Isidora Dolores Ibárruri Gómez (Gallarta, 1895 – Madrid, 1989) —universalmente conocida como La Pasionaria— fue la oradora política más poderosa de la España del siglo XX, la principal figura femenina del movimiento obrero europeo durante la Guerra Civil y la secretaria general del Partido Comunista de España durante casi cuarenta años. Hija de mineros vizcaínos, autodidacta, encarcelada varias veces por la dictadura de Primo de Rivera y por el franquismo, exiliada treinta y ocho años en la Unión Soviética, regresó a España en 1977 tras la restauración de la democracia y fue elegida diputada a los 81 años en una Cámara donde los más jóvenes la escuchaban con el mismo respeto con el que Madrid la había oído cuarenta años antes, la tarde del 19 de julio de 1936, pronunciar por Radio Unión las palabras que fijaron el lema antifascista del siglo: «¡No pasarán!».

Figura polarizadora por su comunismo ortodoxo y por su lealtad inquebrantable a Stalin durante décadas, La Pasionaria es al mismo tiempo una biografía excepcional de ascenso popular y una clave para entender el republicanismo obrero español, el antifascismo europeo y los largos destierros comunistas del siglo XX.
Una infancia minera en Gallarta
Dolores nació el 9 de diciembre de 1895 en Gallarta, pueblo minero de la comarca de Encartaciones (Vizcaya), octava de once hermanos. Su padre, Antonio Ibárruri, fue minero de hierro; su madre, Juana Gómez, llevaba la casa. Familia numerosa, católica y trabajadora, con seis de los once hijos muertos en la infancia. Dolores estudió en la escuela pública hasta los quince años y luego trabajó como costurera y sirvienta. A los veinte se casó con el minero socialista Julián Ruiz, con el que tuvo seis hijos —solo dos sobrevivirían—.
Del socialismo al Partido Comunista
La miseria de los hogares mineros, la muerte sucesiva de cuatro de sus hijos y la lectura autodidacta del marxismo radicalizaron política e intelectualmente a Dolores. En 1917 se afilió al Partido Socialista Obrero Español; en 1920, cuando se escindió el PCE, se fue con el nuevo partido comunista, del que sería afiliada número siete. Comenzó a escribir en el diario minero El Minero Vizcaíno firmando con el seudónimo Pasionaria —un artículo aparecido durante la Semana Santa—, nombre que pronto le quedaría de por vida.
Primeras cárceles
Bajo la dictadura de Primo de Rivera fue detenida repetidamente por su actividad comunista. En 1930 abandonó su casa y a su marido —al que conservaba el afecto pero del que se sentía ya lejos políticamente— para trasladarse a Madrid como redactora de Mundo Obrero, el órgano de propaganda del PCE. Allí empezó la Dolores política profesional.
La Segunda República: una diputada comunista en Madrid
La proclamación de la República en 1931 abrió a La Pasionaria el espacio público. En 1936, con 40 años, fue elegida diputada por Asturias en la lista del Frente Popular. En el parlamento se reveló como una oradora fuera de lo común: voz poderosa, vestido negro, gesto sobrio, dicción clarísima. Sus intervenciones combinaban citas clásicas, referencias bíblicas —conservaba la huella católica de la infancia— y un lenguaje emocional de raigambre obrera.
«¡No pasarán!»: 19 de julio de 1936
En la tarde del 19 de julio de 1936, al día siguiente del alzamiento militar, el Ministerio de Gobernación le cedió los micrófonos de Radio Unión para un discurso dirigido al pueblo español. Dolores lanzó un llamamiento feroz a la resistencia. La frase que cerró su intervención —«¡El fascismo no pasará! ¡No pasarán!»— se convirtió en el lema de la República durante tres años de guerra. Había sido una expresión francesa («Ils ne passeront pas») acuñada en Verdún en 1916 por Robert Nivelle, pero Dolores la hizo propia y la universalizó en español. En noviembre de 1936, cuando las tropas franquistas de Varela llegaron a las puertas de Madrid, las pancartas de los barrios obreros decían a una: «¡No pasarán!». Y durante casi dos años y medio, efectivamente, no pasaron.
Exilio: Moscú, 1939-1977
La caída de Barcelona el 26 de enero de 1939 y la derrota republicana obligaron a Dolores a cruzar la frontera. Desde Francia viajó a la Unión Soviética con su hijo Rubén. Instalada en Moscú, pasó los siguientes treinta y ocho años en el exilio: primero junto a la dirección del PCE en la clandestinidad, después como secretaria general del partido tras la muerte de José Díaz en 1942. Durante la Segunda Guerra Mundial, su hijo Rubén Ruiz Ibárruri murió en la batalla de Stalingrado en septiembre de 1942, combatiendo como oficial del Ejército Rojo; Stalin le concedió póstumamente el título de Héroe de la Unión Soviética.
Stalinismo y ortodoxia
Su papel durante el estalinismo tardío fue polémico. Avaló la doctrina oficial del PCUS, aplaudió los procesos de Moscú, justificó la ejecución de comunistas españoles críticos (como Andreu Nin del POUM, asesinado en 1937 en Alcalá de Henares por agentes soviéticos, o como los militantes del PCE purgados en los años 40). Su biografía, El único camino (1962), es una autojustificación brillante literariamente pero ideológicamente cerrada. Solo tras 1968 —con la invasión soviética de Checoslovaquia y la posición del PCE de Santiago Carrillo a favor del «eurocomunismo»— apoyó tímidamente una línea más autónoma.
Regreso: 1977, el avión de Bucarest a Madrid
El 13 de mayo de 1977, con ochenta y un años, Dolores Ibárruri aterrizó en el aeropuerto de Barajas tras treinta y ocho años de exilio. El PCE había sido legalizado el mes anterior por Adolfo Suárez. En la rampa del avión la esperaban decenas de miles de madrileños con banderas rojas, banderas republicanas tricolores y, sobre todo, la viejísima pancarta de noviembre de 1936: «¡No pasarán!». Dos semanas después fue elegida diputada por Asturias en las primeras elecciones libres desde 1936. Como decana de la Cámara, presidió por edad la sesión inaugural del Congreso de los Diputados democrático el 22 de julio de 1977. Junto a ella, como secretario de mesa por ser el diputado más joven, estaba Miquel Roca, de Convergència: la escena resumió el pacto generacional de la Transición.
Últimos años
Dolores renunció a volver a presentarse en 1979 por su edad y salud frágil, pero siguió siendo la figura simbólica del PCE hasta su muerte. Murió en Madrid el 12 de noviembre de 1989 a los 93 años, tres días después de la caída del Muro de Berlín —un símbolo trágico de los ciclos que le había tocado vivir—. Fue enterrada en el cementerio civil de la Almudena de Madrid tras un funeral multitudinario.
Una figura todavía en disputa
La Pasionaria sigue siendo objeto de debate historiográfico. Para unos, símbolo indeleble de la resistencia antifascista española y del coraje de una mujer obrera que se convirtió en oradora internacional sin haber pisado una universidad. Para otros, comunista estalinista cuya ortodoxia implicó complicidad con crímenes y purgas de los años 30 y 40. Los dos juicios son compatibles: la Pasionaria fue ambas cosas. Pero su lugar en la historia política española del siglo XX es indiscutible. Ninguna mujer en la España contemporánea, antes o después, ejerció el carisma oratorio que ella ejerció en Madrid en 1936, ni volvió —cuarenta y un años después— a un hemiciclo democrático entre una doble fila de aplausos bipartisanos como ella regresó.
Cuando hoy, en cualquier manifestación antifascista de cualquier ciudad del mundo, alguien pinta en una pared el «¡No pasarán!» en español, está pronunciando, sin saberlo, las palabras que la hija de un minero vizcaíno lanzó por la radio de Madrid la tarde del 19 de julio de 1936. Pocas frases políticas del siglo XX han viajado tan lejos y durado tanto.
Preguntas frecuentes
Dolores Ibárruri Gómez (Gallarta, 1895 – Madrid, 1989), hija de mineros vizcaínos, autodidacta y secretaria general del Partido Comunista de España durante casi cuarenta años. Fue una de las oradoras políticas más poderosas del siglo XX y el símbolo del antifascismo español durante la Guerra Civil.
Dolores Ibárruri, La Pasionaria, el 19 de julio de 1936 por Radio Unión de Madrid, al día siguiente del alzamiento militar. La frase original francesa «Ils ne passeront pas» viene de la Primera Guerra Mundial (Verdún, 1916), pero fue La Pasionaria quien la universalizó en español como lema antifascista.
El seudónimo le vino de un artículo que firmó durante la Semana Santa en El Minero Vizcaíno: jugaba con la pasión de Cristo como metáfora política revolucionaria. El nombre se popularizó y en el exilio soviético y en la posguerra fue ya con el que todos la conocían.
El 13 de mayo de 1977, con 81 años, tras 38 años de exilio en la Unión Soviética. Su retorno coincidió con la legalización del PCE por Adolfo Suárez. Fue elegida diputada por Asturias en las primeras elecciones libres y presidió por edad la sesión inaugural del Congreso de los Diputados en julio de 1977.
Estrecha y controvertida. Vivió en Moscú desde 1939; avaló la línea estalinista durante décadas, justificó los procesos de Moscú y colaboró con el NKVD en algunos episodios oscuros (como la depuración de comunistas críticos). Solo tras 1968, con la invasión de Checoslovaquia, apoyó tímidamente una línea más autónoma.