Es la única gran capital europea que no fue fundada por romanos ni tuvo catedral medieval: Madrid nació como una fortaleza árabe de frontera y dormitó durante siglos como villa modesta… hasta que un rey la señaló con el dedo en 1561 y la convirtió, casi de la nada, en la capital de un imperio mundial. Esta es la historia de Madrid: de la Mayrit del emir Muhammad a la metrópoli de hoy, pasando por los Austrias, Goya, las barricadas y la Gran Vía.

Mayrit: una atalaya del emir (c. 865)
Madrid nació musulmana. Hacia el año 865, el emir omeya Muhammad I mandó levantar una fortaleza sobre el barranco del Manzanares —donde hoy se alza el Palacio Real— para vigilar los pasos de la sierra frente a las incursiones cristianas. Se llamó Mayrit, nombre ligado a sus abundantes aguas subterráneas y arroyos (“matrices de agua”: el lema medieval presumía de “fui sobre agua edificada”). Era una medina pequeña con alcázar, murallas —aún quedan restos junto a la catedral— y campos de regadío.
En 1083-1085, en la campaña que culminó con la toma de Toledo, Alfonso VI incorporó Mayrit a Castilla sin gran resistencia. Durante los cuatro siglos siguientes, Madrid fue una villa castellana del montón — con un matiz: sus bosques de caza y su aire sano gustaban a los reyes, que empezaron a frecuentar su alcázar. Las Cortes se reunieron allí varias veces; los Reyes Católicos y Carlos V la mimaron. El escenario estaba puesto.
1561: Felipe II inventa una capital
En 1561, Felipe II trasladó la corte de Toledo a Madrid. Nunca firmó un decreto declarándola capital: simplemente se quedó, y con la corte llegó todo lo demás. ¿Por qué Madrid? Posición central en la Península, agua abundante, aire limpio, cercanía a El Escorial en construcción… y, quizá lo decisivo, que era una villa sin obispo ni nobleza fuerte: un solar vacío de poderes donde el rey no tenía que negociar con nadie.
El resultado fue una explosión: de unos 20.000 habitantes a más de 100.000 en medio siglo. El Madrid de los Austrias creció caótico y deprisa —de ahí las “casas a la malicia” que contamos en la vida en el Madrid del Siglo de Oro—, pero dejó su corazón monumental: la Plaza Mayor (1619), escenario de fiestas, corridas y autos de fe, y un hervidero de teatros, mentideros y escritores: Cervantes, Lope, Quevedo y Góngora fueron vecinos (y enemigos) en el mismo barrio, el de las Letras. Salvo el paréntesis de Valladolid (1601-1606), Madrid ya nunca soltó la capitalidad.
Los Borbones: de villa a corte ilustrada
El alcázar de los Austrias ardió en la Nochebuena de 1734, y sobre sus cenizas los Borbones levantaron el actual Palacio Real. El gran transformador fue Carlos III, “el mejor alcalde de Madrid”: alumbrado, alcantarillado, el paseo del Prado con sus fuentes (Cibeles incluida), la Puerta de Alcalá, el Jardín Botánico y el edificio que acabaría siendo el Museo del Prado. El pueblo, eso sí, le recibió con el motín de Esquilache cuando intentó recortarle capas y sombreros: Madrid ya era Madrid. Aquel mundo castizo de majos y manolas lo pintó Goya — el mismo que retrataría su noche más terrible.
El Dos de Mayo y el siglo agitado
El 2 de mayo de 1808, Madrid se levantó contra Napoleón y pagó los fusilamientos de la Moncloa: su página más heroica y el estallido de la Guerra de la Independencia. El XIX la llenó de pronunciamientos, barricadas y cafés conspiradores, pero también de ferrocarril, ensanche —el barrio de Salamanca— y agua corriente con el Canal de Isabel II. En 1910 se abrió en canal para trazar la Gran Vía, su declaración de metrópoli moderna.
Siglo XX: frente, posguerra y explosión
En la Guerra Civil, Madrid fue frente durante casi tres años: el “¡No pasarán!”, las bombas sobre la Gran Vía (“la avenida de los obuses”) y la resistencia hasta el final mismo de la guerra. La posguerra la dejó hambrienta y llena de chabolas; el desarrollismo la desbordó de emigrantes de toda España — el madrileño con abuelos de Madrid es una rareza estadística. Y a la muerte de Franco, la ciudad estalló en libertad con la Movida: de capital gris a capital de la noche europea en una década.
Qué ver hoy con ojos de historiador
La muralla árabe de la cuesta de la Vega; el Madrid de los Austrias entre la Plaza Mayor y la plaza de la Villa; el eje ilustrado del Prado; el parque del Oeste con los restos del frente de la Ciudad Universitaria; y bajo la plaza de Oriente, los cimientos del alcázar que lo empezó todo. Madrid no tiene ruinas romanas que enseñar: tiene, en cambio, mil años de capas apiladas con prisa — exactamente su carácter.
- Madrid es la única gran capital europea de fundación árabe: la Mayrit del emir Muhammad I (c. 865).
- Su lema medieval presumía de sus aguas: "Fui sobre agua edificada".
- Felipe II nunca firmó un decreto de capitalidad: simplemente instaló la corte en 1561 y se quedó.
- De ~20.000 a más de 100.000 habitantes en medio siglo: la corte lo desbordó todo.
- Cervantes, Lope, Quevedo y Góngora fueron vecinos del mismo barrio — y enemigos encarnizados.
- El alcázar de los Austrias ardió en la Nochebuena de 1734; sobre sus cenizas se alzó el Palacio Real.
- A Carlos III lo llamaron "el mejor alcalde de Madrid"... después de recibirlo con el motín de Esquilache.
- En la Guerra Civil, la Gran Vía fue apodada "la avenida de los obuses".
Preguntas frecuentes
El emir omeya Muhammad I, que hacia el año 865 levantó la fortaleza de Mayrit sobre el actual Palacio Real para vigilar los pasos de la sierra. Es la única gran capital europea de origen árabe.
Desde 1561, cuando Felipe II trasladó la corte desde Toledo — sin decreto formal. Salvo el paréntesis de Valladolid (1601-1606), no ha dejado de serlo.
Por su posición central, sus aguas y su cercanía a El Escorial, pero sobre todo porque era una villa sin obispo ni grandes poderes: un solar libre donde instalar la corte sin negociar con nadie.
Procede del árabe Mayrit, un nombre vinculado a la abundancia de aguas subterráneas y canales (matrices de agua) del emplazamiento original.
De Mayrit, restos de la muralla del siglo IX junto a la catedral de la Almudena; de los Austrias, la Plaza Mayor, la plaza de la Villa y el trazado del centro histórico.
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Fuentes
- Antonio Fernández García (dir.), Historia de Madrid (Editorial Complutense).
- Pedro Montoliú, Madrid, villa y corte. Historia de una ciudad (Sílex).
- Ramón de Mesonero Romanos, El antiguo Madrid (1861, fuente clásica).