Cuando murió en 1515, su fama era tal que en toda Europa bastaba con decir “el Gran Capitán” para saber de quién se hablaba. Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515) fue el militar más brillante de la era de los Reyes Católicos: el hombre que conquistó Nápoles para España, derrotó dos veces a Francia y, por el camino, inventó la manera de combatir —infantería de picas y arcabuces— que daría a los tercios españoles siglo y medio de supremacía en los campos de batalla de Europa.

Un segundón cordobés en la guerra de Granada
Nacido en Montilla (Córdoba) en 1453, segundón de una casa noble andaluza, Gonzalo se formó en la corte y se hizo soldado en la guerra de Granada (1482-1492), la escuela militar de toda su generación. Allí destacó tanto en el combate como en algo más raro: la diplomacia. Hablaba árabe, conocía a la élite nazarí y fue uno de los negociadores de las Capitulaciones con Boabdil. Isabel la Católica, de quien era hombre de confianza desde joven, no lo olvidaría a la hora de elegir un general.
Italia I: aprender perdiendo
En 1495, Fernando el Católico lo envió a Italia con un pequeño ejército para frenar la invasión francesa de Nápoles. En su primer choque campal, en Seminara, la caballería pesada y los piqueros suizos de Francia arrollaron a las tropas hispanas. Fue su única derrota — y su mejor lección. Gonzalo cambió de guerra: evitó las batallas, hostigó, cortó suministros, tomó plazas, y en tres años expulsó a los franceses del reino. Sobre la marcha empezó a reorganizar su infantería: más arcabuces, más disciplina, unidades mixtas de picas y fuego. La semilla de los tercios estaba plantada.
Italia II: Ceriñola y Garellano, el año perfecto
La segunda guerra italiana (1500-1504) lo consagró. El 28 de abril de 1503, en Ceriñola, Gonzalo esperó a la caballería francesa atrincherado tras un foso, con sus arcabuceros en línea. En media hora, el ejército francés estaba deshecho y su general, el duque de Nemours, muerto de un arcabuzazo: Ceriñola se considera la primera batalla de la historia ganada por armas de fuego portátiles. Aquella noche, encontrado el cadáver de Nemours, Gonzalo ordenó honrarlo con velas y escolta: la caballerosidad era parte del personaje.
En diciembre remató la obra en el río Garellano, cruzándolo por sorpresa con un puente portátil en plena tormenta invernal y arrollando al ejército francés que invernaba confiado. Gaeta capituló días después: Nápoles sería español durante dos siglos. Gonzalo gobernó el reino como virrey, y los soldados y cronistas de media Europa empezaron a llamarlo el Gran Capitán.
Las cuentas del Gran Capitán
Muerta Isabel en 1504, su protector desapareció y el receloso Fernando empezó a ver en el virrey demasiado poder y demasiada gloria. La tradición cuenta que el rey llegó a pedirle justificación de los gastos de guerra, y que Gonzalo respondió con las legendarias “cuentas del Gran Capitán”: “picos, palas y azadones, cien millones; en limosnas para monjes y monjas que rezaran por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; en guantes perfumados para que las tropas no olieran la sangre del enemigo, doscientos mil…”. La anécdota es casi con seguridad apócrifa —se documenta en versiones tardías—, pero quedó en la lengua: “echar las cuentas del Gran Capitán” sigue significando presentar cuentas infladas a quien no tiene derecho a pedirlas.
El retiro dorado y la muerte
Relevado del virreinato en 1507, el militar más famoso de Europa pasó sus últimos años apartado en Loja y Granada, con honores y sin mando — Fernando nunca volvió a dárselo, ni siquiera cuando media Italia lo reclamaba. Murió en Granada el 2 de diciembre de 1515; está enterrado en el monasterio de San Jerónimo de la ciudad, bajo un templo que su viuda terminó convirtiendo en su mausoleo. Sobre su tumba llegaron a colgar más de 200 banderas tomadas al enemigo.
Por qué importa
El Gran Capitán es el puente entre dos Españas militares: la de la Reconquista y la del imperio europeo. Sus reformas —las coronelías de infantería mixta de picas y arcabuces, la primacía del soldado profesional de a pie sobre el caballero— cristalizarían en 1534 en los tercios, la mejor infantería del mundo hasta Rocroi (1643). Y su vida dejó además una lección política que los cronistas del Siglo de Oro no se cansaron de repetir: en la corte de los reyes, ganar demasiadas batallas puede ser la más peligrosa de las victorias.
- Hablaba árabe y fue uno de los negociadores de la rendición de Granada con Boabdil.
- Su única derrota campal, Seminara (1495), fue la lección que le hizo reinventar la infantería española.
- Ceriñola (1503) se considera la primera batalla de la historia ganada por armas de fuego portátiles.
- Tras Ceriñola veló el cadáver de su enemigo, el duque de Nemours, con honores: la caballerosidad era su marca.
- Cruzó el Garellano en diciembre con un puente portátil, de noche y bajo la tormenta, sorprendiendo al ejército francés.
- Las famosas "cuentas del Gran Capitán" ("picos, palas y azadones...") son casi con seguridad una leyenda posterior — pero quedaron en el idioma.
- Sus reformas de infantería (picas + arcabuces) son el origen directo de los tercios, creados en 1534.
- Sobre su tumba en San Jerónimo de Granada llegaron a colgar más de 200 banderas arrebatadas al enemigo.
Preguntas frecuentes
Gonzalo Fernández de Córdoba (Montilla, 1453 - Granada, 1515), el mejor general de la época de los Reyes Católicos: conquistador de Nápoles, vencedor de Francia en Ceriñola y Garellano y reformador de la infantería española.
El sobrenombre se lo dieron sus contemporáneos —soldados y cronistas italianos y españoles— tras sus victorias en Italia: su genio táctico y su caballerosidad lo convirtieron en el militar más admirado de Europa.
La victoria del 28 de abril de 1503 sobre Francia, en la que los arcabuceros españoles atrincherados aniquilaron a la caballería francesa. Se considera la primera batalla ganada por armas de fuego portátiles.
Una anécdota legendaria: ante la exigencia de Fernando el Católico de justificar los gastos de guerra, Gonzalo habría presentado partidas absurdas ("en picos, palas y azadones, cien millones..."). Es casi seguro apócrifa, pero dio una expresión al idioma.
Directamente no —los tercios se crearon en 1534, tras su muerte—, pero sus reformas (coronelías mixtas de picas y arcabuces, primacía de la infantería profesional) son su origen inmediato.
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Fuentes
- José Enrique Ruiz-Domènec, El Gran Capitán. Retrato de una época (Península).
- Antonio Rodríguez Villa (ed.), Crónicas del Gran Capitán (NBAE, 1908; fuentes primarias).
- René Quatrefages, La revolución militar moderna. El crisol español (Ministerio de Defensa).