Cómo se Vivía en el Madrid del Siglo de Oro: Mentideros, Mancebías y Casas a la Malicia

Siglo de Oro (1561–1659)

Cuando Felipe II trasladó en 1561 la corte a Madrid, la villa era poco más que un poblachón medieval de 20.000 almas con un alcázar viejo, murallas arruinadas y calles sin pavimentar. Setenta años después, en pleno reinado de Felipe IV, Madrid era ya la capital de una monarquía mundial, con más de 150.000 habitantes, Plaza Mayor, conventos, corrales de comedias, mancebías, mentideros, cárceles, tabernas y una vida callejera intensísima que retrataron Cervantes, Quevedo, Calderón, Lope de Vega, Velázquez y el anónimo autor del Estebanillo González. El Madrid de los Austrias, su urbanismo, sus jerarquías sociales, sus pícaros y sus mentideros, es quizás el escenario urbano más literaturizado de la historia hispana.

Pintura anónima de la Plaza Mayor de Madrid hacia 1620, Museo de Historia de Madrid
Plaza Mayor de Madrid, pintura anónima de hacia 1620. Museo de Historia de Madrid.

Vivir en el Madrid del Siglo de Oro era una aventura de barrios diferenciados, tráfico de carruajes, olores fuertes, asistir a sermones y a comedias, sortear ladrones de bolso y arribistas, buscar patronos, conspirar en corrillos, cobrar por la pluma, pedir por caridad y rezar por el alma. Una ciudad intensa, estratificada y asombrosamente moderna en muchos aspectos.

Felipe II traslada la corte y cambia el mapa

La decisión de Felipe II de establecer la corte en Madrid (1561) tenía una lógica geográfica —el centro de la península, equidistante de todas las provincias—, pero también simbólica: una capital nueva, sin peso municipal histórico propio que pudiera enfrentarse al rey. La villa creció con una explosión demográfica: se construyeron palacios para las Casas Nobles, conventos para las órdenes religiosas (se contarán más de 80 dentro del casco), cuarteles para los regimientos, cárceles y hospitales.

El Alcázar, palacio de los Austrias

El viejo Alcázar medieval, ampliado y remodelado por los Austrias, albergaba al monarca, la familia real y una corte itinerante de más de 1.500 personas: nobles, camareros, mayordomos, capellanes, notarios, secretarios, médicos, cocineros, servidores. El mobiliario incluía alfombras orientales, tapices flamencos, retratos de Tiziano y Velázquez, y una colección de arte que —tras el incendio devastador de 1734— solo se conoce por inventarios. Los reyes vivían ritualizados: audiencias matinales, comida pública, capilla, audiencias vespertinas, paseo por los jardines del Retiro.

La Plaza Mayor, corazón del Madrid barroco

La Plaza Mayor de Madrid, construida entre 1617 y 1619 bajo Felipe III con traza de Juan Gómez de Mora, fue la gran plaza cívica del Siglo de Oro. Rectangular, con soportales continuos y casas de tres plantas con balcones de hierro forjado, acogió durante siglos las grandes celebraciones: proclamaciones reales, autos de fe, corridas de toros, juicios públicos, mercados, beatificaciones, ejecuciones, fuegos artificiales, quemas de libros heréticos. En el siglo XVII su población permanente se contaba en decenas de comerciantes: panaderos en la Casa de la Panadería, carniceros en la Casa de la Carnicería, mercaderes de joyas y tejidos en los soportales.

Los mentideros: periodismo oral en las calles

Un mentidero era un lugar público de la ciudad donde se reunían desocupados, pretendientes de cargo, soldados de vuelta, poetas arrimados, estafadores y comerciantes para intercambiar rumores, noticias, chismes y cuitas. Había cuatro mentideros famosos en el Madrid del Siglo de Oro:

  • Mentidero de San Felipe: junto al convento de San Felipe el Real, en la Puerta del Sol, el más famoso. Se leían allí los avisos políticos y se inventaban victorias militares.
  • Mentidero de las Gradas de San Pablo: frecuentado por nobles, militares y poetas.
  • Mentidero de Representantes: en la calle del León, donde vivían los actores y los directores de compañía.
  • Mentidero de Losas: junto al Palacio Real, para enterarse de los asuntos de palacio.

Cervantes, Lope, Quevedo y Calderón eran habituales de los mentideros. La moderna tertulia nace aquí.

Mancebías y casas de lenocinio

La prostitución en el Madrid del Siglo de Oro era tolerada y regulada: existían mancebías públicas con licencia municipal, donde las mujeres pagaban impuesto al concejo. El barrio del Baño (entre la calle Tudescos y el Postigo de San Martín) concentraba las mancebías más famosas. Las cortesanas de alto nivel —la Pelona, la Burguillos, Micaela de Luján (amante de Lope)— eran figuras reconocidas, aparecían en comedias y tenían coche. En 1623, Felipe IV decretó el cierre de las mancebías públicas por presión moral, pero la prostitución continuó ejerciéndose en casas privadas y posadas.

Casas a la malicia: una Madrid que esconde

Para alojar al creciente número de servidores de la Casa Real, desde 1565 se impuso la Regalía de Aposento: todo propietario debía ceder la mitad de su vivienda a los oficiales de la corte. Los madrileños respondieron con ingenio: construyeron las llamadas casas a la malicia, edificios que aparentaban tener una sola planta pero ocultaban otras ocultas detrás de fachadas bajas, ventanas irregulares y cubiertas engañosas. Aún se conservan algunas en el barrio de los Austrias. Es arquitectura vernacular de resistencia fiscal.

Conventos, iglesias y hospitales

Con más de 80 conventos dentro de los muros, Madrid era en el siglo XVII una ciudad monacal por densidad. Las Descalzas Reales (fundación de doña Juana de Austria, hermana de Felipe II), la Encarnación (Felipe III), el Carmen Descalzo, San Plácido, Santa Ana… eran propiedad de la alta aristocracia que colocaba allí a sus hijas. Los hospitales —de la Corte, de los Italianos, Antón Martín, de la Pasión, del Buen Suceso— asistían a pobres, viajeros, soldados heridos y locos.

Agua, higiene y el “agua va”

El agua corriente no existía. Los aguadores —oficio regulado con ordenanza— traían cubas de las fuentes públicas a las casas. Las letrinas interiores desaguaban en pozos negros que se limpiaban periódicamente. Pero la costumbre más famosa era la de vaciar los orinales por las ventanas al grito de “¡agua va!”, con desprecio de la salud pública, hasta bien entrado el siglo XVIII cuando Carlos III prohibirá la práctica con la reforma urbana.

Caballeros, pretendientes y desamparados

La sociedad madrileña era una pirámide rígida: en la cúspide, el rey y los Grandes de España (20 familias con acceso directo a la corte); debajo, la nobleza titulada (títulos, marqueses, condes, señoríos); después, los hidalgos empobrecidos —los hidalgos secos de Quevedo— que exhibían pobreza digna; los burgueses, comerciantes y funcionarios; los artesanos, soldados, servidores; y, al fondo, la masa de pobres, vagabundos, pícaros, mendigos y moriscos expulsados. Todos buscaban un amo o un patrón.

Herencia: el barrio de los Austrias sigue vivo

Muchas de las calles, plazas, conventos e iglesias del Madrid de los Austrias siguen allí: la Plaza Mayor, la Puerta del Sol, las Descalzas Reales, San Isidro, la calle del León con las casas de Cervantes y Lope, las cuevas de la tapa y la taberna. El barrio de los Austrias conserva su trama irregular, sus casas a la malicia y sus plazas pequeñas. Y la memoria literaria del Siglo de Oro —Quevedo, Lope, Cervantes, Calderón— sigue leyéndose y representándose, recordándonos que aquella villa olorosa y bulliciosa fue la capital de un imperio y el laboratorio de la primera gran cultura urbana moderna hispanohablante.

Preguntas frecuentes

¿Cómo era Madrid en el Siglo de Oro?

Una ciudad populosa y sucia, capital desde 1561 bajo Felipe II. Calles estrechas, sin alcantarillado (los vecinos gritaban «¡Agua va!» antes de verter los orinales), plazas concurridas (Mayor, de la Paja), tabernas, corrales de comedias. En 1620 ya tenía 150.000 habitantes y era una de las mayores ciudades de Europa.

¿Qué eran los mentideros madrileños?

Puntos de reunión al aire libre donde se comentaban noticias, chismes, rumores políticos y escándalos amorosos. Los principales eran el Mentidero de Representantes (cerca de la calle del León, frecuentado por actores), el de Losas de Palacio y el de San Felipe. Eran la red social del Madrid barroco.

¿Qué era una casa a la malicia?

Una casa de una sola planta aparente pero con planta superior oculta, construida para esquivar la regalía de aposento: obligación de alojar gratuitamente a miembros de la corte en cualquier casa que tuviera más de un piso. Muchas casas madrileñas del XVII se construyeron así para evitar la obligación.

¿Qué eran las mancebías en el Madrid del Siglo de Oro?

Burdeles regulados por el ayuntamiento o por la corona, con impuestos y horarios establecidos. En Madrid había varias mancebías, la principal cerca de la calle Cedaceros. Se cerraron definitivamente en 1623 por presión eclesiástica, pero la prostitución continuó en pisos y casas privadas.

¿Por qué se trasladó la corte a Madrid?

Felipe II la trasladó desde Toledo en 1561 buscando un centro geográfico más neutral y sin un poder eclesiástico tan fuerte como el toledano. Madrid era entonces una villa menor (30.000 habitantes), pero con buena posición central, aguas subterráneas abundantes y suelo apto para construcción. Fue capital salvo entre 1601-1606.

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