parte de la intelectualidad española recorrió en las primeras décadas del siglo XX.

Los temas comunes: Castilla, el Quijote y la “España eterna”

Pese a sus enormes diferencias de estilo y temperamento, los autores del 98 comparten algunos temas recurrentes:

  • Castilla como paisaje del alma: la meseta, los páramos, los pueblos de adobe, las iglesias románicas, el silencio del campo, el cielo enorme de la Meseta se convierten en metáfora de España. Castilla es para estos escritores lo que Irlanda era para Joyce o lo que el Sur profundo para Faulkner: el territorio donde la identidad se revela.
  • El Quijote como libro nacional: Unamuno, Azorín y Machado releyeron el Quijote como una metáfora de España: un país que vivía de ideales imposibles (como don Quijote) o que había renunciado a ellos (como Sancho). La tensión entre el idealismo quijotesco y el pragmatismo sanchopancesco se convierte en la clave interpretativa de la cultura española.
  • La “España eterna” frente a la “España oficial”: todos los autores del 98 distinguen entre la España profunda del pueblo (los campesinos, los pastores, los artesanos, la lengua, las costumbres) y la España oficial de los políticos, los caciques y la retórica patriótica vacía. Quieren encontrar la primera y destruir la segunda.
  • El estilo sobrio: frente a la retórica grandilocuente del siglo XIX español, los escritores del 98 buscan una prosa limpia, directa, precisa. Baroja escribe con una sequedad casi telegráfica; Azorín con una minuciosidad de miniaturista; Machado con una sencillez que esconde profundidad. Es una revolución del estilo que renueva la lengua literaria española.

El legado: una pregunta que sigue abierta

La Generación del 98 abrió un debate sobre la identidad de España que no se ha cerrado en más de un siglo. Cada crisis española posterior —la dictadura de Primo de Rivera, la República, la Guerra Civil, el franquismo, la Transición, las crisis económicas del siglo XXI, los debates territoriales sobre Cataluña y el País Vasco— ha reabierto la misma pregunta: ¿qué es España? Los autores del 98 no dieron una respuesta unánime (porque no la hay), pero formularon la pregunta de un modo que sigue siendo válido.

En el plano literario, la Generación del 98 renovó el castellano como lengua literaria, rescató la novela española de la mediocridad postnaturalista, creó una tradición poética que culminaría en la Generación del 27 (Lorca, Alberti, Cernuda, Guillén) y produjo al menos dos obras maestras universales: Campos de Castilla de Machado y Luces de bohemia de Valle-Inclán, que siguen siendo leídas y representadas en todo el mundo hispanohablante. Los lugares de la Generación del 98 —Soria, Salamanca, el Guadarrama, la ruta de Don Quijote por La Mancha, las ventas de Castilla— son hoy itinerarios culturales y literarios que recorren miles de lectores cada año.

Preguntas frecuentes

¿Qué fue la Generación del 98?

Es el nombre del grupo de escritores y pensadores españoles que, marcados por la derrota de España en la guerra contra EEUU en 1898 y la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, se propusieron repensar España desde sus raíces, diagnosticar las causas de su decadencia y buscar una regeneración. Sus miembros principales fueron Unamuno, Baroja, Azorín, Machado, Valle-Inclán y Maeztu. No fueron un grupo organizado sino una constelación de individualidades unidas por la pregunta "¿qué es España?". El nombre fue acuñado por Azorín en 1913.

¿Quiénes formaron la Generación del 98?

Los miembros canónicos son Miguel de Unamuno (rector de Salamanca, filósofo existencialista), Pío Baroja (el mejor novelista del grupo, escéptico e irónico), Azorín (José Martínez Ruiz, prosista impresionista del paisaje castellano), Antonio Machado (el poeta más hondo del grupo, autor de Campos de Castilla), Ramón María del Valle-Inclán (el más innovador, creador del esperpento) y Ramiro de Maeztu (regeneracionista que evolucionó al fascismo, fusilado en 1936). A ellos se suman Ángel Ganivet (precursor), Jacinto Benavente (Nobel 1922) y los pintores Zuloaga y Solana.

¿Por qué se llama "Generación del 98"?

El nombre fue acuñado por Azorín en una serie de artículos publicados en 1913, en los que identificó a un grupo de escritores nacidos entre 1864 y 1875 que compartían una preocupación común por el "problema de España" tras el Desastre de 1898. El propio Baroja siempre rechazó la etiqueta, y muchos críticos han debatido si realmente constituyen una "generación" en sentido estricto o son más bien un grupo de contemporáneos con temas comunes. Sea como fuere, el nombre se ha impuesto en la historia de la literatura española.

¿Cuáles son las obras más importantes de la Generación del 98?

Las obras cumbre del grupo son: Campos de Castilla (1912) de Antonio Machado (poesía sobre el paisaje de Soria y Castilla), Luces de bohemia (1920/1924) de Valle-Inclán (creación del esperpento), Niebla (1914) y Del sentimiento trágico de la vida (1913) de Unamuno, El árbol de la ciencia (1911) de Baroja, Castilla (1912) y La voluntad (1902) de Azorín, y Hacia otra España (1899) de Maeztu. En conjunto, renovaron la lengua literaria española, rescataron la novela de la mediocridad y crearon una tradición intelectual sobre la identidad de España.

¿Qué es el esperpento de Valle-Inclán?

Es un género literario inventado por Valle-Inclán que deforma la realidad como un espejo cóncavo para mostrar lo grotesco de la España oficial. Lo definió en Luces de bohemia: "Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. España es una deformación grotesca de la civilización europea". Combina tragedia, farsa, humor negro, lenguaje popular y culto, y una visión despiadada de la sociedad. Influenció directamente al teatro del absurdo y al expresionismo europeo, y se considera una de las innovaciones literarias más originales del siglo XX en español.

¿Dónde murió Antonio Machado?

Antonio Machado murió en el exilio, en Collioure (Francia, junto a la frontera española), el 22 de febrero de 1939, tres días después de cruzar la frontera huyendo del avance franquista al final de la Guerra Civil. Iba acompañado de su anciana madre, Ana Ruiz, que murió tres días después que él. Su tumba en el cementerio de Collioure, siempre cubierta de flores y notas dejadas por visitantes, es hoy un lugar de peregrinación literaria. En el buzón junto a la tumba los visitantes dejan cartas dirigidas al poeta.

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