Los Sitios de Zaragoza (1808-1809): La Resistencia más Heroica de España

Guerra de Independencia (1808–1809)

Los Sitios de Zaragoza (junio de 1808 – febrero de 1809) fueron los dos asedios más brutales y heroicos de toda la Guerra de Independencia española y uno de los episodios de resistencia urbana más célebres de la historia militar mundial. Durante nueve meses en total, los habitantes de Zaragoza —soldados regulares, milicianos improvisados, mujeres, clérigos, niños— resistieron a dos ejércitos napoleónicos sucesivos en una defensa casa por casa, calle por calle, sótano por sótano, que dejó la ciudad reducida a escombros y causó la muerte de más de 54.000 de sus 55.000 defensores. La resistencia de Zaragoza fue comparada por los contemporáneos con Numancia y Sagunto, y conmovió a toda Europa: Lord Byron le dedicó versos en Childe Harold’s Pilgrimage, Goya la inmortalizó en los Desastres de la guerra y Benito Pérez Galdós le consagró dos de sus mejores Episodios Nacionales.

Agustina de Aragón disparando un cañón durante los Sitios de Zaragoza (1808-1809).
Agustina de Aragón disparando un cañón durante los Sitios de Zaragoza (1808-1809).

El contexto: Zaragoza en 1808

Zaragoza era en 1808 una ciudad de unos 55.000 habitantes, capital del Reino de Aragón y una de las principales urbes del interior peninsular. No era una plaza fuerte moderna: sus murallas medievales de ladrillo, construidas en el siglo XI, eran obsoletas frente a la artillería napoleónica y estaban en muchos puntos semiderruidas o adosadas a casas particulares. Carecía de los baluartes, fosos y revellines de las fortalezas de Vauban que defendían las ciudades del norte de Europa. En teoría, no debería haber resistido más de unos días frente a un ejército moderno.

Lo que tenía Zaragoza era una población dispuesta a morir. Tras los sucesos del 2 de mayo en Madrid y las abdicaciones de Bayona, el capitán general de Aragón intentó mantener la calma, pero el pueblo se amotinó el 24 de mayo de 1808, abrió el arsenal militar, se armó y eligió como líder al joven general José de Palafox y Melci, un militar de 28 años, guapo, carismático y valiente (aunque de capacidades estratégicas discutidas), que se convirtió en el símbolo de la resistencia aragonesa.

El Primer Sitio (15 de junio – 14 de agosto de 1808)

El ataque francés

El 15 de junio de 1808, el general francés Charles Lefebvre-Desnouettes, al mando de unos 6.000 hombres, se presentó ante Zaragoza confiando en tomar la ciudad rápidamente. Los defensores —unos 10.000 entre soldados regulares, voluntarios aragoneses, paisanos armados y campesinos de las aldeas cercanas— rechazaron el primer asalto en las puertas de la ciudad. Lefebvre, reforzado hasta unos 15.000 hombres, intentó sucesivos asaltos durante las semanas siguientes, bombardeando las murallas con artillería y lanzando ataques de infantería contra las brechas.

La resistencia fue feroz. Los zaragozanos tapiaron las calles con muebles, carros y escombros, cavaron trincheras dentro de la propia ciudad, abrieron aspilleras (troneras) en las fachadas de las casas, conectaron los edificios mediante agujeros en las paredes medianeras para poder desplazarse sin salir a la calle, y convirtieron cada iglesia, cada convento, cada palacio en un punto de resistencia independiente. Las mujeres cargaban munición, asistían a los heridos, cocinaban y, en muchos casos, combatían con armas.

Agustina de Aragón y la puerta del Portillo

El episodio más célebre del Primer Sitio —y quizás de toda la Guerra de Independencia después del 2 de mayo— se produjo el 2 de julio de 1808 en la puerta del Portillo. Los franceses habían abierto una brecha en la muralla y la artillería española que la defendía había sido silenciada: los artilleros yacían muertos o heridos junto a sus cañones. Los franceses avanzaban hacia la brecha para entrar en la ciudad. En ese momento, una joven mujer de 22 años, Agustina Raimunda María Saragossa i Domènech —conocida como Agustina de Aragón—, se abrió paso entre los cadáveres, arrancó la mecha encendida de las manos de un artillero moribundo y disparó ella misma el cañón contra la columna francesa que penetraba por la brecha. La descarga frenó el asalto y dio tiempo a los defensores a reorganizarse. La escena fue inmortalizada por Goya en el grabado nº 7 de los Desastres de la guerra («¡Qué valor!»).

Agustina de Aragón se convirtió inmediatamente en la heroína más popular de la Guerra de Independencia. Palafox le concedió el grado de subteniente de artillería (la primera mujer oficial del Ejército español) y la presentó a todos los visitantes extranjeros que llegaban a Zaragoza. Su fama se extendió por toda Europa: los ingleses, franceses e italianos la compararon con Juana de Arco. Sobrevivió a los dos sitios y a la guerra, y murió en Ceuta en 1857 a los 71 años. Su tumba está en la iglesia de Nuestra Señora del Portillo de Zaragoza.

El Primer Sitio terminó el 14 de agosto de 1808, cuando los franceses, incapaces de tomar la ciudad y con sus líneas de comunicación amenazadas por la victoria española en Bailén (19 de julio), levantaron el cerco y se retiraron hacia Navarra. Zaragoza había resistido dos meses y medio contra un ejército profesional europeo, algo que ninguna plaza sin defensas modernas había conseguido en más de un siglo.

El Segundo Sitio (20 de diciembre de 1808 – 20 de febrero de 1809)

Napoleón envía a su mejor ejército

Tras la intervención personal de Napoleón en España a finales de 1808 (con 250.000 hombres de la Grande Armée), los franceses volvieron a Zaragoza con fuerzas abrumadoras: el mariscal Jean Lannes —uno de los mejores generales de Napoleón— al mando de 35.000 soldados veteranos, con artillería pesada de sitio, zapadores, ingenieros de minas y todo el equipamiento necesario para un asedio moderno. Frente a ellos, Zaragoza contaba con unos 30.000 defensores (los supervivientes del Primer Sitio más refuerzos de toda Aragón), muchos de ellos milicianos sin formación.

La guerra subterránea

El Segundo Sitio fue incomparablemente más destructivo que el primero. Lannes, que no podía permitirse fracasar como Lefebvre, aplicó una táctica de destrucción metódica: bombardeaba un sector de la muralla hasta abrir una brecha, lanzaba el asalto de infantería, y cuando los defensores se atrincheraban en los edificios detrás de la brecha, los ingenieros franceses excavaban minas bajo los edificios y los volaban con explosivos. Los zaragozanos respondían con contraminas: excavaban túneles paralelos para interceptar a los zapadores franceses, y se libraban combates cuerpo a cuerpo bajo tierra, a la luz de antorchas, en galerías de un metro de ancho. Fue una de las primeras guerras de minas urbanas de la historia moderna.

La lucha se trasladó al interior de la ciudad, edificio por edificio. Los franceses tomaban una manzana, los zaragozanos se retiraban a la siguiente. Cada convento, cada iglesia, cada palacio se convertía en una fortaleza que había que asaltar individualmente. El convento de Santa Engracia, la iglesia del Pilar, el palacio de la Aljafería y el convento de San Agustín fueron escenarios de combates encarnizados.

La epidemia y la rendición

A la destrucción militar se sumó una epidemia de tifus que se declaró en enero de 1809 y que, en las condiciones de hacinamiento, falta de agua limpia y acumulación de cadáveres insepultos, se propagó a una velocidad terrorífica. En pocas semanas, la enfermedad mató a más defensores que los propios franceses. Los hospitales improvisados en iglesias y conventos se llenaron hasta desbordar. Los cadáveres se apilaban en las calles. Palafox, él mismo enfermo de tifus, delegó el mando en una Junta de Defensa de 33 miembros.

El 20 de febrero de 1809, la Junta decidió capitular. Quedaban vivos apenas 12.000 personas de los 55.000 que habían iniciado la defensa (contando civiles). Habían muerto más de 54.000, entre combate, enfermedades, hambre y bombardeos. La cifra es pavorosa: una mortalidad cercana al 95% de la población. Lannes entró en una ciudad de escombros y cadáveres. Palafox fue capturado, enfermo, y enviado prisionero a Francia, donde pasó cinco años en el castillo de Vincennes.

El propio Lannes, veterano de todas las grandes batallas napoleónicas, escribió a Napoleón tras la caída: «Esta guerra no se parece a nada de lo que he visto. Estos españoles no se comportan como seres humanos normales. Matan y mueren con una tranquilidad que no he visto en ningún otro lugar del mundo». Meses después, Lannes moría en la batalla de Aspern-Essling (mayo de 1809), convirtiéndose en el único mariscal de Napoleón muerto en combate. Algunos historiadores han especulado que la experiencia de Zaragoza lo dejó psicológicamente marcado.

El legado: símbolo de la resistencia

Los Sitios de Zaragoza se convirtieron inmediatamente en uno de los grandes símbolos de la resistencia popular en la Europa napoleónica. La noticia de que una ciudad sin fortificaciones modernas había resistido nueve meses a los mejores ejércitos del mundo conmovió a Inglaterra, Austria, Prusia y Rusia. Lord Byron, en Childe Harold’s Pilgrimage (1812), dedicó varias estrofas a Zaragoza y a Agustina: «Her lover sinks—she sheds no ill-timed tear; / Her chief is slain—she fills his fatal post». Goya, que era aragonés de nacimiento y conocía Zaragoza íntimamente, inmortalizó los sitios en varios grabados de los Desastres de la guerra. Pérez Galdós les dedicó dos Episodios Nacionales (Zaragoza y Gerona), entre los más apasionantes de la serie.

En Zaragoza, la memoria de los Sitios es parte integral de la identidad de la ciudad. La puerta del Portillo conserva una placa en homenaje a Agustina. Las ruinas del convento de Santa Engracia (destruido por una mina francesa) se conservan como monumento. El Palacio de la Aljafería —sede de las Cortes de Aragón— muestra los impactos de la artillería en sus muros. Y cada año, el Día de los Sitios (celebrado en torno al mes de febrero) se conmemora con recreaciones históricas, conferencias y actos oficiales que recuerdan a los más de 54.000 zaragozanos que murieron defendiendo su ciudad.

Preguntas frecuentes

¿Qué fueron los Sitios de Zaragoza?

Fueron dos asedios sucesivos del ejército napoleónico contra la ciudad de Zaragoza durante la Guerra de Independencia: el Primer Sitio (15 junio – 14 agosto 1808) y el Segundo Sitio (20 diciembre 1808 – 20 febrero 1809). Durante nueve meses en total, los habitantes resistieron casa por casa, calle por calle, en una defensa que dejó la ciudad reducida a escombros y causó la muerte de más de 54.000 de los 55.000 defensores (mortalidad cercana al 95%). Fueron uno de los episodios de resistencia urbana más célebres de la historia militar mundial.

¿Quién fue Agustina de Aragón?

Agustina Raimunda María Saragossa i Domènech (Barcelona, 1786 – Ceuta, 1857), conocida como Agustina de Aragón, fue la heroína más popular de los Sitios de Zaragoza. El 2 de julio de 1808, cuando los artilleros españoles de la puerta del Portillo yacían muertos o heridos y los franceses entraban por la brecha, Agustina arrancó la mecha de manos de un artillero moribundo y disparó ella misma el cañón contra la columna francesa, frenando el asalto. Goya la inmortalizó en el grabado "¡Qué valor!" de los Desastres de la guerra. Fue la primera mujer oficial del Ejército español.

¿Cuántas personas murieron en los Sitios de Zaragoza?

Más de 54.000 personas murieron de los 55.000 que participaron en la defensa (contando civiles). La mortalidad fue cercana al 95%, una cifra pavorosa. Las causas fueron el combate directo, los bombardeos de artillería, las explosiones de minas subterráneas, el hambre y, sobre todo, una epidemia de tifus devastadora que se declaró en enero de 1809 y mató a más defensores que los propios franceses. Solo unas 12.000 personas quedaban vivas cuando la Junta de Defensa capituló el 20 de febrero de 1809.

¿Quién fue el general Palafox?

José de Palafox y Melci (Zaragoza, 1780 – Madrid, 1847) fue un joven general de 28 años elegido como líder de la defensa de Zaragoza por el pueblo aragonés tras amotinarse contra la ocupación francesa. Guapo, carismático y valiente, fue el símbolo de la resistencia aragonesa durante los dos sitios. Su proclama más famosa fue: "Guerra a cuchillo" (guerra sin cuartel). Enfermó de tifus durante el Segundo Sitio y fue capturado por los franceses, pasando cinco años prisionero en el castillo de Vincennes (Francia). Liberado en 1813, fue nombrado Capitán General y duque de Zaragoza.

¿Cómo se defendió Zaragoza sin murallas modernas?

Mediante una improvisada pero eficaz guerra urbana: los defensores tapiaron calles con muebles y escombros, abrieron aspilleras en las fachadas de las casas, conectaron edificios mediante agujeros en las paredes medianeras, convirtieron cada iglesia, convento y palacio en un punto de resistencia independiente, excavaron contraminas contra los zapadores franceses y libraron combates subterráneos. Las mujeres cargaban munición, asistían heridos y combatían con armas. Fue una de las primeras guerras urbanas de la historia moderna y un precedente de Stalingrado.

¿Se pueden visitar los lugares de los Sitios en Zaragoza?

Sí. Los principales lugares son: la puerta del Portillo (con placa de Agustina de Aragón), las ruinas del convento de Santa Engracia (destruido por una mina francesa, conservado como monumento), el Palacio de la Aljafería (con impactos de artillería visibles en sus muros, hoy sede de las Cortes de Aragón), la Basílica del Pilar (bombardeada pero no destruida, con dos bombas sin explotar expuestas en su interior) y el Centro de Historia de Zaragoza (con exposición permanente sobre los Sitios). Cada febrero se celebra el Día de los Sitios con recreaciones históricas.

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