La provincia de Hispania no solo recibió a Roma: también la gobernó. Durante los siglos I y II d.C., cuando la romanización había convertido a la élite provincial hispana en plenamente romana —en latín, cultura y derecho—, una cohorte excepcional de hispanos llegó al Senado, al consulado y finalmente a la púrpura imperial. Séneca, Lucano, Columela, Quintiliano, Marcial, Trajano, Adriano, Marco Aurelio (por vía materna), Teodosio I: un elenco que incluye a algunos de los mayores nombres de la literatura, la filosofía y la política del Alto Imperio y el siglo IV.

Este fenómeno —una provincia conquistada que aporta a la metrópoli emperadores y filósofos— no tuvo precedentes en Roma y anticipó lo que el Imperio se convertiría con Constantino: un orden cosmopolita en el que el origen provincial dejaba de ser marca de inferioridad. Hispania fue la primera en dar ese paso.
La élite bética: de colonos a senadores
El proceso arrancó en el siglo I a.C. Las colonias fundadas por César y por Augusto en la Bética —Itálica, Corduba, Hispalis— recibieron veteranos licenciados que, una generación después, eran terratenientes latifundistas. Sus hijos, educados con rétores y gramáticos venidos de Roma, empezaron a ocupar magistraturas municipales. En dos generaciones más ingresaron en el orden ecuestre; en tres, en el Senado. Hacia el año 70 d.C., Vespasiano concedió el ius Latii a toda Hispania, otorgando la ciudadanía romana a sus magistrados municipales y acelerando la promoción de la élite provincial. Para Trajano, en 98 d.C., ser hispano ya no era un obstáculo: era una credencial.
Séneca y la filosofía estoica cordobesa
Lucio Anneo Séneca el Viejo nació en Corduba hacia el 54 a.C. en una familia de orden ecuestre. Escritor y retórico, dio a Roma tres hijos ilustres. Lucio Anneo Séneca el Joven (4 a.C.-65 d.C.), el más célebre, fue filósofo estoico, dramaturgo, ministro de Nerón, autor de tratados inmortales (De brevitate vitae, Epistolae morales ad Lucilium, De providentia) y, finalmente, víctima del emperador que había educado: condenado al suicidio en 65 d.C. tras ser acusado de conjura. Su muerte —abriéndose las venas mientras dictaba a sus secretarios las últimas reflexiones— es uno de los episodios canónicos de la filosofía antigua.
Su sobrino Marco Anneo Lucano, también cordobés, fue el mayor poeta épico del siglo I, autor de la Farsalia, cronista en verso de la guerra civil entre César y Pompeyo. Se suicidó el mismo año que Séneca, implicado en la conjura de Pisón. La familia fue aniquilada por Nerón, pero la influencia intelectual de los Anneos perduraría: el estoicismo senequiano marcaría siglos después a Quevedo, a Montaigne y al Siglo de Oro español.
Columela, Quintiliano y Marcial: los otros grandes hispanos de Roma
Lucio Junio Moderato Columela, nacido en Gades (Cádiz) hacia el 4 d.C., fue el mayor agrónomo del mundo antiguo. Su tratado De re rustica, en doce libros, fue el manual de agricultura europeo desde Roma hasta la Ilustración. Describe con precisión las técnicas de la Bética romana —cultivo del olivo, viña, cereal, apicultura, explotación ganadera— y sigue siendo fuente documental indispensable para entender la agricultura antigua.
Marco Fabio Quintiliano, nacido en Calagurris (Calahorra, La Rioja) hacia el 35 d.C., fue el primer maestro de retórica pagado con sueldo estatal por Vespasiano, el Demóstenes del latín imperial. Su Institutio oratoria, en doce libros, fijó el canon pedagógico de la educación retórica hasta el siglo XVIII: Petrarca la redescubrió, Lutero la alabó, Rousseau la discutió.
Marco Valerio Marcial, nacido en Bílbilis (Calatayud) hacia el 40 d.C., fue el maestro del epigrama latino. Sus Epigramas, agudos, obscenos, divertidos, feroces, retrataron la Roma de Domiciano con una ironía afiladísima. Vivió 35 años en la capital antes de regresar a su Hispania natal, desde donde escribió con nostalgia y algo de hartazgo sobre la vida romana.
Trajano: el primer emperador hispano
Marco Ulpio Trajano nació en Itálica (Santiponce, Sevilla) el 18 de septiembre del 53 d.C. Su padre, también llamado Marco Ulpio, había sido senador y gobernador de Siria, y pertenecía a las viejas familias coloniales de la Bética. Educado militarmente, Trajano sirvió en las legiones del Rin y de Germania. Nerva, el emperador anciano y sin herederos, lo adoptó como sucesor en 97 d.C. en una maniobra política destinada a garantizar la lealtad del ejército. Nerva murió en enero del 98 y Trajano se convirtió en el primer emperador no nacido en Italia.
Su reinado (98-117 d.C.) fue una edad de oro. Conquistó Dacia —cuyo oro financió las obras monumentales de Roma— y Partia, llevando el Imperio a su máxima extensión territorial. Construyó el Foro de Trajano, los Mercados, la Columna Trajana (que narra en bajorrelieves la conquista dacia) y promulgó la política social más generosa de su tiempo: los alimenta, programa de pensiones infantiles financiado con préstamos a agricultores. El Senado le concedió póstumamente el título de Optimus Princeps, «el mejor príncipe», único emperador que lo recibió.
Adriano: el emperador filósofo hispano
Publio Elio Adriano, también nacido en Itálica en 76 d.C., era sobrino-nieto de Trajano. Heredó el trono en 117 y gobernó veintiún años (117-138 d.C.). Renunció a parte de las conquistas orientales de Trajano y consolidó las fronteras: el Vallum Hadriani —el Muro de Adriano— atraviesa Britania de mar a mar; el Limes Germanicus fortificó el Rin y el Danubio. Viajero incansable, recorrió todas las provincias del Imperio, incluida Hispania, donde residió en Itálica durante casi un año. Helenófilo, constructor del Panteón de Roma y de la Villa Adriana en Tívoli, poeta aficionado, artífice del edicto perpetuo y organizador administrativo del Imperio, Adriano es el segundo gran hispano del Alto Imperio.
Teodosio: el último emperador de Roma unida
Un siglo después de Adriano, Hispania daría aún dos emperadores más. Marco Aurelio (121-180) era hispano por vía materna: su madre Domitia Lucilla procedía de familia hispanorromana de Baetica. Y Teodosio I el Grande, nacido en Cauca (Coca, Segovia) en 347, fue el último emperador de un Imperio Romano unido. Declaró el cristianismo religión oficial del Imperio en 380 con el edicto de Tesalónica, derrotó a los usurpadores Máximo y Eugenio, y a su muerte en 395 d.C. dividió el Imperio entre sus hijos Arcadio (Oriente) y Honorio (Occidente). Esa división sería definitiva: Roma nunca volvería a ser una sola.
Qué explica el fenómeno
La concentración de genio hispano en la Roma de los siglos I y II tiene una explicación sociológica. La Bética era la provincia más urbanizada y enriquecida del Occidente romano —aceite, vino, garum, plata—, y sus élites tenían medios para educar a sus hijos con los mejores maestros latinos y griegos. La ciudadanía romana extendida por Vespasiano en 73-74 d.C. abrió definitivamente el cursus honorum a los provinciales. Y el ejército imperial, desplegado en los limes germánicos y danubianos, sirvió como vía de promoción política para los oficiales hispanos. Cuando Trajano y Adriano subieron al trono, no eran excepciones: eran la culminación de cuatro generaciones de romanización acelerada.
El resultado es paradójico pero revelador: la provincia que había costado dos siglos de guerra conquistar terminó gobernando al conquistador. Ningún otro territorio conquistado por Roma dio, tan pronto ni tan brillantemente, tal densidad de talento imperial. Hispania, en el siglo II, era ya plenamente Roma —y Roma, en parte, era ya hispana—.
Preguntas frecuentes
Trajano (98-117), nacido en Itálica; Adriano (117-138), también itálicense; Marco Aurelio (161-180), hispano por vía materna; y Teodosio I el Grande (379-395), nacido en Cauca (Coca, Segovia), último emperador de un Imperio Romano unido. Hispania dio más emperadores que ninguna otra provincia.
Por una combinación de romanización temprana, riqueza agrícola (aceite, vino, garum, plata), educación latina y griega en las ciudades béticas, y la ciudadanía extendida por Vespasiano a toda Hispania en 73-74 d.C. Tres generaciones bastaron para que las élites hispanorromanas accedieran al Senado y al consulado.
Séneca y su sobrino Lucano (cordobeses), Columela (de Gades, autor del gran tratado De re rustica), Quintiliano (de Calagurris, Calahorra, padre de la pedagogía retórica latina), Marcial (de Bílbilis, Calatayud, maestro del epigrama). Todos ellos marcaron la literatura latina del siglo I.
En Santiponce, a 9 km al norte de Sevilla. Fue la primera colonia romana fundada fuera de Italia (206 a.C. por Escipión el Africano). Allí nacieron Trajano y Adriano. Hoy es un conjunto arqueológico con casas señoriales (Casa de los Pájaros), un anfiteatro de 25.000 plazas y el trazado urbano original.
Una de las tres provincias romanas de Hispania (junto con Lusitania y Tarraconense), creada por Augusto tras el año 27 a.C. Su capital era Corduba (Córdoba). Comprendía el valle del Guadalquivir, la zona más rica y urbanizada. Sus latifundios oleícolas abastecieron de aceite a Roma durante siglos.