El Plan de Estabilización de 1959: los Tecnócratas que Salvaron a España de la Quiebra

Plan de Estabilización y Liberalización Económica

El 21 de julio de 1959, en plena canícula madrileña, el Consejo de Ministros del general Franco firmó el Decreto-Ley 10/1959 de Ordenación Económica: el documento que liquidaba veinte años de autarquía falangista y devolvía a España a la economía de mercado. Lo habían redactado Mariano Navarro Rubio, ministro de Hacienda, y Alberto Ullastres, ministro de Comercio —ambos miembros del Opus Dei—, con el asesoramiento técnico del FMI, el Banco Mundial y la OECE. Era el último recurso de un régimen al borde de la suspensión de pagos. Quince años después había transformado a España en la décima economía del mundo. Es, junto a la apertura turística y la emigración exterior, el factor que más decisivamente cambió la sociedad española del siglo XX.

Billete de cien pesetas de la España de los años 50
La peseta, protagonista del Plan de Estabilización de 1959.

El callejón sin salida: la autarquía agotada (1939-1957)

Tras la Guerra Civil, el régimen franquista adoptó como doctrina económica oficial la autarquía: el aislamiento del país respecto al comercio internacional y la sustitución de importaciones por producción nacional protegida. La doctrina respondía a tres factores convergentes: la influencia del modelo fascista italiano y nacionalsocialista alemán; el aislamiento internacional que sufrió España tras 1945; y la convicción ideológica falangista de que la “soberanía económica” era el complemento necesario de la soberanía política. Durante quince años, esa receta produjo el periodo más desastroso de la historia económica española contemporánea: cartillas de racionamiento hasta 1952, hambre crónica en grandes regiones del país, mercado negro generalizado, parón industrial e inflación galopante.

La firma de los Pactos de Madrid (1953) con Estados Unidos —que dieron al franquismo la legitimidad internacional de la Guerra Fría a cambio de bases militares— inyectó algo de oxígeno al régimen, pero no resolvió el problema estructural. España seguía siendo un país semiagrícola, con una industria protegida e ineficiente, una balanza de pagos crónicamente deficitaria y una moneda inconvertible. En 1957, las reservas de divisas internacionales eran de apenas 50 millones de dólares —insuficientes para pagar quince días de importaciones de petróleo. La inflación interna superaba el 15% anual. El déficit por cuenta corriente se acercaba al 5% del PIB. España no podía continuar mucho tiempo más.

1957: la entrada de los tecnócratas

En febrero de 1957, Franco hizo la primera gran remodelación gubernamental desde 1945. Apartó a los ministros falangistas más dogmáticos —especialmente Arrese, ministro de la Vivienda— y nombró en su lugar a un grupo de técnicos católicos vinculados al Opus Dei. Mariano Navarro Rubio recibió Hacienda; Alberto Ullastres, Comercio; Laureano López Rodó, la Secretaría General Técnica de la Presidencia. Era el primer gobierno español del siglo XX donde los ministros económicos eran economistas de carrera, en su mayoría con formación postgraduada en universidades europeas o americanas. La prensa los bautizó pronto como “los tecnócratas”.

Su diagnóstico fue inmediato y unívoco: la autarquía era inviable y la única salida era abrir el país al mercado internacional. Durante 1958 prepararon el terreno político y diplomático. España ingresó en marzo de 1958 en el FMI y el Banco Mundial; en julio de 1958 en la OECE (la futura OCDE). Esos ingresos no eran sólo simbólicos: daban acceso a créditos de emergencia (unos 545 millones de dólares aprobados en 1959) y a equipos técnicos internacionales que aportaron buena parte del know-how para diseñar el Plan.

El Plan: contenido y firma (julio 1959)

El Plan de Estabilización propiamente dicho se concentró en seis líneas de actuación complementarias. La más visible fue la devaluación de la peseta: el cambio oficial pasó de la noche a la mañana de 42 pesetas por dólar a 60 pesetas por dólar. La medida hizo más caras las importaciones (frenando el déficit exterior) y más baratas las exportaciones (estimulándolas). En paralelo se introdujo la convertibilidad de la peseta para no residentes, condición sine qua non para atraer inversión extranjera y turismo.

El segundo eje fue la liberalización del comercio exterior: se redujeron aranceles, se eliminaron muchas licencias de importación, se abolió el sistema de cambios múltiples y se permitió la libre exportación de casi todos los productos. El tercer eje, el más doloroso socialmente, fue el ajuste fiscal y monetario: reducción del 20% del gasto público, subida de impuestos indirectos, congelación salarial, restricciones al crédito bancario. El cuarto eje fue la apertura a la inversión extranjera: las empresas extranjeras podían a partir de entonces participar hasta en un 50% de las empresas españolas sin permisos especiales, y en muchos sectores hasta el 100%. El quinto y sexto eje fueron la racionalización del sector público y la modernización del sistema financiero.

Franco firmó el decreto el 21 de julio de 1959 con visibles dudas, según el testimonio de varios ministros. Para él, ideológicamente más cerca del falangismo autárquico que del liberalismo económico, era un viraje incómodo. Pero la elección era binaria: firmar o asistir a la quiebra del régimen. El propio Carrero Blanco, su mano derecha, le había convencido de que no había alternativa. Una vez firmado, sin embargo, Franco respaldó el Plan sin reservas. El régimen entero se reorganizó para garantizar su éxito.

Los primeros meses: dolor antes del despegue (1959-1960)

Los efectos inmediatos del Plan fueron, como cabía esperar, dolorosos. La devaluación encareció todos los productos importados —incluidos combustibles, alimentos básicos y bienes industriales—. La restricción crediticia provocó una breve recesión y el cierre de empresas marginales que sólo sobrevivían gracias a los subsidios estatales. El desempleo subió al 3,5% (cifra alta para los estándares de la época) y la emigración hacia Francia y Alemania se duplicó: en 1960 emigraron unos 50.000 españoles, en 1961 más de 100.000, y en 1964 ya superaba los 200.000 anuales.

Pero a finales de 1960 los indicadores macroeconómicos empezaron a girar. La balanza por cuenta corriente se equilibró por primera vez en décadas. Las reservas de divisas se reconstruyeron rápidamente gracias a la combinación de turismo (el llamado “milagro de las divisas”) y remesas de emigrantes. La inflación se moderó al 7%. La inversión extranjera, especialmente alemana, americana y francesa, empezó a fluir. Los Planes de Desarrollo de López Rodó (1964-1975), aunque adoptaron una retórica más intervencionista, conservaron el marco liberal del Plan de Estabilización.

El “milagro económico” de los años 60

Entre 1961 y 1973, la economía española creció a un promedio del 7% anual, el segundo del mundo sólo tras Japón. El PIB se multiplicó por 2,5 en doce años. La población urbana pasó del 57% al 70%. El sector industrial pasó del 30% al 45% del PIB, superando al agrícola. España produjo en 1972 su primer millón de automóviles anuales. Las exportaciones se multiplicaron por seis. El turismo internacional, prácticamente inexistente en 1959, alcanzó los 34 millones de visitantes anuales en 1973: España se convirtió en la segunda potencia turística mundial tras Estados Unidos.

La transformación social fue todavía mayor. Dos millones de españoles abandonaron el campo en quince años y se instalaron en las cinturones industriales de Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia. Otros dos millones emigraron a Europa, donde enviaban remesas que sostenían familias enteras en las regiones rurales. Apareció una nueva clase media urbana, propietaria de su piso y de un SEAT 600. La televisión llegó a la mayoría de los hogares. Las playas mediterráneas se llenaron de turistas y de hoteles. La España de 1973 era casi irreconocible respecto a la España de 1959. El Plan de Estabilización había sido el detonante.

El balance histórico: el franquismo se desautoriza a sí mismo

El Plan de Estabilización presenta una de las paradojas centrales del franquismo: el régimen que había proclamado la autarquía como dogma fundacional la abandonó porque no tenía otra opción, y al hacerlo creó las condiciones materiales que harían inevitable la Transición democrática quince años después. Una sociedad urbana, industrializada, abierta al turismo, con clases medias amplias y conectada a Europa por la emigración no podía gobernarse durante mucho tiempo con los esquemas autoritarios y aislacionistas del primer franquismo.

Los propios tecnócratas eran conscientes de la contradicción. Laureano López Rodó —el más político de ellos, encargado de los Planes de Desarrollo— defendía abiertamente que la modernización económica conduciría, a medio plazo, a una “democracia orgánica” más liberal. Otros, como Navarro Rubio y Ullastres, eran más pragmáticos: hacían lo que había que hacer para salvar al régimen, sin pretensiones políticas mayores. Pero el resultado fue idéntico. Cuando Franco murió en noviembre de 1975, España era una de las diez economías más grandes del mundo y la sexta de Europa Occidental. La Transición se hizo en condiciones de prosperidad económica. Sin el Plan de Estabilización, esa transición probablemente habría sido mucho más violenta y mucho menos predecible. Es el legado paradójico del decreto-ley del 21 de julio de 1959.

Preguntas frecuentes

¿Qué fue el Plan de Estabilización de 1959?

Fue el decreto-ley del 21 de julio de 1959 que liquidó la autarquía económica franquista y abrió España al mercado internacional. Estableció la devaluación de la peseta (de 42 a 60 por dólar), redujo el gasto público, liberalizó el comercio exterior, redujo aranceles y permitió la inversión extranjera. Fue el cambio de modelo económico más importante del franquismo.

¿Quiénes lo diseñaron?

Los arquitectos principales fueron los ministros Mariano Navarro Rubio (Hacienda) y Alberto Ullastres (Comercio), ambos miembros del Opus Dei, junto al equipo de tecnócratas que les rodeaba (Faustino García-Moncó, Joaquín Reig, Laureano López Rodó). Recibieron asesoramiento técnico decisivo del FMI, el Banco Mundial y la OECE.

¿Por qué fue necesario?

A principios de 1959, España estaba al borde de la suspensión de pagos internacional. Las reservas de divisas eran cero, la inflación se disparaba, el déficit de la balanza de pagos era insostenible y los precios internos llevaban un año descontrolados. Sin reformas inmediatas, el régimen no habría podido importar combustibles, alimentos básicos ni materias primas.

¿Qué consecuencias tuvo?

Permitió el "milagro económico español" de los años 60: el PIB creció al 7% anual entre 1961 y 1973, segundo mundial sólo tras Japón. Industrialización masiva, turismo, emigración rural a las ciudades, emigración exterior a Europa, urbanización acelerada, ingresos del sector exterior. Cambió la sociedad española más en quince años que en los cien anteriores.

¿Quiénes eran "los tecnócratas"?

Un grupo de altos cargos del franquismo —en su mayoría vinculados al Opus Dei— que llegaron al gobierno en 1957 y dominaron la política económica durante los siguientes quince años. Eran economistas y juristas con formación técnica internacional, partidarios del libre mercado y de la apertura al exterior, opuestos a los falangistas del primer franquismo. Sus figuras principales: Navarro Rubio, Ullastres y López Rodó.

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