España durante las Guerras de Independencia
El conflicto afectó a toda la Península Ibérica y desencadenó las guerras de independencia en las colonias americanas.
- Frentes principales: Madrid (levantamiento del 2 de mayo de 1808), Zaragoza (sitios heroicos), Bailén (primera derrota de Napoleón en campo abierto), Cádiz (sede de las Cortes constituyentes).
- Guerrilla: toda España, desde Navarra (Espoz y Mina) hasta Andalucía, inventando una forma de guerra que daría nombre al concepto mundial.
- América: los cabildos americanos aprovechan el vacío de poder para declarar la independencia (1810–1824).
1808 – 1814 (seis años de guerra)

La Guerra de la Independencia española (1808–1814) fue el conflicto que enfrentó al pueblo español contra la ocupación napoleónica y que marcó el nacimiento de la España contemporánea. Lo que comenzó como un levantamiento popular el 2 de mayo de 1808 en Madrid se convirtió en una guerra total que combinó batallas convencionales, guerrilla y resistencia popular, y que paralizó a 300.000 soldados franceses durante seis años. La guerra española fue la primera gran derrota estratégica de Napoleón y la palabra «guerrilla» —invento español— entró en todos los idiomas del mundo.
Pero la guerra fue mucho más que un conflicto militar: mientras el pueblo combatía, las Cortes de Cádiz (1810–1814) redactaron la primera constitución liberal de España (la «Pepa», de 1812), que proclamaba la soberanía nacional, la división de poderes y los derechos individuales. Al mismo tiempo, los cabildos americanos aprovecharon el vacío de poder para iniciar los procesos de independencia que, en una generación, desmembrarían el Imperio español.
España en las guerras napoleónicas: cómo empezó la Guerra de Independencia (1808)
La Guerra de Independencia española es el frente ibérico de las guerras napoleónicas (1803-1815) que enfrentaron a Napoleón Bonaparte con casi todas las potencias europeas. España entró en el conflicto en 1808 cuando Napoleón, tras firmar con Carlos IV el Tratado de Fontainebleau (1807) para invadir Portugal, aprovechó la presencia de su ejército en territorio español para tomar el control del país de forma encubierta. En marzo de 1808 las tropas francesas ya ocupaban las principales ciudades españolas.
El Motín de Aranjuez (17 de marzo de 1808) derrocó al ministro Manuel Godoy y forzó la abdicación de Carlos IV en favor de su hijo Fernando VII. Napoleón aprovechó la crisis dinástica: convocó a padre e hijo a Bayona y les arrancó la renuncia al trono español en favor de su hermano José Bonaparte. Fueron las llamadas abdicaciones de Bayona, un golpe diplomático que dejó a España sin rey legítimo y desencadenó el levantamiento popular.
El levantamiento del 2 de mayo de 1808 y el inicio de la insurrección
El 2 de mayo de 1808, el pueblo de Madrid se levantó espontáneamente contra las tropas francesas del mariscal Joaquín Murat. La represión fue brutal: los fusilamientos del 3 de mayo, inmortalizados por Goya en uno de los cuadros más poderosos de la historia del arte, se convirtieron en símbolo de la resistencia. El levantamiento se extendió como una mecha por toda España: juntas provinciales asumieron el gobierno, las ciudades se armaron y comenzó una guerra que los españoles llamaron «de Independencia».
La guerrilla española y las grandes batallas: Bailén, Zaragoza y los sitios
La batalla de Bailén (19 de julio de 1808) fue la primera derrota en campo abierto de un ejército napoleónico. El general Castaños obligó a la rendición de 18.000 franceses del general Dupont, un hecho que conmocionó a toda Europa y demostró que Napoleón no era invencible. Los Sitios de Zaragoza (1808–1809), donde la ciudad resistió dos asedios con pérdidas enormes, se convirtieron en leyenda de la resistencia popular —y dieron a luz el mito de Agustina de Aragón, la mujer que disparó el cañón en la puerta del Portillo—.
La guerra de guerrillas fue la forma de lucha más característica de la Guerra de Independencia y el invento militar español que daría nombre a un fenómeno mundial. Pequeñas partidas de civiles armados —guerrillas— hostigaban sin descanso las líneas de comunicación, convoyes y guarniciones francesas. Nombres como Espoz y Mina en Navarra, El Empecinado en Castilla y el cura Merino en Burgos se convirtieron en héroes populares. La guerrilla española fue tan eficaz que inmovilizó a cientos de miles de soldados franceses y dio nombre a una forma de guerra que se emplea en todo el mundo hasta hoy.
La Constitución de Cádiz (1812)
Mientras la guerra continuaba, diputados de toda España y América se reunieron en Cádiz —la única gran ciudad que los franceses no lograron tomar— para redactar una constitución. La Constitución de 1812, aprobada el 19 de marzo (día de San José, de ahí su apodo de «la Pepa»), fue la más avanzada de su época: proclamaba la soberanía nacional, la igualdad ante la ley, la libertad de prensa, la abolición de la Inquisición y la división de poderes. Influyó decisivamente en las constituciones de las repúblicas hispanoamericanas y en el liberalismo europeo del siglo XIX.
Cuándo terminó la Guerra de Independencia: Vitoria (1813) y el regreso de Fernando VII (1814)
La Guerra de Independencia española terminó en 1814, tras seis años de combates. El punto de inflexión fue la batalla de Vitoria (21 de junio de 1813), en la que el duque de Wellington y las tropas hispano-anglo-portuguesas derrotaron al ejército de José Bonaparte. La derrota obligó a los franceses a retirarse de España y abrió el camino a la frontera francesa. La paz se firmó con el Tratado de Valençay (11 de diciembre de 1813), por el cual Napoleón —ya en plena retirada europea tras Leipzig— reconocía a Fernando VII como rey de España.
En marzo de 1814, Fernando VII regresó a España. En lugar de jurar la Constitución de Cádiz, decretó el 4 de mayo de 1814 la abolición de la obra de las Cortes y restauró el absolutismo, persiguiendo a los liberales. Comenzaba el «Sexenio absolutista» (1814-1820). Pero el equilibrio del Antiguo Régimen estaba roto: el liberalismo gaditano y los nacionalismos americanos no podrían volver a embotellarse, y España entraba en un siglo XIX de pronunciamientos, guerras carlistas y crisis dinásticas.
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Preguntas frecuentes sobre la Guerra de Independencia
La Guerra de Independencia española se desarrolló entre 1808 y 1814. Comenzó con el levantamiento popular del 2 de mayo de 1808 en Madrid contra la ocupación napoleónica y terminó con la retirada de las tropas francesas y el regreso de Fernando VII en 1814. Fue un conflicto devastador: se estima que murieron entre 300.000 y 500.000 españoles (de una población de unos 11 millones) y grandes ciudades quedaron destruidas. La guerra fue el catalizador del fin del Antiguo Régimen en España.
La Guerra de Independencia española terminó en 1814. El punto de inflexión militar fue la batalla de Vitoria del 21 de junio de 1813, en la que Wellington derrotó al ejército de José Bonaparte. La paz se firmó con el Tratado de Valençay (11 de diciembre de 1813) y en marzo de 1814 Fernando VII regresó a España. El 4 de mayo de 1814 abolió la Constitución de Cádiz y restauró el absolutismo, comenzando el llamado Sexenio absolutista.
La Constitución de Cádiz, aprobada el 19 de marzo de 1812 (conocida como ‘la Pepa’ por coincidir con San José), fue la primera constitución liberal española y una de las más avanzadas de su tiempo. Fue redactada por las Cortes reunidas en Cádiz durante la Guerra de Independencia. Proclamaba la soberanía nacional, la monarquía constitucional, la división de poderes, la igualdad ante la ley, la libertad de prensa y la abolición de la Inquisición. Fue derogada por Fernando VII en 1814 pero influyó profundamente en el constitucionalismo hispanoamericano y europeo.
La batalla de Bailén (19 de julio de 1808) fue la primera derrota en campo abierto de un ejército napoleónico. El general español Francisco Javier Castaños venció al cuerpo de ejército francés del general Dupont en la campiña jienense, obligándole a capitular con 18.000 hombres. La noticia conmocionó a toda Europa y demostró que Napoleón podía ser derrotado. Bailén obligó a José Bonaparte a abandonar temporalmente Madrid y animó a los movimientos de resistencia en toda Europa.
La palabra guerrilla es un diminutivo español de guerra (‘guerra pequeña’) que se acuñó durante la Guerra de Independencia (1808-1814) para describir la táctica de pequeñas partidas de civiles armados que hostigaban a las tropas francesas mediante emboscadas, sabotajes y ataques rápidos, evitando el combate abierto. Fue tan eficaz que paralizó a cientos de miles de soldados franceses y se convirtió en modelo para conflictos posteriores en todo el mundo. El término pasó a todos los idiomas europeos y se usa universalmente para describir esta forma de guerra irregular.