El 22 de julio de 1971, en un cerro árido de la hoya de Baza (Granada), la arqueología española vivió uno de sus días grandes: de una cámara funeraria intacta emergió una gran dama de piedra sentada en su trono alado, con la policromía casi fresca después de veinticuatro siglos bajo tierra. La Dama de Baza es, junto a su célebre “hermana” de Elche, la cumbre de la escultura íbera — y esconde una sorpresa que tardó décadas en revelarse: las cenizas que guardaba en su costado pertenecían a una mujer enterrada con armas.

El hallazgo: una tumba intacta en Basti
La excavación la dirigía Francisco Presedo en el Cerro del Santuario, una de las necrópolis de la antigua Basti, ciudad de los bastetanos que dio nombre a la comarca. La sepultura 155 resultó ser una gran cámara subterránea sin saquear: en su interior, la escultura presidía un ajuar de ánforas, vasos áticos griegos y, muy significativamente, armas — puntas de lanza y restos de panoplia guerrera. A diferencia de la Dama de Elche, hallada suelta y sin contexto en 1897, la de Baza salió de una tumba documentada científicamente, lo que la convierte en una mina de información sobre el mundo funerario íbero.
Qué es exactamente la Dama de Baza
Es una escultura de piedra caliza de unos 130 cm de altura, tallada hacia el siglo IV a.C., que representa a una mujer entronizada: sedente en un trono con alas, vestida con túnica y manto, adornada con collares, y con un pichón azulado en la mano izquierda. Conserva una policromía excepcional —rojos, azules, blancos y negros— que permite imaginar cómo lucieron originalmente todas las esculturas íberas que hoy vemos en piedra desnuda. En su costado derecho se abre una cavidad rectangular que contenía los restos incinerados del difunto: la Dama es, literalmente, una urna funeraria monumental con forma de diosa o de difunta heroizada.
La sorpresa: una mujer enterrada con armas
Durante años se asumió que unas armas en el ajuar implicaban un guerrero. Pero el análisis antropológico de los huesos cremados de la cavidad determinó que pertenecían a una mujer adulta. El hallazgo obligó a repensar tópicos: ¿una aristócrata que ostentaba los símbolos guerreros de su linaje?, ¿una sacerdotisa?, ¿una mujer con poder político real en la sociedad bastetana? El debate sigue abierto, y la Dama de Baza se ha convertido en pieza central de la discusión sobre el papel de las mujeres de élite en el mundo íbero — un eco arqueológico de lo que la diadema de La Almoloya plantea para la Edad del Bronce.
¿Diosa o difunta? El trono, el pichón y el más allá
Como con la Dama de Elche, la interpretación oscila entre la diosa funeraria —una divinidad protectora del tránsito al más allá, quizá emparentada con las diosas entronizadas del Mediterráneo púnico— y la difunta heroizada, retratada como señora eterna de su linaje. El trono alado y el pichón (ave asociada a las diosas mediterráneas y al viaje del alma) apuntan al lenguaje religioso; las cenizas en su interior, a la identificación entre imagen y difunta. Probablemente la respuesta sea “ambas cosas”: en el mundo funerario íbero, la señora muerta podía fundirse con la diosa que la acogía.
Las cuatro damas: un club muy exclusivo
La de Baza forma, con la Dama de Elche, la Dama de Guardamar y la Gran Dama Oferente del Cerro de los Santos, el grupo de las grandes “damas” íberas: representaciones femeninas de élite que concentran lo mejor de la escultura de los íberos. Cada una aporta una pieza del puzle — Elche el virtuosismo del retrato, Baza el contexto funerario intacto y la policromía, Guardamar la confirmación de que los rodetes no eran una rareza — y juntas dibujan una sociedad, la ibérica, mucho más sofisticada de lo que los tópicos del “pueblo guerrero” sugieren.
Dónde verla (y el debate del regreso)
Desde su hallazgo, la Dama viajó al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, donde se expone junto a la de Elche. Y como en el caso ilicitano, existe un movimiento ciudadano que reclama su regreso: Baza cuenta con un Centro de Interpretación con una réplica exacta y ha conseguido ya cesiones temporales de piezas del ajuar. El paralelismo entre ambas “damas emigradas” es tan fuerte que suelen citarse juntas en el eterno debate español sobre dónde debe vivir el patrimonio: donde se encontró o donde más gente puede verlo.
- Apareció el 22 de julio de 1971 en una cámara funeraria intacta: una de las pocas grandes esculturas íberas con contexto arqueológico completo.
- Conserva una policromía excepcional —rojos, azules, blancos— que muestra cómo lucían originalmente las esculturas íberas.
- Las cenizas de su cavidad lateral pertenecen a una mujer adulta... enterrada con armas en el ajuar.
- Su trono tiene alas, y en la mano sostiene un pichón azulado, ave asociada a las diosas mediterráneas.
- El ajuar incluía vasos áticos griegos: los bastetanos comerciaban con el Mediterráneo entero.
- Se halló en la necrópolis de Basti, la ciudad íbera que dio nombre a Baza y a los bastetanos.
- Forma con las damas de Elche, Guardamar y el Cerro de los Santos el grupo de las grandes damas íberas.
- Baza expone una réplica exacta en su Centro de Interpretación y reclama periódicamente el regreso del original.
Preguntas frecuentes
Una escultura funeraria íbera del siglo IV a.C.: una mujer entronizada de piedra caliza policromada, de unos 130 cm, hallada en 1971 en una tumba intacta de la necrópolis de Basti (Baza, Granada). Funcionaba como urna cineraria monumental.
Su cavidad lateral guardaba los restos incinerados de una mujer adulta, acompañada en la tumba por un ajuar con armas y cerámica griega — un hallazgo que abrió el debate sobre el poder femenino en la sociedad íbera.
En el Museo Arqueológico Nacional de Madrid desde poco después de su hallazgo. En Baza puede verse una réplica exacta en el Centro de Interpretación, y la ciudad reclama el regreso del original.
Probablemente a ambas: el trono alado y el pichón apuntan a una diosa funeraria, mientras las cenizas de su interior la identifican con la difunta heroizada. En el mundo íbero ambos planos se fundían.
La de Elche es un busto virtuoso pero hallado sin contexto; la de Baza es una figura completa sedente, con la policromía mejor conservada y procedente de una excavación científica con tumba y ajuar documentados.
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Fuentes
- Francisco Presedo Velo, La necrópolis de Baza (Excavaciones Arqueológicas en España, 1982).
- Teresa Chapa e Isabel Izquierdo (coords.), La Dama de Baza. Un viaje femenino al más allá (Ministerio de Cultura, 2010).
- Museo Arqueológico Nacional, ficha y estudios técnicos de la pieza.