Felipe II: El Rey Prudente del Mayor Imperio del Mundo

Imperio Hispánico (siglo XVI)

Felipe II de España (Valladolid, 21 de mayo de 1527 – El Escorial, 13 de septiembre de 1598), llamado “el Prudente”, fue el soberano del mayor imperio de la historia hasta ese momento, el único sobre el que podía decirse literalmente que “nunca se ponía el sol”. Durante sus 42 años de reinado (1556-1598), España gobernó —directa o indirectamente— territorios en los cinco continentes: la Península Ibérica, los Países Bajos, el Franco Condado, Milán, Sicilia, Nápoles, Cerdeña, el Nuevo Mundo entero desde México y el Caribe hasta el Río de la Plata, Filipinas, y —a partir de 1580— también Portugal con su imperio africano, brasileño y asiático. Hijo de Carlos V y sucesor del emperador más poderoso del siglo XVI, Felipe fue un monarca burocrático, trabajador incansable, profundamente católico, culturalmente refinado y militarmente ambicioso que definió la política europea durante más de cuatro décadas y convirtió a la Monarquía Hispánica en el estado hegemónico de la Edad Moderna.

Retrato de Felipe II por Sofonisba Anguissola (c. 1565). Museo del Prado.
Retrato de Felipe II por Sofonisba Anguissola (c. 1565). Museo del Prado.

Infancia y formación: el heredero del mayor imperio

Felipe nació en Valladolid el 21 de mayo de 1527, hijo primogénito del emperador Carlos V y de la emperatriz Isabel de Portugal. Era el único varón legítimo, lo que lo convertía automáticamente en el heredero de todos los dominios dinásticos de su padre. Su educación fue cuidadosamente supervisada por Juan Martínez Silíceo (futuro arzobispo de Toledo), Juan Cristóbal Calvete de Estrella y otros humanistas. Aprendió latín, francés, italiano y matemáticas, y recibió una formación militar con Juan de Zúñiga. A diferencia de su padre —políglota y cosmopolita viajero—, Felipe no llegó a dominar jamás el flamenco ni el alemán, un detalle que pesaría políticamente en su relación con los Países Bajos.

Isabel de Portugal murió en 1539, cuando Felipe tenía 12 años. La marcharía de por vida: se educó esencialmente solo, bajo la ausencia constante de su padre ocupado en las guerras europeas. Fue un niño serio, estudioso, reservado y profundamente religioso. En 1543, con 16 años, Carlos V le entregó por primera vez el gobierno efectivo de España como regente durante una de sus ausencias, acompañado de unas célebres Instrucciones secretas sobre cómo gobernar: un manual político de extraordinaria lucidez que Felipe conservó como guía de por vida.

Los cuatro matrimonios políticos

Felipe se casó cuatro veces, cada matrimonio respondiendo a un cálculo estratégico distinto:

  • María Manuela de Portugal (1543): su prima hermana, hija del rey Juan III de Portugal. Buscaba reforzar la alianza ibérica y producir un heredero. Murió en 1545 tras dar a luz al príncipe Carlos, el desafortunado don Carlos, cuya salud mental frágil lo haría tristemente célebre. Felipe apenas conoció a su esposa.
  • María I Tudor (1554): la reina católica de Inglaterra, 11 años mayor que él, con quien Felipe se casó para aliar España con Inglaterra y recuperarla para el catolicismo. Felipe pasó apenas un año en la isla y el matrimonio no dio descendencia (María tuvo dos embarazos fantasmas). Tras la muerte de María en 1558, el trono pasó a su hermanastra Isabel I, protestante, que se negó a casarse con su antiguo cuñado y se convertiría en su mayor enemiga.
  • Isabel de Valois (1559): hija del rey Francisco I de Francia, parte del Tratado de Cateau-Cambrésis que ponía fin a las guerras contra Francia. De 14 años cuando se casó, fue la esposa más querida por Felipe. Le dio dos hijas, Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, pero murió en 1568 a los 23 años tras un aborto.
  • Ana de Austria (1570): su sobrina carnal, hija de su hermana María y del emperador Maximiliano II. Le dio cinco hijos, de los cuales solo sobrevivió el futuro Felipe III. Ana murió en 1580 por una epidemia.

La herencia y el gobierno de un imperio disperso

Cuando Carlos V abdicó en 1555-1556, dividió sus dominios: Felipe recibió España, los Países Bajos, el Franco Condado, Milán, Nápoles, Sicilia, Cerdeña y el Imperio americano y filipino; su hermano Fernando recibió el título imperial del Sacro Imperio, Austria, Bohemia y Hungría. Felipe se convirtió así en señor de un conjunto territorial enorme pero no unificado: cada reino tenía sus propias leyes, Cortes, moneda, lengua e institituciones. El emperador se había trasladado constantemente entre sus dominios; Felipe hizo lo contrario: decidió gobernar desde un único lugar fijo.

En 1561, Felipe fijó la capital en Madrid —hasta entonces una villa secundaria de Castilla— y empezó a gobernar por escrito. Construyó la llamada “monarquía del papel”: un sistema burocrático en el que los oidores, virreyes y embajadores en los cuatro continentes le enviaban memoriales y despachos, él los leía, los anotaba personalmente —con su célebre caligrafía inclinada y sus marginalia puntillosas— y devolvía las decisiones. Trabajaba doce o quince horas diarias, rara vez salía de palacio, no viajaba y supervisaba personalmente hasta los detalles más ínfimos. Por eso fue llamado por sus contemporáneos “el rey papelero” y por los historiadores, con mayor admiración, “el rey burócrata”.

La política exterior: tres frentes simultáneos

El frente mediterráneo y Lepanto (1571)

En el Mediterráneo, España estaba en guerra permanente con el Imperio Otomano y sus aliados berberiscos, que asolaban las costas italianas y españolas. La batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, fue el mayor triunfo del reinado: la flota de la Santa Liga (España, Venecia, Estados Pontificios), comandada por el medio hermano de Felipe, Don Juan de Austria, aplastó a la flota otomana en el golfo de Patras, hundiendo o capturando más de 200 naves turcas, liberando 12.000 galeotes cristianos y matando al general Alí Pachá. Miguel de Cervantes, herido en el combate, recordaría siempre Lepanto como “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”. Aunque los otomanos reconstruyeron rápidamente su flota, el avance turco en el Mediterráneo quedó contenido.

Los Países Bajos: la guerra de los Ochenta Años

El frente más costoso fue el de los Países Bajos. En 1566 estalló el “furor iconoclasta” calvinista, que destruyó iglesias católicas en Flandes. Felipe II envió al duque de Alba con un ejército y un tribunal represivo (el “Tribunal de la Sangre”) que ejecutó a más de 1.000 personas, incluidos los condes de Egmont y Horn en la Grand-Place de Bruselas. La represión agudizó la rebelión en lugar de sofocarla. A partir de 1568 comenzó la Guerra de los Ochenta Años, liderada por Guillermo de Orange, que acabaría separando las siete provincias del norte (las actuales Países Bajos, protestantes) del dominio español. Felipe nunca pudo sofocar la rebelión del todo, y la guerra continuó bajo sus sucesores hasta la Paz de Westfalia de 1648.

La Armada Invencible y la pesadilla inglesa (1588)

La relación con Inglaterra se fue degradando. Isabel I apoyaba a los rebeldes holandeses, protegía a los corsarios ingleses (Drake, Hawkins) que atacaban los galeones españoles en América, y en 1587 ejecutó a María Estuardo, reina católica de Escocia y heredera natural del trono inglés. Felipe decidió invadir Inglaterra. La “Grande y Felicísima Armada”, llamada por los ingleses irónicamente “Invincible Armada”, zarpó de Lisboa en 1588 con 130 naves y 30.000 hombres. Fue un desastre: combinación de errores de mando (el inexperto duque de Medina Sidonia sustituyó a última hora al veterano marqués de Santa Cruz), tormentas atlánticas y superioridad táctica inglesa. Más de la mitad de la flota naufragó en las costas de Escocia e Irlanda. Felipe recibió la noticia sin perder la compostura; según la tradición, comentó: «Yo no envié mis naves a luchar contra los elementos».

La anexión de Portugal (1580)

Uno de los grandes éxitos de Felipe fue la anexión de Portugal a la Corona española en 1580. Tras la muerte del rey Sebastián I en la batalla de Alcazarquivir (1578) sin descendencia, y la muerte a los dos años de su tío el cardenal-rey Enrique, quedó vacante el trono portugués. Felipe II, que era por parte materna nieto del rey Manuel I de Portugal, tenía los derechos dinásticos más sólidos. En 1580, sus tropas al mando del duque de Alba invadieron Portugal y derrotaron al pretendiente popular don Antonio, prior de Crato. Felipe fue proclamado rey de Portugal en las Cortes de Tomar en 1581 con el nombre de Filipe I, jurando respetar las leyes, instituciones y lengua portuguesas. La Unión Ibérica duraría 60 años, hasta la rebelión portuguesa de 1640.

La unión fue decisiva: convirtió a Felipe en señor no solo de América sino también del imperio portugués, que incluía Brasil, los enclaves africanos (Angola, Mozambique, Cabo Verde, Santo Tomé) y las posesiones asiáticas (Goa, Macao, Malaca, Timor, parte de las Molucas). Era literalmente el imperio donde no se ponía el sol.

El Escorial: arquitectura y espiritualidad

El monumento que más sintetiza la personalidad y la visión de Felipe II es el Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, el enorme complejo palaciego-monasterio-mausoleo construido entre 1563 y 1584 al pie de la Sierra de Guadarrama, a 45 km de Madrid. Felipe lo mandó edificar como cumplimiento de un voto realizado tras la victoria de San Quintín (1557), y como sepulcro definitivo de los reyes de España. El arquitecto Juan Bautista de Toledo inició el proyecto y Juan de Herrera lo completó, creando un estilo arquitectónico propio —el “estilo herreriano”—, austero, simétrico, de líneas puras y granito gris, que definió la arquitectura oficial española durante décadas.

El Escorial reúne basílica, monasterio jerónimo, palacio real, biblioteca y panteón real en un único edificio en forma de parrilla (en recuerdo del martirio de San Lorenzo). Felipe mandó acumular allí una de las bibliotecas más impresionantes de la Europa del momento, con 40.000 volúmenes, miles de manuscritos árabes, códices medievales y documentos del imperio. Él mismo pasó sus últimos años allí, cada vez más enfermo de gota, gobernando desde su modesta habitación junto al altar de la basílica, desde la que podía seguir la misa sin levantarse de la cama.

La muerte del rey prudente (1598)

Los últimos años de Felipe fueron marcados por la enfermedad y el sufrimiento. Sufría de gota aguda, piedras en el riñón y una infección crónica que le producía intensos dolores. Agonizó durante cincuenta y tres días en una habitación de El Escorial, soportando con estoicismo piadoso un proceso lento y doloroso. Murió el 13 de septiembre de 1598 con 71 años, tras haber recibido los últimos sacramentos y pedido ser enterrado en la cripta del Escorial.

Dejó a su hijo Felipe III un Imperio que era el más extenso del mundo pero también enormemente endeudado —la monarquía quebró hasta cuatro veces bajo su reinado (1557, 1560, 1575, 1596)— y con conflictos abiertos en todas las fronteras. La historiografía sigue debatiendo si fue un monarca exitoso o el iniciador del declive. Lo indiscutible es que, para sus contemporáneos y para cinco siglos de historia posterior, Felipe II personifica la imagen del monarca absolutista de la Edad Moderna, la contrapartida histórica de Isabel I de Inglaterra, y el rey del imperio donde nunca se ponía el sol.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama a Felipe II el Rey Prudente?

Por su carácter reflexivo, meticuloso y cauteloso en la toma de decisiones. Firmaba personalmente miles de expedientes, los estudiaba con detalle y corregía los errores ortográficos de sus secretarios. Sus contemporáneos criticaban lo lento que era decidir; la historiografía lo ha reinterpretado como prudencia estratégica.

¿Qué construyó Felipe II?

El Real Monasterio de El Escorial (1563-1584), una obra colosal que combina palacio, panteón dinástico, monasterio, iglesia y biblioteca. Encargó la obra a Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera. También modernizó el Alcázar de Madrid, el Palacio de Aranjuez y la ciudad de Madrid como capital imperial.

¿Cuántos hijos tuvo Felipe II?

Diez hijos legítimos de sus cuatro esposas sucesivas (María Manuela de Portugal, María Tudor, Isabel de Valois y Ana de Austria), aunque la mayoría murieron en la infancia. Solo sobrevivieron cinco. El heredero fue Felipe III, su último hijo varón, nacido en 1578 de Ana de Austria.

¿Por qué el imperio de Felipe II era "donde nunca se ponía el sol"?

Porque sus dominios se extendían por los cinco continentes: España, Portugal, Países Bajos, Italia, Nueva España (México), Perú, Filipinas y las islas atlánticas. Cuando era de noche en Madrid, era de día en Manila. La expresión la acuñó el italiano Giovanni Botero hacia 1589 describiendo la magnitud del imperio hispánico.

¿Dónde murió Felipe II?

En el monasterio de El Escorial el 13 de septiembre de 1598, a los 71 años. Pasó los últimos 53 días en una habitación sencilla junto al altar mayor, paralizado por la gota y con llagas supurantes. Pidió ver la agonía como meditación final sobre la muerte. Fue enterrado en el panteón real del mismo edificio.

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