En la Córdoba del siglo XI, una mujer paseaba sin velo, con versos propios bordados en oro sobre las mangas de su túnica, y presidía la tertulia literaria más deslumbrante de al-Ándalus. Se llamaba Wallada bint al-Mustakfi (c. 994-1091), era hija de un califa, y se convirtió en la poetisa más famosa de la España musulmana — y en la protagonista, junto al poeta Ibn Zaydún, de la historia de amor y despecho más célebre de la literatura andalusí.

Hija de un califa en un califato que moría
Wallada nació hacia el año 994, en el ocaso del Califato de Córdoba: la Córdoba fastuosa de al-Hakam II se deshacía en la guerra civil (fitna) que siguió a la dictadura de Almanzor. Su padre, Muhammad III al-Mustakfi, fue uno de los califas efímeros de aquel derrumbe: reinó apenas unos meses antes de morir asesinado en 1025.
Paradójicamente, la caída de su dinastía la hizo libre. Sin califato que la recluyera en un harén y con la herencia paterna en la mano, Wallada hizo algo insólito: abrió su casa como salón literario, donde poetas, músicos y aristócratas de la Córdoba taifa se reunían bajo la presidencia de una mujer que competía con ellos en su propio arte, la poesía.
Los versos bordados en la túnica
Los cronistas la describen rubia, altiva y de lengua temible. Su gesto más provocador se hizo legendario: llevar bordados en las mangas de su túnica dos versos propios. En el hombro derecho: “Estoy hecha, por Dios, para la gloria, y camino orgullosa por mi propio camino”. En el izquierdo: “Doy poder a mi amante sobre mi mejilla, y mis besos ofrezco a quien los desea”. En una sociedad que discutía si las mujeres debían siquiera salir de casa, Wallada convirtió su propio cuerpo en un manifiesto.
No fue un caso único —al-Ándalus dio decenas de poetisas, y la propia Wallada fue maestra de otra grande, Muhya de Córdoba—, pero ninguna alcanzó su fama ni su libertad: nunca se casó, administró su vida y su fortuna, y dijo en verso lo que pensaba de quien quiso.
Ibn Zaydún: el gran amor
En su salón conoció a Ibn Zaydún, el mejor poeta de su tiempo, joven, brillante y ambicioso. El romance entre ambos —documentado por los propios poemas que se intercambiaron— fue la comidilla de Córdoba: citas nocturnas concertadas en verso, celos, reproches y algunas de las páginas de amor más hermosas de la literatura árabe clásica.
Y después, el desastre: Ibn Zaydún la traicionó —la tradición dice que con una esclava cantora de la propia Wallada— y ella no perdonó. Su despecho produjo sátiras de una ferocidad que todavía escandaliza a los traductores: llamó a Ibn Zaydún, en verso rimado, todo lo que se podía llamar a un hombre en árabe clásico. El poeta respondió con la Nuniyya, la elegía de la separación considerada una de las cimas de la poesía árabe: la pelea de aquellos dos ex amantes es, literalmente, literatura universal.
El triángulo con Ibn Abdús
El tercer vértice fue Ibn Abdús, visir de la Córdoba taifa y rival de Ibn Zaydún en todo: en la política y en Wallada. Ella se puso bajo su protección —sin casarse jamás— y él usó su poder para arruinar al poeta, que acabó en prisión y después en el exilio, sirviendo a la corte de al-Mutamid en Sevilla. Los poemas de nostalgia que Ibn Zaydún escribió desde lejos, recordando los jardines cordobeses de Medina Azahara donde había amado a Wallada, siguen siendo lectura obligada en todo el mundo árabe.
Una vida de un siglo
Wallada sobrevivió a todos: a su califato, a sus amantes, a su siglo. Murió, según las fuentes, en 1091, cerca de los cien años — el mismo año en que los almorávides tomaban Córdoba y cerraban la era de las taifas que ella había encarnado. De su obra se conservan solo nueve poemas (amorosos y satíricos), suficientes para asegurarle un lugar en todas las antologías de la poesía árabe. En la Córdoba actual, un monumento junto al Alcázar recuerda a los dos amantes, y Wallada se ha convertido en icono de la memoria de las mujeres de la historia de España — una mujer que, hace mil años, escribió que caminaba orgullosa por su propio camino, y lo cumplió.
- Llevaba sus propios versos bordados en las mangas de la túnica: "Estoy hecha, por Dios, para la gloria...".
- Era hija del califa al-Mustakfi, uno de los últimos y más efímeros califas de Córdoba.
- Presidía un salón literario donde competía en poesía con los mejores autores de al-Ándalus.
- Nunca se casó y administró su vida y su fortuna: un caso extraordinario en su época.
- Sus sátiras contra Ibn Zaydún son de una ferocidad que aún hace sonrojar a los traductores.
- La Nuniyya que Ibn Zaydún le dedicó tras la ruptura se considera una de las cimas de la poesía árabe.
- Fue maestra de otras poetisas, como Muhya de Córdoba... que también acabó satirizándola.
- Murió hacia 1091, cerca de los cien años, el año en que los almorávides tomaban Córdoba.
Preguntas frecuentes
Wallada bint al-Mustakfi (c. 994-1091), hija del califa Muhammad III, fue la poetisa más célebre de al-Ándalus: presidió un salón literario en la Córdoba del siglo XI y vivió con una libertad insólita para su tiempo.
Fueron los protagonistas de la historia de amor más famosa de la literatura andalusí: un romance intenso documentado en sus propios poemas, seguido de una ruptura feroz que produjo las sátiras de ella y la célebre Nuniyya de él.
Dos versos propios: "Estoy hecha, por Dios, para la gloria, y camino orgullosa por mi propio camino" y "Doy poder a mi amante sobre mi mejilla, y mis besos ofrezco a quien los desea".
Se conservan nueve poemas (amorosos y satíricos), transmitidos por antologías árabes medievales como la Dajira de Ibn Bassam. Bastan para situarla entre las grandes voces de la poesía árabe clásica.
No. Vivió bajo la protección del visir Ibn Abdús durante décadas, pero nunca contrajo matrimonio, conservando el control de su vida y su hacienda hasta su muerte casi centenaria.
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Fuentes
- Teresa Garulo, Diwan de las poetisas de al-Ándalus (Hiperión).
- María Jesús Rubiera Mata, Poesía femenina hispanoárabe (Castalia).
- Ibn Bassam, al-Dajira (siglo XII, fuente primaria que transmite sus versos).