Las Cortes de Cádiz (1810-1814) fueron la asamblea constituyente que, en plena Guerra de la Independencia, se reunió en una ciudad sitiada y bombardeada por las tropas napoleónicas para redactar la primera Constitución liberal de la historia de España y una de las primeras de Europa: «La Pepa», promulgada el 19 de marzo de 1812, día de San José. Las Cortes reunieron a unos 300 diputados entre clérigos, militares, abogados, hacendados y representantes de las colonias americanas; debatieron durante 32 meses en el Oratorio de San Felipe Neri; produjeron una Constitución de 384 artículos que abolía el Antiguo Régimen, establecía la soberanía nacional, la división de poderes, el sufragio masculino indirecto y la igualdad ante la ley; y dejaron una huella política, jurídica y cultural que llega hasta la Constitución de 1978. Este artículo cuenta quién estaba en las Cortes, qué debatieron y por qué «La Pepa» sigue siendo la madre de toda la tradición constitucional hispanoamericana.

El contexto: una España ocupada y un gobierno refugiado
Las Cortes de Cádiz nacieron del vacío de poder creado por las abdicaciones de Bayona (mayo de 1808): Napoleón obligó a Carlos IV y Fernando VII a renunciar al trono español a favor de su hermano José Bonaparte («Pepe Botella»). Tras el levantamiento del 2 de mayo de 1808, las Juntas Provinciales se autoconstituyeron como gobiernos locales y, en septiembre, formaron la Junta Suprema Central, que asumió la regencia. Tras los reveses militares de 1809-1810, la Junta se trasladó a Sevilla y, finalmente, el 31 de enero de 1810, a Cádiz, la única ciudad importante que los franceses no consiguieron tomar (gracias al estrecho istmo de la Isla de León y a la armada británica).
La Junta Central convocó Cortes Generales y Extraordinarias antes de disolverse y ceder el poder al Consejo de Regencia. La convocatoria fue revolucionaria: por primera vez se llamó a representar a la nación entera —incluyendo a las colonias americanas—, no a los tres estamentos del Antiguo Régimen. Las Cortes se inauguraron el 24 de septiembre de 1810 en el Real Teatro de la Isla de León (San Fernando) y, en febrero de 1811, se trasladaron al Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz, una iglesia barroca que sigue siendo hoy un lugar de peregrinación constitucionalista.
Composición: 300 diputados, dos almas políticas
A las Cortes asistieron unos 300 diputados, aunque el número fluctuó: muchos eran «suplentes» (designados en Cádiz porque sus distritos estaban ocupados o eran inaccesibles). La composición sociológica era reveladora: cerca del 30 % eran clérigos, el 15 % militares, el resto eran abogados, juristas, profesores universitarios, hacendados, comerciantes y un puñado de nobles. Aunque la Constitución resultante fue liberal, la presencia eclesiástica (que mantuvo la confesionalidad católica del Estado, art. 12) marca la diferencia con otras revoluciones contemporáneas como la francesa.
Políticamente, los diputados se dividían en dos grandes corrientes:
- Liberales: partidarios de la soberanía nacional, la división de poderes y la abolición del Antiguo Régimen. Era una minoría brillante, articulada en torno a un grupo de oradores y juristas (Argüelles, Toreno, Muñoz Torrero, Quintana, Mejía Lequerica).
- Serviles o absolutistas: defensores de la monarquía absoluta, los fueros y los privilegios estamentales. Aspiraban a convocar unas Cortes tradicionales por estamentos. Eran mayoría sociológica pero perdieron las grandes votaciones.
- Americanos: cerca de 60 diputados representando a las colonias. Algunos pidieron la igualdad jurídica de los americanos (Mejía Lequerica), otros plantearon ya la independencia.
Los grandes personajes de las Cortes
Agustín de Argüelles, «el Divino»
Agustín de Argüelles Álvarez (Asturias, 1776 – Madrid, 1844) es el orador más célebre de las Cortes y el principal redactor de la Constitución. Conocido como «el Divino Argüelles» por sus discursos, fue secretario de la Comisión Constitucional, defendió la abolición de la Inquisición, la libertad de imprenta y los derechos individuales. Fue diputado, exiliado en Inglaterra durante la Década Ominosa (1823-1833), tutor de Isabel II y dejó unas «Memorias» imprescindibles. Su retrato preside los salones del Congreso de los Diputados.
Conde de Toreno
José María Queipo de Llano, séptimo Conde de Toreno (Asturias, 1786 – París, 1843), fue uno de los liberales más jóvenes (24 años en 1810) y uno de los más cultos. Tras las Cortes escribió la «Historia del levantamiento, guerra y revolución de España», una de las grandes obras historiográficas del siglo XIX, fuente obligatoria para cualquier estudio de la Guerra de la Independencia. Fue presidente del Consejo de Ministros con Isabel II.
Diego Muñoz Torrero
Diego Muñoz Torrero (Cabeza del Buey, 1761 – Lisboa, 1829) era sacerdote, profesor y rector de la Universidad de Salamanca. Su carrera demuestra que el liberalismo español no era anticatólico: Muñoz Torrero presidió la sesión inaugural de las Cortes y fue el redactor del histórico Decreto del 24 de septiembre de 1810 que proclamaba la soberanía nacional en su primera sesión. Murió en una mazmorra portuguesa tras ser deportado por Fernando VII durante la Década Ominosa.
Manuel José Quintana
Manuel José Quintana (Madrid, 1772 – 1857), poeta neoclásico y escritor político, redactó los manifiestos de la Junta Central y de la Regencia. Sus odas «España libre» y «A Padilla» son emblema del liberalismo español. Fue tutor de Isabel II y, ya muy mayor, fue coronado como Poeta Nacional en una solemne ceremonia en el Senado.
José Mejía Lequerica
José Mejía Lequerica (Quito, 1775 – Cádiz, 1813), diputado por Santa Fe (Nueva Granada), fue una de las grandes voces americanas. Médico, abogado y orador formidable, defendió los derechos de las colonias, la igualdad jurídica de españoles y americanos y la abolición del tributo indígena. Murió de fiebre amarilla en Cádiz en 1813, sin volver a ver América. Hoy es figura nacional de Ecuador.
Francisco Martínez Marina
Aunque no fue diputado, el sacerdote Francisco Martínez Marina aportó la base intelectual del constitucionalismo gaditano con su «Teoría de las Cortes» (1813), que recuperaba la tradición foral y medieval española como precedente del liberalismo. Para los gaditanos, la Constitución de 1812 no era una novedad francesa importada, sino una recuperación de las antiguas libertades hispánicas.
«La Pepa»: contenido de la Constitución de 1812
La Constitución del 19 de marzo de 1812, promulgada el día de San José y por eso conocida como «La Pepa», era un texto de 384 artículos repartidos en 10 títulos. Sus principios fundamentales eran:
- Soberanía nacional (art. 3): «la soberanía reside esencialmente en la Nación». Era la ruptura con el absolutismo de origen divino.
- División de poderes: legislativo (Cortes), ejecutivo (rey y ministros) y judicial (tribunales independientes).
- Monarquía limitada: el rey reinaba, pero las Cortes legislaban. Sus prerrogativas estaban tasadas por la Constitución.
- Sufragio universal masculino indirecto: votaban todos los varones mayores de 25 años (excluidos esclavos, sirvientes y «pardos» de origen africano). Era el sufragio más amplio de la Europa del momento.
- Igualdad ante la ley, abolición de privilegios estamentales y supresión de los señoríos jurisdiccionales.
- Libertad de imprenta (con excepciones en materia religiosa).
- Confesionalidad católica (art. 12): «La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera». Era la concesión a los serviles y al clero.
- Educación pública y obligatoria (art. 366), con un plan general de instrucción uniforme en todo el país.
- Servicio militar obligatorio y abolición de la nobleza militar de privilegio.
- Igualdad de derechos entre españoles peninsulares y americanos (artículos referidos a las colonias).
El legado: del fracaso inmediato al mito fundacional
La Constitución de 1812 tuvo una vida efímera: cuando Fernando VII regresó a España en marzo de 1814, derogó la Constitución por el Decreto de Valencia (4 de mayo de 1814), restauró el absolutismo y persiguió a los liberales. Argüelles, Toreno, Muñoz Torrero y otros acabaron en la cárcel, en el exilio o muertos. La Constitución resucitó brevemente durante el Trienio Liberal (1820-1823), tras el pronunciamiento de Riego, y de nuevo en 1836-1837. Después fue sustituida por las constituciones del siglo XIX, todas tributarias en mayor o menor medida de su modelo.
Fuera de España, el impacto fue enorme: «La Pepa» inspiró las constituciones de Portugal (1822), Nápoles (1820), Piamonte (1821), Sicilia (1820) y, sobre todo, las constituciones de las nuevas repúblicas hispanoamericanas. Bolívar y los próceres americanos conocieron de primera mano el debate gaditano (varios habían sido diputados o estaban en contacto con ellos), y muchos artículos de las constituciones de Venezuela, Colombia, México, Argentina o Chile están inspirados directamente en la de 1812. La Constitución española de 1978 reconoce este linaje: el actual texto se considera heredero de la tradición que arranca con La Pepa.
Preguntas frecuentes sobre las Cortes de Cádiz y La Pepa
¿Qué fueron las Cortes de Cádiz?
Las Cortes de Cádiz fueron la asamblea constituyente que se reunió en Cádiz entre 1810 y 1814, en plena Guerra de la Independencia, para redactar la primera Constitución liberal de España. Los diputados —unos 300, incluyendo representantes de las colonias americanas— sesionaron en el Oratorio de San Felipe Neri y aprobaron «La Pepa» el 19 de marzo de 1812. Las Cortes establecieron por primera vez la soberanía nacional, la división de poderes, la igualdad ante la ley y el sufragio masculino indirecto, derogando el Antiguo Régimen.
¿Por qué se llama La Pepa a la Constitución de 1812?
La Constitución de 1812 se conoce popularmente como «La Pepa» porque fue promulgada el 19 de marzo de 1812, día de San José en el santoral católico. «Pepa» es el diminutivo cariñoso de Josefa, equivalente femenino de José. Durante el reinado absolutista de Fernando VII, los liberales gritaban «¡Viva la Pepa!» como forma encubierta de defender la Constitución, expresión que se convirtió en sinónimo de espíritu festivo y libertario en el habla popular.
¿Quiénes fueron los diputados más importantes de las Cortes?
Los principales diputados liberales fueron Agustín de Argüelles «el Divino» (asturiano, redactor principal de la Constitución), el Conde de Toreno (joven asturiano, autor después de la «Historia del levantamiento»), Diego Muñoz Torrero (sacerdote, presidente de la primera sesión y redactor del decreto de soberanía nacional), Manuel José Quintana (poeta y redactor de los manifiestos), José Mejía Lequerica (médico y orador, diputado por Quito) y el conde de Vega Florida. En el bando servil destacaron el obispo Inguanzo y el padre Cerro.
¿Dónde se reunieron las Cortes de Cádiz?
Las Cortes se inauguraron el 24 de septiembre de 1810 en el Real Teatro de la Isla de León (actual San Fernando, Cádiz). Tras un asedio francés que llegaba hasta las inmediaciones, en febrero de 1811 las Cortes se trasladaron al Oratorio de San Felipe Neri en Cádiz, una iglesia barroca que sigue siendo hoy un lugar de peregrinación constitucionalista. Allí se aprobó la Constitución del 19 de marzo de 1812. El edificio conserva las placas conmemorativas y los retratos originales de los diputados.
¿Qué pasó con la Constitución de 1812 después?
Cuando Fernando VII regresó a España en marzo de 1814, derogó la Constitución por el Decreto de Valencia (4 de mayo de 1814), restauró el absolutismo y persiguió a los liberales: Argüelles fue encarcelado, Muñoz Torrero murió en la cárcel portuguesa, Quintana fue desterrado. La Constitución resucitó brevemente durante el Trienio Liberal (1820-1823) tras el pronunciamiento de Riego, y de nuevo en 1836-1837. Su influencia se extendió a Portugal, Nápoles, Sicilia y, sobre todo, a las nuevas repúblicas hispanoamericanas.
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