Era lunes, día de mercado. El 26 de abril de 1937, durante más de tres horas, oleadas de bombarderos alemanes e italianos arrasaron una villa vasca de siete mil habitantes sin defensas antiaéreas. El bombardeo de Guernica se convirtió en el símbolo universal de la guerra contra la población civil — por el horror de aquella tarde, por la mentira que lo siguió y por el cuadro que lo hizo eterno. Esto es lo que pasó de verdad, separando la historia documentada de la propaganda de ambos lados.

El contexto: la campaña del Norte
En la primavera de 1937, la Guerra Civil se decidía en el Norte: el ejército de Franco, con el general Mola al frente, avanzaba sobre Vizcaya, corazón industrial de la República. La punta de lanza aérea era la Legión Cóndor alemana —enviada por Hitler para apoyar a los sublevados y probar en combate su nueva doctrina aérea— junto a la Aviación Legionaria italiana. Semanas antes, el 31 de marzo, habían arrasado Durango: el ensayo general que casi nadie recuerda.
Guernica no era una ciudad cualquiera: allí, bajo su roble, juraban los fueros los señores de Vizcaya desde la Edad Media. Era —y es— el símbolo de las libertades vascas. Militarmente, era un nudo de retirada con un puente, una fábrica de armas en las afueras… y ninguna defensa.
26 de abril: tres horas de fuego
A media tarde sonaron las campanas de alarma. Durante unas tres horas, bombarderos Junkers y Heinkel alemanes y Savoia italianos, en oleadas sucesivas, descargaron sobre el casco urbano bombas explosivas e incendiarias, mientras los cazas ametrallaban a baja altura los caminos de salida. El patrón se repitió hasta el anochecer; el incendio hizo el resto. Cerca del 85% de los edificios de la villa quedaron destruidos o dañados. El puente de Rentería —el supuesto objetivo militar— quedó intacto. También, en una ironía que la historia subrayó, la fábrica de armas, la Casa de Juntas y el árbol de Guernica.
¿Cuántos murieron? Es objeto de debate historiográfico serio: las cifras de la época hablaron de más de 1.600 muertos; las investigaciones modernas, contrastando registros, documentan entre 150 y 300 víctimas mortales — una matanza brutal en una villa de ese tamaño, sin necesidad de inflarla. Lo decimos con claridad porque este sitio no maquilla cifras en ninguna dirección.
La mentira: “la quemaron los rojos”
Lo que convirtió Guernica en símbolo fue también lo que vino después. La propaganda franquista negó el bombardeo y sostuvo durante décadas que la villa había sido incendiada por los propios republicanos en retirada. La mentira se desmoronó ante los testigos: el corresponsal del Times George Steer entró en Guernica esa misma noche, contó las bombas alemanas sin explotar y publicó la crónica que dio la vuelta al mundo. Los propios documentos alemanes —incluido el diario de Von Richthofen, jefe de estado mayor de la Legión Cóndor— confirmaron después la operación. Hoy ningún historiador serio discute los hechos.
Picasso: del encargo al icono
La República había encargado a Picasso un mural para su pabellón en la Exposición Internacional de París de 1937. El pintor, bloqueado, encontró su tema al leer las crónicas de Guernica: en cinco semanas pintó el lienzo en blanco, negro y gris que se convertiría en el cuadro político más famoso del siglo XX. El Guernica recorrió el mundo recaudando fondos para los refugiados, se refugió décadas en Nueva York —Picasso prohibió su regreso mientras no hubiera libertades en España— y llegó finalmente a Madrid en 1981, como símbolo de la reconciliación de la Transición. Hoy se expone en el Museo Reina Sofía.
Por qué importa Guernica
Guernica no fue el primer bombardeo sobre civiles de la guerra —Madrid y Durango lo precedieron— ni el más mortífero. Fue el que el mundo vio: el que demostró, con corresponsales y fotografías, lo que la guerra aérea moderna haría a las ciudades. Lo que se ensayó allí se perfeccionó sobre Varsovia, Londres, Dresde o Hiroshima. Por eso la villa foral vasca, reconstruida y hermanada hoy con otras ciudades mártires, sigue siendo el nombre universal de una idea: que bombardear civiles es un crimen, se haga bajo la bandera que se haga.
- Era lunes de mercado: la villa estaba llena de campesinos y refugiados.
- El supuesto objetivo militar, el puente de Rentería, quedó intacto; el casco urbano, destruido en un 85%.
- La Casa de Juntas y el árbol de Guernica, símbolos forales, sobrevivieron al fuego.
- Semanas antes, la Legión Cóndor había arrasado Durango: el ensayo que casi nadie recuerda.
- El corresponsal del Times George Steer entró esa noche y contó las bombas alemanas sin explotar: su crónica dio la vuelta al mundo.
- La propaganda franquista sostuvo durante décadas que la villa la habían quemado los republicanos.
- Picasso pintó el Guernica en cinco semanas para el pabellón de la República en París.
- El cuadro no llegó a España hasta 1981: Picasso lo prohibió mientras no hubiera libertades.
Preguntas frecuentes
La Legión Cóndor alemana, con apoyo italiano, bombardeó durante unas tres horas la villa vasca de Guernica en día de mercado, con bombas explosivas e incendiarias y ametrallamientos. Cerca del 85% de los edificios quedaron destruidos.
Las cifras de la época hablaron de más de 1.600; la investigación moderna documenta entre 150 y 300 víctimas mortales. El debate historiográfico sigue abierto, siempre dentro de ese orden de magnitud.
Aviones alemanes de la Legión Cóndor (Junkers y Heinkel) y de la Aviación Legionaria italiana, al servicio del bando sublevado en la campaña del Norte. Los documentos alemanes, incluido el diario de Von Richthofen, lo confirman.
Porque convirtió la matanza en el icono universal contra la guerra: pintado en 1937 para el pabellón republicano de París, recorrió el mundo y hoy se expone en el Museo Reina Sofía de Madrid.
No: Madrid y Durango lo precedieron en la propia Guerra Civil. Fue el que el mundo conoció con detalle gracias a los corresponsales — el que reveló lo que la guerra aérea haría a las ciudades europeas.
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Fuentes
- Xabier Irujo, El Gernika de Richthofen. Un ensayo de bombardeo de terror (Gernikako Bakearen Museoa).
- Paul Preston, La Guerra Civil española (Debate), y Herbert R. Southworth, La destrucción de Guernica (clásico sobre la propaganda).
- George L. Steer, crónica en The Times (28 de abril de 1937) y diario de Wolfram von Richthofen (fuentes primarias).