Cafés, Tertulias y Sociedades Económicas: La Cultura de la España Ilustrada

Ilustración española (1700–1808)

En el espacio de medio siglo, entre la muerte de Fernando VI (1759) y la invasión napoleónica (1808), Madrid, Cádiz, Barcelona, Valencia, Oviedo, Salamanca o Sevilla vieron emerger un tipo de vida pública hasta entonces desconocido: la tertulia ilustrada. En los cafés, en las botillerías, en los salones aristocráticos, en las Sociedades Económicas de Amigos del País, en las Reales Academias y en los Seminarios de Nobles, los ilustrados españoles discutieron, leyeron, tradujeron, publicaron, reformaron y soñaron con una España más productiva, más educada y más moderna. Fue el único siglo en el que los intelectuales españoles sintieron, colectivamente, que podían hacer país.

Retrato de grupo de la familia del rey Carlos IV pintado por Goya en 1800, Museo del Prado
La familia de Carlos IV. Francisco de Goya, 1800. Museo Nacional del Prado.

La cultura ilustrada española no tuvo Voltaire ni Diderot propios, pero produjo figuras extraordinarias: Feijoo, Campomanes, Jovellanos, Floridablanca, Aranda, Olavide, Cadalso, Meléndez Valdés, Moratín hijo, Goya. Vivir esta cultura suponía frecuentar cafés, publicar en gacetas, pertenecer a academias, viajar por el extranjero, leer a los autores franceses e ingleses, y debatir sobre el fomento del país, la libertad de imprenta, la reforma agraria o la educación popular.

La Sociedad Bascongada y las Sociedades Económicas

Fundada en 1765 en Vergara por el Conde de Peñaflorida, la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País fue la primera de su género en España. Su lema —Irurac bat (“las tres en una”, por las tres provincias vascas)— resumía su proyecto: reunir a la nobleza ilustrada para fomentar la agricultura, la industria, el comercio y las ciencias. Su éxito llevó a Campomanes a recomendar la multiplicación del modelo: en quince años se fundaron más de 60 sociedades económicas en toda la monarquía, incluidas las Américas. Publicaban memorias científicas, premiaban innovaciones agrícolas, mantenían escuelas, cultivaban huertos experimentales.

El Real Seminario de Vergara

La Bascongada fundó en 1776 el Real Seminario Patriótico de Vergara, primera institución educativa técnica española. Se enseñaban allí matemáticas, química (con un laboratorio de vanguardia donde los hermanos Fausto y Juan José Elhuyar descubrirán el volframio en 1783), física experimental, idiomas modernos, agricultura y comercio. Un modelo pedagógico rousseauniano —con uniforme, disciplina militar moderada, estudio al aire libre— que influyó en toda la educación ilustrada posterior.

Los cafés como primera esfera pública

Los cafés de Madrid se convirtieron desde mediados del siglo XVIII en la primera esfera pública moderna española. El Café de la Fontana de Oro (calle Carrera de San Jerónimo, abierto hacia 1760) reunía a liberales; el Café de Levante (Puerta del Sol) a militares y comerciantes; el Café de Lorencini a escritores; el Café de Gippini a italianos y extranjeros. En Barcelona, el Café Suizo y la Pastelería Mauri; en Cádiz, el Café de Apolo; en Sevilla, los del Coliseo.

En los cafés se leía en voz alta la Gaceta de Madrid, el Correo de Madrid, el Memorial Literario, el Diario de Madrid. Se jugaba al ajedrez, al billar, a las damas. Se debatía política internacional, las reformas del rey, la producción agrícola, los nuevos libros. Una consumición de café, chocolate o ponche daba acceso a horas de tertulia.

Los salones aristocráticos

Paralelamente a los cafés —más abiertos y populares—, los salones aristocráticos eran los espacios femeninos de la ilustración. La Duquesa de Benavente (María Josefa Pimentel), la Condesa-Duquesa de Osuna, la Condesa de Montijo, la Condesa de Campo Alange organizaban tertulias semanales en sus palacios donde se leían manuscritos literarios (Moratín estrenaba allí sus comedias antes de publicarlas), se discutían asuntos políticos y se recibía a viajeros extranjeros. Las mujeres ilustradas —Josefa Amar y Borbón, Inés Joyes— escribieron memoriales, tradujeron obras pedagógicas y reclamaron el acceso femenino a la cultura.

Academias y expediciones científicas

El siglo XVIII fue el gran siglo de las Academias. Felipe V fundó la Real Academia Española (1713, el limpia, fija y da esplendor); Fernando VI, la Real Academia de la Historia (1738) y las Reales Academias de Medicina, Bellas Artes de San Fernando y Nobles Artes. Carlos III y Carlos IV auspiciaron las grandes expediciones científicas a América y el Pacífico: la expedición geodésica de La Condamine al Ecuador (1735), la de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, la expedición de Malaspina (1789–1794) al Pacífico, la expedición botánica de Ruiz y Pavón a Perú y Chile, la de Mutis a Nueva Granada, la de Humboldt (oficialmente privada, pero auspiciada).

Teatro, ópera y tonadillas escénicas

La vida cultural española incluía las tonadillas escénicas y los entremeses populares, pero también un teatro neoclásico reformado que Leandro Fernández de Moratín llevó a la excelencia con El sí de las niñas (1801). El teatro italiano entró con Farinelli, músico contratado por Fernando VI, quien traía óperas al Buen Retiro. Las tonadillas escénicas —piezas cortas musicales interpretadas entre actos— eran el equivalente dieciochesco del music-hall: Manuel García, padre de María Malibrán, triunfaba en ellas.

La prensa periódica moderna

El siglo XVIII es también el de la prensa. Además de la Gaceta de Madrid (fundada en 1661 pero profundamente modernizada), aparecen el Mercurio Histórico y Político, el Memorial Literario, el Correo de Madrid, el Diario de Madrid, El Pensador (de Clavijo y Fajardo), El Censor (de Cañuelo y Pereira), El Duende Crítico, la Revista Literaria de Barcelona. Estos periódicos, leídos en los cafés y en los salones, crearon por primera vez en España una opinión pública en el sentido moderno.

El rey, el despotismo ilustrado y los ministros

La ilustración española se canalizó sobre todo desde arriba: los ministros reformistas de Carlos III —Esquilache, Aranda, Floridablanca, Campomanes, Jovellanos— usaron el poder del monarca absoluto para implementar sus ideas. Las reformas fiscales, la expulsión de los jesuitas (1767), el fomento de las colonias agrícolas de Sierra Morena (Olavide), la modernización de la Armada, las reformas universitarias, fueron decisiones tomadas sin consulta, desde el despacho del ministro. Pero fue precisamente esta combinación de monarca ilustrado más ministro técnico lo que produjo las grandes reformas del siglo.

Las colonias agrícolas de Sierra Morena

Uno de los experimentos ilustrados más ambiciosos fue el poblamiento de Sierra Morena (Andalucía) iniciado por Pablo de Olavide a partir de 1767. Se fundaron La Carolina, La Carlota, Guarromán, Santa Elena, San Sebastián de los Ballesteros… y se trajeron 6.000 colonos alemanes, suizos y flamencos para cultivar tierras deshabitadas y asegurar el camino real Madrid–Cádiz frente a bandoleros. Las colonias se organizaron con urbanismo racional en cuadrícula, cabildo municipal, parroquia y escuela. Fue un ensayo pionero de colonización planificada con ecos ilustrados (racionalismo, plurireligiosidad inicial, huerta familiar).

El fin: la invasión y Cádiz

La invasión napoleónica de 1808 supuso el fin del modelo de Ilustración cortesana. Los ilustrados se dividieron: algunos (los llamados afrancesados) aceptaron el nuevo régimen de José I Bonaparte; otros (los patriotas) huyeron a las Cortes de Cádiz, donde proclamaron en 1812 la primera Constitución liberal del país. Paradójicamente, la cultura ilustrada produjo, ya en su crepúsculo, el primer gran texto político moderno español.

Herencia: el modelo de la esfera pública moderna

La Ilustración española inauguró instituciones que han sobrevivido: las Reales Academias, la prensa periódica, las Sociedades Económicas (que aún subsisten en el País Vasco y Asturias), las tertulias literarias, las cafeterías como espacios sociales, los manuales escolares. Y, aunque el balance de las reformas fue desigual y en muchos casos reversible por el reinado posterior de Fernando VII, el siglo XVIII español dejó la convicción duradera de que el progreso, la educación y el debate racional podían cambiar el país. Es la herencia que recogerán los liberales del XIX y, en definitiva, la democracia española moderna.

Preguntas frecuentes

¿Qué eran las tertulias ilustradas?

Reuniones periódicas de intelectuales, aristócratas y burgueses en casas privadas o cafés para discutir política, literatura, ciencia y filosofía. Las de la condesa de Montijo, del marqués de Valdeflores o de Jovellanos marcaron la Ilustración española. Eran el foro informal donde se difundían las ideas nuevas.

¿Qué eran las Sociedades Económicas de Amigos del País?

Asociaciones ilustradas fundadas desde 1765 para promover mejoras agrícolas, industriales, educativas y científicas. La primera fue la Vascongada (Bergara). Había más de 50 en España y las colonias americanas. Publicaban memorias, financiaban escuelas, difundían manuales técnicos. Fueron el motor de la Ilustración civil española.

¿Qué era el Café de Levante?

Uno de los cafés literarios más famosos del Madrid ilustrado, situado en la Puerta del Sol. Allí se reunían escritores como Tomás de Iriarte, José Cadalso y el Duque de Almodóvar para discutir literatura francesa, política y filosofía. Los cafés literarios suplantaron a los mentideros del siglo XVII.

¿Dónde estaba el café de la Fontana de Oro?

En la Carrera de San Jerónimo de Madrid, junto a las Cortes. Fue escenario de tertulias liberales durante el Trienio Liberal (1820-1823), inmortalizadas por Benito Pérez Galdós en su novela homónima. Hoy el nombre sobrevive en un hotel del centro de Madrid.

¿Qué eran los periódicos ilustrados?

Prensa periódica que difundía ideas ilustradas: El Pensador de Clavijo y Fajardo (1762), El Censor, el Semanario Económico, el Diario de los Literatos. Combinaban ciencia, literatura, crítica y política. Fueron el antecedente del periodismo moderno y el principal canal de difusión cultural del XVIII.

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