Marco Ulpio Trajano (Itálica, cerca de Sevilla, 18 de septiembre del 53 d.C. – Selinunte, Cilicia, 8 de agosto del 117 d.C.) fue el primer emperador romano nacido fuera de Italia y uno de los soberanos más brillantes de toda la historia de Roma. Bajo su gobierno (98-117 d.C.) el Imperio Romano alcanzó su máxima extensión territorial, con unos cinco millones de kilómetros cuadrados desde Escocia hasta Mesopotamia, desde el Rin hasta el Sáhara. El Senado romano lo declaró “Optimus Princeps” (“el mejor príncipe”), un título que ningún emperador anterior ni posterior recibió, y durante más de un siglo los senadores saludaban a los nuevos emperadores con la fórmula «Felicior Augusto, melior Traiano» (“Más afortunado que Augusto, mejor que Trajano”). Como figura hispana, Trajano fue también el primero de los grandes emperadores de origen provincial —nacido en Itálica, la ciudad romana a las afueras de la actual Sevilla— y abrió el camino para que la Península Ibérica se convirtiera en una cantera de césares: Adriano, Teodosio y Magno Máximo fueron también hispanorromanos.

Itálica, el origen bético
Trajano nació en Itálica, una ciudad romana situada en la actual Santiponce (Sevilla), junto al río Guadalquivir. Itálica había sido fundada en el año 206 a.C. por Publio Cornelio Escipión el Africano tras su victoria sobre los cartagineses en Ilipa, para alojar a los veteranos heridos de sus legiones. Era, por tanto, la primera ciudad romana fundada fuera de Italia y durante dos siglos fue una de las principales poblaciones de la Bética, la provincia más rica y romanizada de Hispania. La familia de Trajano —los Ulpii— era de origen umbro itálico, asentada en Itálica desde generaciones. Su padre, también Marco Ulpio Trajano, había sido cónsul, gobernador de Siria y conquistador de la provincia de Arabia.
Trajano creció, por tanto, en un ambiente de aristocracia provincial romanizada, hablando latín y griego, y educado en la tradición militar. Su ciudad natal le recompensó con generosidad cuando ya era emperador: bajo Trajano y su sucesor Adriano (también nacido en Itálica), la ciudad recibió el rango de colonia honoraria y fue objeto de una ampliación monumental conocida como la “Nova Urbs” con el anfiteatro —el tercero más grande del Imperio Romano, con capacidad para 25.000 espectadores—, termas, foros y amplias avenidas. Las ruinas de Itálica pueden visitarse hoy como yacimiento arqueológico.
La carrera militar (75-98 d.C.)
Trajano inició su carrera en el ejército como tribuno militar durante diez años (75-85), sirviendo bajo su padre en Siria y luego en otras provincias. Ascendió con diligencia: cuestor, pretor y comandante de una legión en Hispania. Su oportunidad llegó cuando el emperador Domiciano lo nombró gobernador de la Germania Superior en el año 91, donde derrotó una revuelta en Galia. En el año 91 d.C., Domiciano lo elevó al consulado; en el 97, el nuevo emperador Nerva, un anciano sin descendencia y buscando un sucesor capaz y leal, lo adoptó como hijo y heredero. La ceremonia de adopción el 27 de octubre del 97 lo convirtió oficialmente en miembro de la familia imperial. Trajano, de 44 años y en plena madurez militar, pasó así a ser el cesar in pectore.
Nerva murió el 27 de enero del 98 d.C. y Trajano le sucedió de inmediato. Según Plinio el Joven, pasó varios meses en las fronteras del Rin inspeccionando las tropas antes de entrar en Roma, un gesto que demostraba sus prioridades: las fronteras y los soldados antes que la corte. Cuando llegó a Roma en otoño del 99, entró humildemente a pie en lugar de en carro triunfal. El Senado quedó encantado.
Las guerras dácicas (101-106 d.C.)
El reto de Decébalo
El reino de Dacia, situado en lo que hoy es Rumanía, era un poderoso Estado bárbaro gobernado por el rey Decébalo, capaz de desafiar a Roma militarmente. Domiciano había tenido que firmar con él una paz humillante pagándole subsidios anuales. Trajano decidió acabar con esta situación. Reunió un enorme ejército —unos 100.000 soldados de nueve legiones y numerosas tropas auxiliares— y cruzó el Danubio por un puente de barcas en el año 101 d.C.
La primera guerra dácica (101-102) terminó con una derrota parcial de Decébalo, que tuvo que firmar una paz desfavorable pero conservar su trono. En cuanto Trajano regresó a Roma, Decébalo rompió los acuerdos. La segunda guerra dácica (105-106) fue decisiva. Trajano ordenó al arquitecto Apolodoro de Damasco la construcción de un puente permanente sobre el Danubio —el Puente de Trajano, con más de un kilómetro de longitud y 20 pilares de piedra, una obra maestra de la ingeniería antigua—. El ejército romano penetró en el corazón de Dacia y tomó la capital Sarmizegetusa Regia. Decébalo, sitiado, se suicidó para no caer prisionero. Su cabeza fue enviada a Roma.
El oro y la colonización
La conquista de Dacia aportó a Roma el mayor tesoro jamás capturado: los cronistas hablan de medio millón de libras de oro y un millón de libras de plata, además del control de las minas de oro del Apuseni. Con este botín, Trajano financió un programa masivo de construcciones públicas y la celebración de 123 días de juegos en los que combatieron 10.000 gladiadores y murieron 11.000 animales, un espectáculo sin precedentes. Dacia se convirtió en provincia romana y sufrió una colonización tan intensa que la lengua de los colonos —el latín— se impuso a las hablas dacias originales. Esa es la razón por la que hoy el rumano es una lengua romance, la única al norte del Danubio.
La Columna de Trajano y el Foro
Para conmemorar su victoria, Trajano ordenó construir en Roma el Foro de Trajano, el más grande y monumental de todos los foros imperiales, diseñado también por Apolodoro de Damasco. En su centro se alzaba la Columna de Trajano, un monumento único en la historia del arte: una columna de 30 metros de altura en cuyo fuste se despliega un gigantesco relieve en espiral de casi 200 metros de longitud que narra, como un cómic esculpido milenios antes del cómic, las dos campañas dácicas con más de 2.500 figuras y 155 escenas. Es la fuente gráfica más importante que conservamos sobre el ejército romano y ha sido estudiada minuciosamente por generaciones de historiadores.
En la parte superior de la columna se colocó originalmente una estatua de bronce de Trajano, sustituida en 1588 por una estatua de San Pedro por orden del papa Sixto V. Dentro de la columna se construyó una escalera en espiral de 185 peldaños para subir hasta la cima. La Columna de Trajano sigue en pie en Roma, 1.900 años después, y ha sobrevivido intacta a terremotos e incendios. Es Patrimonio de la Humanidad.
Las campañas partas y la muerte (114-117)
En el año 114 d.C., ya con 61 años, Trajano lanzó su última gran empresa: la guerra contra el Imperio Parto, el gran enemigo del Imperio Romano en Oriente. La campaña, impulsada por una mezcla de ambición estratégica y emulación de Alejandro Magno, fue espectacular. Trajano conquistó Armenia, cruzó el Éufrates, tomó Ctesifonte (la capital parta cerca de la actual Bagdad) y llegó hasta el Golfo Pérsico. Al contemplar el océano Índico, se lamentó —según Dion Casio— de ser «demasiado viejo para ir como Alejandro hasta la India». Fundó dos nuevas provincias, Mesopotamia y Asiria, y proclamó un rey cliente parto.
Pero las conquistas orientales eran insostenibles. Pocos meses después de la proclamación, rebeliones estallaron en todas las ciudades conquistadas (Ctesifonte, Seleucia, Edesa) y en la retaguardia judía del Imperio. Trajano, enfermo y agotado, emprendió el regreso hacia Roma. Murió el 8 de agosto de 117 d.C. en Selinunte (Cilicia, actual Turquía), antes de ver Italia de nuevo. Su esposa Plotina anunció que el emperador, antes de morir, había adoptado a su pariente Publio Elio Adriano, también nacido en Itálica, como sucesor. Adriano heredó el trono y, consciente de la insostenibilidad de las conquistas, abandonó Mesopotamia y Asiria para fijar una frontera defensiva en el Éufrates. La decisión de Adriano fue polémica pero pragmática.
El Optimus Princeps y su legado
Las cenizas de Trajano fueron llevadas a Roma y depositadas, excepcionalmente, bajo la Columna de Trajano —el único emperador cuya tumba está dentro de los muros sagrados de la ciudad—. El Senado lo divinizó (declarándolo divus Traianus) y lo proclamó “Optimus Princeps” (“el mejor príncipe”). Las generaciones posteriores lo consideraron el modelo del buen emperador: austero en lo personal, justo en el gobierno, generoso con los pobres (creó los alimenta, un sistema de ayudas públicas a la infancia pobre de Italia), respetuoso con el Senado, incansable en las campañas, constructor infatigable (el Puerto de Civitavecchia, el Foro, el Mercado de Trajano, calzadas, acueductos, puentes en todo el Imperio).
Incluso la tradición cristiana, normalmente hostil a los emperadores paganos, lo trató con sorprendente benevolencia. La leyenda medieval contaba que el papa Gregorio Magno había rogado a Dios por el alma del emperador pagano y había logrado sacarlo del limbo, una interpretación recogida por Dante en su Divina Comedia, que sitúa a Trajano en el Paraíso como excepción entre los paganos. La gloria de Trajano atravesó los siglos: su nombre siguió apareciendo en crónicas medievales, tratados renacentistas y libros de historia modernos como sinónimo del buen gobernante. Y en Itálica, su ciudad natal, las ruinas del anfiteatro y los mosaicos de las villas nos recuerdan que el primer emperador hispano puso a la provincia Bética en el centro del mundo.
Preguntas frecuentes
En Itálica, ciudad romana a las afueras de la actual Sevilla, el 18 de septiembre del 53 d.C. Fue el primer emperador romano nacido fuera de Italia y abrió el camino a los otros emperadores hispanos: Adriano, Teodosio y Magno Máximo.
Dacia (la actual Rumanía, cuyo oro financió las obras monumentales de Roma) y Partia (Mesopotamia y Armenia). Bajo su reinado, el Imperio Romano alcanzó su máxima extensión territorial con unos cinco millones de km² desde Escocia hasta el golfo Pérsico.
El Senado romano le concedió este título («el mejor príncipe») póstumamente, único emperador en recibirlo. Durante más de un siglo, los senadores saludaban a los nuevos emperadores con la fórmula «Felicior Augusto, melior Traiano» («Más afortunado que Augusto, mejor que Trajano»).
Adriano (76-138), sobrino-nieto de Trajano y también nacido en Itálica; Marco Aurelio (121-180) por vía materna; y Teodosio I el Grande (347-395), nacido en Cauca (Coca, Segovia) y último emperador de un Imperio Romano unido.
Un monumento conmemorativo de 30 metros erigido en el Foro de Trajano en Roma entre los años 107-113 d.C. Narra la conquista de Dacia en más de 150 escenas esculpidas en espiral. Es una de las fuentes iconográficas más importantes sobre el ejército romano.